
Como en los tiempos de que hablamos el que tenía cabra bebía leche y el que no se quedaba con la gana, mucha gente tenía una y algunos dos o más.

O Cele, que tanto monta; y, además, era como lo llamaban los suyos y los demás. Celedonio vivía en Los Corralones. Lo de corralones viene del pasado. Al parecer, esa zona periférica del pueblo estaba acotada en grandes espacios donde se encerraba ganado de toda clase; pero, poco a poco, al lado de los corralones fueron surgiendo pequeños habitáculos que los mismos pastores y guardianes se hacían y así nació una calle de viviendas tan endebles que los fuertes terremotos del 1884 redujeron a escombros. Después de la catástrofe, la caridad pública construyó una fila de casitas y la calle fue bautizada con el nombre de Regino Martínez, aunque la gente continuó –y continúa– llamándola Los Corralones.