Espacio literario

Quien haya paseado alguna vez por las calles empedradas de Alhama de Granada en una noche tranquila de verano, cuando el eco del río Marchán se pierde entre los tajos y las campanas de Santa María apenas rompen el silencio, habrá oído hablar, sin duda, de la extraña dama que, según cuentan los más viejos, aparece ciertas noches junto a la Puerta de la Mina.

Rita Muñoz Cervantes construye en "Caminos infinitos" una reflexión íntima sobre la ausencia, la memoria y la persistencia de los sentimientos cuando el tiempo y la distancia parecen imponerse.

Un canto a la nostalgia y la amistad verdadera frente a un mundo que cambió demasiado rápido. Un brindis por los viejos tiempos, la unión y la esperanza de volver a ver sonreír a nuestra gente.

Porque el número es distancia, / y la letra es canción, / uno da forma al tiempo, / la otra, al corazón.

Había una vez un viajero que escuchó un rumor extraño, en la cima de una montaña existía un jardín donde crecían las respuestas, decían que quien encontraba el árbol concreto comprendería el sentido de la vida, el destino, el amor, la muerte y el tiempo.

Si la tristeza supiera del olvido, / del tiempo detenido entre los días, / del eco de tu voz entre las sombras / y de estas noches inertes

Bajo el título Cuentos para soñar en una noche de verano, estos tres relatos nos invitan a cruzar un umbral donde la realidad se vuelve más suave y la imaginación aprende a respirar despacio.

El petróleo ya aparcado / el coche de los domingos. / Las ropas están gastadas, / los ahorros consumidos, / la gente vive en alerta / contra las lenguas cuchillo.

Hay gestos pequeños que sostienen una vida entera sin que apenas lo notemos. El reloj de cuerda es una historia sobre el amor cuando la memoria empieza a apagarse, y sobre quienes aprenden a seguir recordando por los dos.

