Recuerdo que durante muchos años las camas de mi casa estuvieron equipadas con dos colchones: uno de farfollas debajo y otro de lana encima.
José Antonio Moreno, “Chispas”, fue alumno mío en el alhameño colegio del Callejón. Ahora, casado con una santacruceña, somos casi vecinos en este mi pueblo natal y suyo de adopción. Es más, nos vemos con frecuencia: en los casi diarios paseos por mi “circuito urbano” suelo encontrarlo cerca de su navecilla donde siempre ha tenido gran variedad de animales.
Era, verdaderamente, el verano una estación de mucho trabajo. Me refiero al verano para las gentes del campo, en aquellos tiempos de mi infancia y juventud.

A veces he pensado que la “toquilla azul” de mis recuerdos tal vez pudo ser blanca. O verde, o amarilla, o de cualquier otro color. Pero no, parece ser que fue azul: mi hermano así la recuerda también.

Poco se parecía lo que mis ojos iban descubriendo a las idílicas imágenes infantiles de mis recuerdos.

No puedo apuntarme la originalidad de este título, se lo debo a mi compañero de tantos años en las tareas docentes, José María Fernández.

Esta mañana me atreví a aventurarme por nuevos derroteros. Y, tras dejar el coche en el taller, salí a la carretera buscando caminos y veredas.

Desde mi terraza he visto llegar el autobús del transporte escolar. Poco después, un nutrido grupo de chavales, de chicos y chicas, subían desde la plaza, cargados con pesadas mochilas, camino de casa. Una sabrosa comida, un merecido descanso… y, seguramente, un montón de deberes que les aguardan tras una intensa mañana de inacabables clases.

Se terminó la feria. El verano, oficialmente, ya ha pasado. Lejos queda la Virgen de agosto, la tramposa, y en las trojes, y en las cámaras, poco queda del grano recogido. Quién diría que hace poco apenas se podía uno rebullir por aquí y que mi cama era una manta sobre el trigo en la cámara grande.

Muchos recordaréis, si tenéis cierta edad, aquellos tiempos en que a los cumpleaños apenas se les echaba cuentas, pasaban sin pena ni gloria.

A quienes un día tuvieron que abandonar la tierra que les vio nacer, pero nunca pudieron, ni quisieron, sacarla de su corazón.