
El culto e ilustre personaje Andrés Navagero, hábil político y embajador de la Serenísima República de Venecia, que vivió en Granada en 1526, hubo de visitar Alhama, de la que habla en sus escritos destacándola por sus hermosos y saludables baños.


Fantástico y heroico caballero de leyenda que descolló en Alhama, que Inocente García Carrillo, partiendo del “Libro de los repartimientos”, confirma que, entre otras propiedades, tuvo la del Molino Mochón, en “El Vadillo” alhameño. Fue el que llevó a cabo, partiendo de Alhama, la histórica aventura de colocar las palabras “Ave María” en la puerta de la mismísima mezquita mayor de Granada.

Somos descendientes de los que ganaron aquella guerra. Hemos permanecido en este lugar y narrado su historia desde crónicas cristinas durante siglos. Pocas han sido las excepciones a esta realidad, entre estas está el relato que nos ofreció, finalizando el siglo XIX, un gran orientalista, catedrático de la Universidad de Granada, que lo hizo desde crónicas musulmanas, Leopoldo de Eguílaz Yanguas.