
Tenía ganas Maribel de dar por allí una vuelta y volver a ver de cerca aquel antiguo molino; o lo que queda de él. Y fuimos, fuimos esta mañana. Recorrimos sus alrededores, recordamos, comentamos…
Al volver la vista atrás
Al volver la vista atrás, una sección de Luis Hinojosa Delgado


Mis dos primeros “amores” de infancia. Entre ambas, morena una, rubia la otra, tuve que elegir constantemente. Entre la una y la otra fueron alternando mis preferencias, sin que mi temporal inclinación por Joaquina despertase jamás los celos de Tomasa, ni mi vuelta a Tomasa significase, ni mucho menos, el olvido de Joaquina.

Coincidí con él esta mañana en el autobús hacia Granada, la Alsina. Se dirigía a Elche, donde reside actualmente, tras haber pasado algunos días aquí en el pueblo. Con Antonio, algo mayor que yo, siempre he tenido una buena relación, pues, allá en Los Llanos, nuestros padres tenían hazas colindantes y en algunas ocasiones echamos buenos ratos de charla sentados en la linde.

Conservo yo, como la mayoría de ustedes, las fotografías de mi boda, fotografías ya en color en aquellos años, guardadas en un album algo estropeado por el paso del tiempo y por los repasos de mis hijos y mi nieto. Y también conservo, obsequio de un antiguo compañero, otra colección de fotografías, también en color aunque de menor tamaño, recuerdo de aquel inolvidable día. Y hay entre estas un par de ellas donde sólo se ven las mesas del salón ya preparadas con algunas cervezas y botellas de vino.

Me levanté temprano aquella mañana. Pero mucho antes lo hubiera hecho, si me lo hubieran permitido, porque yo ya llevaba un buen rato despierto. Y es que eso de ir a Alhama era para mí todo un acontecimiento. Días antes mis padres ya habían hablado de esto, yo los había oído; pero, más concretamente, la noche anterior, sentados los tres junto al fuego mientras mi hermano ya dormía en su cuna, estuvieron ultimando detalles. Y mi madre sacó algunos billetes, no sé cuánto podría ser, de entre los pliegues de las sábanas que guardaba en el armario y los entregó a mi padre, el cual los guardó en su vieja cartera que, cuidadosamente volvió a cerrar y a asegurar con su gama elástica.



