
Caminar junto a ti fue el mejor don que pudo darme el cielo. Riquezas, ni me dio ni nunca le pedí.
Este año, Señora, me quedé esperando en mi ventana. Esperando tu paso, como todos los años.
En su borriquilla, con sandalias de goma, pantaloncillo corto, y sombrero de paja va dejando el pueblo atrás.