Dan las cinco en el reloj de la torre de la iglesia; cinco de la madrugada. En el cielo, una luna blanca y redonda aún ilumina los campos y el pueblo, antes de ocultarse tras los olivos de Marimonta.
Dan las cinco en el reloj de la torre de la iglesia; cinco de la madrugada. En el cielo, una luna blanca y redonda aún ilumina los campos y el pueblo, antes de ocultarse tras los olivos de Marimonta.
La siguiente relación de palabras, que no pretende ser completa ni exhaustiva, está encaminada, fundamentalmente, a agrupar en diferentes campos esos vocablos que hemos encontrado destacados en negrita en las lecturas anteriores; y otros, que no han tenido ocasión de aparecer, pero que formaron parte muy importante del repertorio lingüístico de las gentes de nuestro pueblo hace apenas cincuenta años.
Han pasado los años; diez, exactamente. Santa Cruz ha cambiado mucho: ha cambiado el pueblo, ha cambiado la escuela… y también el trabajo en el campo. Hay ahora más maestros, pero menos alumnos.
Hoy toca meter paja, una faena verdaderamente desagradable. Hay que madrugar mucho porque, cuanto más calor haga, más picará el polvo pegado al cuerpo.
Mucho más divertidas, aunque tengan su trabajo, son las faenas de la era. Y en estas sí que participa plenamente Bonilla. Empezando por la barcina; no es que él pueda aún cargar una gavilla en lo alto de la bestia; pero sí es capaz de descargar y, por supuesto, de liar y colocar bien los cordeles.
El curso escolar ha llegado a su fin. No hay exámenes, no hay fiesta, no hay nada especial; simplemente, comienzan las largas vacaciones de verano, que se prolongarán hasta que pase la feria.
Es veintiocho de febrero. En casa de Bonilla están cenando; olla, como casi todas las noches. De fondo, la radio dando las noticias; aunque nadie pone mucha atención. El padre, algo cabizbajo, comenta que, como no llueva pronto, veremos a ver por dónde vamos a salir este año.
La madre de Bonilla le ha dicho a su marido que hay que comprar ya el aceite. Que al bidón le queda poco y ya salen muchos turbios. Que ayer vino un camión a la plaza y mucha gente compró, pero a ella ese aceite que no sabe de dónde es no le gusta. Que su hermana Candelaria lo ha comprado ya en el molino de Zambrano y tiene este año un aceite buenísimo.
Como casi todos los años, dos hermosos marranos esperan ya en la zahúrda de la casa de Bonilla a que el padre de éste fije con su cuñado José el día de la matanza. Más de catorce arrobas tiene que pesar ya cada uno, según un comentario que el niño oyó a sus padres hace unos días.
Es veintidós de diciembre. El maestro ha despedido a los niños con un “feliz Navidad a todos”. Y ellos, entre empujones y algarabías, han desembocado en la plaza gritando: “vacaciones, chicharrones, vacaciones, chicharrones”.
Bonilla “El Pecas” vive en Santa Cruz, Santa Cruz del Comercio, un pequeño pueblo granadino de empinadas calles y humildes casas, que apenas alcanza el millar de habitantes.