Antonio Ramos "El Chino", el alhameño que reinó sobre el cine en Shanghái, vuelve a las páginas de la prensa provincial

Nuevas investigaciones rescatan la figura de este alhameño que, desde una tetería de Shanghái, llegó a levantar siete salas de cine, produjo las primeras películas chinas y regresó a Madrid para inaugurar el histórico Teatro Rialto de la Gran Vía.

 A este Antonio Ramos Espejo, por razones obvias, le apodaron "El Chino", algo que no viene bien para no confundirlo con nuestro otro paisano periodista, de igual nombre y apellidos, que dirigiera el Diario de Córdoba y El Correo de Andalucía— vuelve a ser noticia. IDEAL le dedicaba este martes una página completa recordando su hazaña: la de aquel alhameño que, tras servir como soldado en Filipinas, recaló en Shanghái en 1907 y acabó levantando siete salas de cine, produciendo las primeras películas para el público chino y regresando a España para inaugurar el mítico Teatro Rialto de la Gran Vía madrileña.

 No es la primera vez que desde estas páginas rescatamos su figura. Ya en 2011 le dedicamos un reportaje "El Chino", un alhameño de cine, y en 2014 recogimos tanto la conferencia que se le dedicó en el pueblo como el artículo "Antonio Ramos Espejo, emperador del cine chino". En 2017 nos hicimos también eco del reportaje de Granada Hoy "El emperador de la dinastía cinematográfica en Shanghái". Ahora, casi una década después, la prensa granadina vuelve a poner en valor a este pionero alhameño indomable, gracias a las investigaciones del arquitecto Álvaro Leonardo.

El soñador de Alhama que inventó el cine en China

Pioneros. Tesis doctorales y artículos rescatan la figura de Antonio Ramos, que tuvo siete salas de exhibición en Shanghái y que produjo películas

JORGE PASTOR, Cultura, martes 01.09.26 — IDEAL

 Será por el agua de Sierra Nevada o por algún extraño sortilegio, pero siempre encontrará a algún granadino "perdido" por el mundo haciendo cosas singulares. Como en la lejana Shanghái de 1907. Allí, en un país inmerso en una crisis con gran proyección, hallamos a un señor de Alhama de Granada que está considerado el introductor del cine en China. Su figura ha sido sujeto de algunas investigaciones como las efectuadas por el arquitecto Álvaro Leonardo, que llegó a Ramos gracias a su tesis sobre Abelardo la Fuente y al que se ha dedicado algunos artículos.

 Antonio Ramos, que estuvo destinado como militar en Filipinas justo cuando España perdió su soberanía sobre el archipiélago, en 1898, emigró de Manila a Shanghái «porque era la ciudad del futuro». Y lo hizo con el equipaje justo y una máquina reproductora de imágenes que había conseguido en Manila. En Shanghái, en 1907, comenzó una fulgurante carrera como exhibidor cinematográfico que culminó en Madrid en 1931 con la inauguración del Teatro Rialto en la misma Gran Vía.

 Pero volvamos a los inicios de Ramos en Shanghái. Según Álvaro Leonardo, «comenzó proyectando películas mudas muy rudimentarias en teterías de la Concesión Británica, donde la población local pagaba entradas para ver lo que consideraban sombras en la pared». Pero lo que Ramos vio no era rentable ni escaso. Así que decidió el éxito, rehabilitó un local con la ayuda de un personaje imprescindible para entender su vida, obra y milagros, el arquitecto Abelardo de la Fuente. Y así fue como abrió el primer cine de Shanghái y posiblemente el primero de China. «Las crónicas de la época dicen que era una sala tan rústica que ni siquiera estaba pavimentada, por lo que Ramos tuvo que colocar suelo, unos bancos y adecuar una pared blanca».

 Fue un pelotazo. Con los años, Ramos construyó y operó un circuito de siete salas estratégicamente situadas por todo Shanghái —el sector británico, el americano y en los límites del francés—. Entre ellos, el Victoria Cinema, a unos ochocientos metros del Hongkew. Tenía capacidad para trescientos espectadores. Aunque la joya de la corona era el Olympic Cinema, que se localizaba en una de las principales avenidas de la Concesión Británica, por la que circulaba el tranvía. Tenía capacidad para cuatrocientas butacas y sus interiores fueron diseñados con esmero y un llamativo estilo neoárabe, en clara evocación a sus orígenes. Disponía incluso de un foso para una orquesta que musicalizara en vivo las historias que aparecían en diálogos hablados —si escritos— en la gran pantalla.

 Pero la incursión de Ramos en el séptimo arte y su compromiso con China no quedó solo ahí, sino que también fue el promotor de las primeras producciones chinas. Para ello contactó a actores de aquel país y dispuso sus propios hangares para llevar a cabo los rodajes. Gracias a este esfuerzo independiente y autofinanciado, a este hombre nacido en Alhama se le reconoce formalmente como el iniciador de la industria cinematográfica en la China de Zhang Yimou, Wong Kar-wai, Jia Zhangke o Chen Kaige.

Estatua

 Donde se hallaba el Hongkew hay una estatua dedicada a don Antonio Ramos Espejo, tío, por cierto, de otro gran director del Diario de Córdoba y el Correo de Andalucía. Un periodista que creó escuela.

 Antonio Ramos se construyó un palacete como residencia de verano con columnas idénticas a las del Patio de los Leones

 Un sueño cimentado gracias al talento y los diseños de Abelardo de la Fuente, al que también encargó su residencia de verano a las afueras de Shanghái y que Ramos quería que fuera «un pedacito de la Alhambra». De la Fuente cumplió el requerimiento con un espectacular palacete con evocaciones directas al monumento nazarí. Tenía un patio andaluz de cerámica y columnas idénticas a las del Patio de los Leones de la Alhambra. El edificio fue levantado en la mitad de una gran parcela adquirida para eso, mientras que en la otra mitad se erigió el Ramos Apartments, un inmueble con distribución típicamente española.

 Antonio Ramos decidió cerrar su etapa en Shanghái en 1927, lo vendió todo y con el capital acumulado compró un terreno en la Gran Vía de Madrid para edificar el emblemático Teatro Rialto, en cuya planta superior vivió durante muchos años. Falleció en 1944.

 Se cerraba así la vida de un pionero indomable; un hombre que convirtió la utopía en arquitectura y las sombras en arte, dejando tras de sí una saga de nombres ilustres y la certeza de que, para un granadino, ningún horizonte es jamás demasiado lejano.