Nos cuesta entender el suicidio. Y nos cuesta aún más entender que el suicida arrastre con él a personas a las que, suponemos, ama inmensamente.
A quienes padecen la terrible enfermedad del alzhéimer.
A quienes con amor los cuidan día a día.
Desecaron los cauces / de los ríos sin niños / los sedientos veranos, / las sequías de abril.
A quienes conmigo compartieron años de formación en el Seminario de Granada; a quienes a ella dedicaron su gran preparación, su esfuerzo y su tiempo: mi más entrañable recuerdo y mi inmensa gratitud.