Historias de Bonilla “El Pecas”: Navidad, “aguilando”

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    Es veintidós de diciembre. El maestro ha despedido a los niños con un “feliz Navidad a todos”. Y ellos, entre empujones y algarabías, han desembocado en la plaza gritando: “vacaciones, chicharrones, vacaciones, chicharrones”.

     A Bonilla estas fiestas navideñas le gustan a rabiar. Y las disfruta cada día y cada momento. Esas cenas especiales que su madre y su abuela preparan, el olor a mantecados y polvorones al pasar por la puerta del molino de Ortiz, el ajetreíllo de la matanza… Si no fuera porque su padre se lo lleva algunos días a la aceituna… y,

     También le gustan mucho los villancicos que en este tiempo ensayan los “tocaores”, reunidos en casa de alguno de ellos. A veces salen por la calle tocando; y en muchas casas los invitan a una copa y un mantecado, o les ofrecen un vaso de vino del terreno con una tapa de morcilla recién hecha.

     Pero hay otra cosa que todos los niños esperan ansiosos en estos días: es el “aguilando”. Bueno, el maestro les ha dicho que es aguinaldo; pero aquí nadie lo dice así.

     El primero que Bonilla ha recibido ha sido el de sus padres. Le han dado seis reales. Su madre le ha encargado una y mil veces que no vaya a perder el dinero. Entonces él ha envuelto las dos monedas en una esquina de su pañuelo de tela y ha hecho un nudo. Pero pronto tuvo que deshacerlo para envolver también la peseta que su abuela le regaló, no sin antes pedirle un abrazo muy fuerte, al que ella correspondió con un inacabable rosario de sonoros besos mientras repetía: “ay, mi niño, mi niño, mi niño…”

     El día veinticuatro, poco antes de la cena, recibieron en casa la visita de sus tíos Paco y Antonio, junto con tita Pura y tita Concha, sus respectivas esposas.

     En un momento dado, tita Pura abrió parsimoniosamente su monedero y, sacando una moneda de dos reales, se la dio a su sobrino diciendo: “toma, Gerardín (Bonilla odia que lo llamen así), pórtate bien y no lo gastes en tonterías”. El niño, tras el preceptivo y falso rechazo de la moneda, la tomó mientras articulaba unas casi imperceptibles “gracias”. Tita Concha no quiso ser menos y obsequió al sobrino con otra moneda de igual valor. Y tío Paco, siempre con el cigarro en la boca, echó mano al bolsillo diciendo: “espera, hombre, a ver si tengo yo por aquí algo”. Y, tras mucho rebuscar, pudo encontrar seis gordas y una perrilla (seis perras gordas y una perra chica). El tío Antonio también le dio una moneda de veinticinco céntimos, un real. Y Bonilla se apartó en cuanto pudo de la reunión para envolver la recaudación en su pañuelo y contar y contemplar su tesoro mientras sentía un agradable cosquilleo en su barriga y los ojillos le echaban chiribitas.

     El pañuelo de Bonilla engordó aún más: su primo Paco (que era ya un mozuelo) le dio tres reales; su vecina María, uno; Juanita le dio seis gordas, y hasta la rácana de Angustias le dio tres perrillas.

     Bonilla está que no cabe en sí de gozo. Desata y vuelve a atar el envoltorio cuarenta veces al día. ¡Más de un duro! Nunca ha tenido él tanto dinero. Pero al final, como siempre, es su madre quien acaba haciéndose cargo de él, mientras en su pañuelo sólo queda la mugre que las monedas han dejado. “Los niños no tienen que tener dinero”-dice mamá mientras recoge y cuenta. –“Ya verás cómo con esto te compro yo algo que te haga falta”.

    Vocabulario
    Aguinaldo: Regalo (especialmente, dinero) que se da en Navidad
    Duro: Cinco pesetas
    perra chica (o perrilla): Cinco céntimos de peseta.
    perra gorda (o gorda): Diez céntimos de peseta.
    Peseta: Unidad de moneda española anterior al euro.
    Real: Veinticinco céntimos de peseta
    Saltera: Dícese de la aceituna que queda suelta, lejos del olivo.

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