Espacio literario
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Había una vez un pequeño valle donde vivía un rebaño muy unido. Su pastor había sido un hombre bueno, paciente y atento.

Pudiera ser que tú y yo, / en este instante breve y luminoso, / seamos más que carne y deseo, / más que historia o casualidad.

Nosotros, que escuchamos, / no podemos cerrar los ojos, / no podemos callar, / no podemos olvidar, / porque callar / es complicidad.

Se le va descubriendo poquito a poco por sus leyendas, por sus casas solariegas, por sus mazmorras, por su casa cuna, por su primer hospital de sangre, por su iglesia mantenida por familias adineradas de bien.
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