Historias de aquel verano (IV). Romances



Qué suerte, qué bendición, qué cúmulo de vivencias atesoramos quienes tenemos el privilegio de vivir junto a un río. Y no es que infravalore a quienes no lo tienen o no lo han tenido cerca, ni mucho menos.

Historias de aquel verano (III): El trillero



Se llama Luis y tiene diez años. Es el mayor de cuatro hermanos. Durante el curso ha asistido a la escuela con regularidad casi absoluta. Sus padres, aunque pobres, son conscientes de la importancia de una buena formación para sus hijos y se esfuerzan todo lo que pueden, y aun algo más, para que ellos no tengan que faltar a clase por echar una mano en casa. Ayer Luis, Paco y Antonio, los tres mayores, llegaron a casa alborozados: el maestro ya había dado vacaciones.

Historias de aquel verano (II): Los segadores



No más de media hora faltará para que el sol se oculte tras las lejanas montañas. Pero el calor sigue siendo sofocante. Tres hombres, con camisa caqui empapada de sudor, se inclinan sobre la abundante mies y, puñado a puñado, van formando paveas y dejando el rastrojo poblado de gavillas que el carro transportará hasta la era. Y que este año, que se ha presentado bueno, colmarán de grano las trojes del amo. Son Santiago, Ramón y Juan, los segadores de los ‘Ramírez’.

Historias de aquel verano (I): Las ‘arrancaoras’



Dan las cinco en el reloj de la torre de la iglesia; cinco de la madrugada. En el cielo, una luna blanca y redonda aún ilumina los campos y el pueblo, antes de ocultarse tras los olivos de Marimonta.

Historias de Bonilla “El Pecas”. II Parte



La siguiente relación de palabras, que no pretende ser completa ni exhaustiva, está encaminada, fundamentalmente, a agrupar en diferentes campos esos vocablos que hemos encontrado destacados en negrita en las lecturas anteriores; y otros, que no han tenido ocasión de aparecer, pero que formaron parte muy importante del repertorio lingüístico de las gentes de nuestro pueblo hace apenas cincuenta años.

Historias de Bonilla “El Pecas”: Un cambio irreversible



Han pasado los años; diez, exactamente. Santa Cruz ha cambiado mucho: ha cambiado el pueblo, ha cambiado la escuela… y también el trabajo en el campo. Hay ahora más maestros, pero menos alumnos.

Historias de Bonilla “El Pecas”: Las tareas del verano (y III)


Hoy toca meter paja, una faena verdaderamente desagradable. Hay que madrugar mucho porque, cuanto más calor haga, más picará el polvo pegado al cuerpo.

Historias de Bonilla “El Pecas”: Las tareas del verano (II)

 
Mucho más divertidas, aunque tengan su trabajo, son las faenas de la era. Y en estas sí que participa plenamente Bonilla. Empezando por la barcina; no es que él pueda aún cargar una gavilla en lo alto de la bestia; pero sí es capaz de descargar y, por supuesto, de liar y colocar bien los cordeles.

Historias de Bonilla “El Pecas”: Fin de curso, las tareas del verano (I)

 
El curso escolar ha llegado a su fin. No hay exámenes, no hay fiesta, no hay nada especial; simplemente, comienzan las largas vacaciones de verano, que se prolongarán hasta que pase la feria.

Historias de Bonilla “El Pecas”: Voy a pintar garbanzos


Es veintiocho de febrero. En casa de Bonilla están cenando; olla, como casi todas las noches. De fondo, la radio dando las noticias; aunque nadie pone mucha atención. El padre, algo cabizbajo, comenta que, como no llueva pronto, veremos a ver por dónde vamos a salir este año.

Historias de Bonilla “El Pecas”: Hay que comprar el aceite



La madre de Bonilla le ha dicho a su marido que hay que comprar ya el aceite. Que al bidón le queda poco y ya salen muchos turbios. Que ayer vino un camión a la plaza y mucha gente compró, pero a ella ese aceite que no sabe de dónde es no le gusta. Que su hermana Candelaria lo ha comprado ya en el molino de Zambrano y tiene este año un aceite buenísimo.