Antonio Machado y el amor: poemas a Leonor, de María Jesús Pérez Ortiz, la palabra que supera el tiempo

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     Se inicia en Alhama Comunicación la sección semanal “Palabra en el tiempo" a partir de este domingo.

     Fue el centenario del nacimiento, en nuestra querida Alhama, de su tío Pedro, Pedro Ortiz Ramos, insigne alhameño y una de las figuras excepcionales de la Psiquiatría española, lo que hizo posible que nos conociésemos. Una vez más Alhama, sobre la que tanto y tan acertadamente, ha escrito, fue causa y, en este caso, escenario primero donde se comenzó a darse una amistad que ha llevado a nuestras familias a sentirnos como queridos hermanos.

    Andrés García Maldonado
    Académico Correspondiente de las Reales Academias
    de Bellas Artes de Granada y Málaga

     Aquella tarde-noche de julio de 2003, en los actos municipales que se organizaron, presididos por quien actuaba, con la dignidad que le es consustancial, como alcalde accidental, Benito Vinuesa, creo que fue cuando Alhama recuperó a aquella chiquilla que, en su infancia y niñez, pasaba dichosos periodos veraniegos con su familia alhameña. Ella, por su inolvidable madre, lleva sangre de esta tierra. Fue como si de buenas a primeras, todo unos años aletargados en lo mejor de la memoria y la emoción -que en tantas ocasiones suelen ser una misma cosa- despertaran en lo mejor de su plenitud para ya no quedar jamás atrás.

     Y así, ahora vamos a tenerla semanalmente entre nosotros, en esta sección literaria que, bajo la denominación de "Palabra en el tiempo" , nos va a ofrecer su palabra escrita, la de una mujer y escritora excepcional que se siente, bien lo ha demostrado, muy alhameña y que, justo es recordarlo, que es "Premio Alhama", precisamente, por ese constante hacer, siempre que tiene la más mínima oportunidad para ello, en favor de la Alhama que le encandilaba como propia en los hermosos años de la niñez que, por lo general, no se olvidan si estuvieron llenos de ternura y, además, nos fueron gratos a nuestro modo de ver y sentir.

     "Palabra en el tiempo", artículo tras artículo, será, sin lugar a dudas, una buena muestra de los valores intelectuales, literarios y humanos de María Jesús Pérez Ortiz. Este apellido por aquel excepcional secretario general del Ayuntamiento que, desde finales del siglo XIX hasta que fue designado delegado del Gobierno en Ceuta, fue todo un ejemplo de profesional y demócrata en tiempos difíciles, al que nuestro Ayuntamiento y Patronato de Estudios Alhameños le rendían homenaje histórico hace tan sólo dos años. Así, también por esta línea materna, de "casta le vine al galgo".

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     Sobre María Jesús escribí, lo que ahora vuelvo a transcribir confirmándolo aún más con el paso de los años, los de ella porque ha seguido en esa línea ascendente, y por los míos porque valoro cada vez más la calidad humana profunda y clara, antes que cualquier otra actitud: "La mujer sencilla e ilusionada, constante y emprendedora en el hacer literario, la profesora concienzuda y preparada, la que cuenta con una sorprendente aptitud para el análisis literario y creativo, la persona consciente y participativa del mundo en el que vive, nos la encontramos en cada uno de sus artículos. Aquí, entre los mismos, en esa diversidad de temas y cuestiones, está con su exquisita capacidad y acierto para comunicarse, para acercarnos a elevados sentimientos con la inigualable grandeza de la cotidiana y noble sencillez de quien se entrega constantemente por mejorar la sociedad que nos ha tocado vivir, propagando los valores del espíritu en contraposición al diario consumismo que nos avasalla y, en tantos casos, nos esclaviza.

     María Jesús Pérez Ortiz sabe adaptarse al "medio" para que sus artículos encaje en éste y llegue a todo buen lector, y el lector pronto observará que no está ante una exposición que va a languidecer y hasta morir con esa misma publicación en un día y semana que pasa, cumpliéndose lo que se suele decir que nada hay más viejo que el periódico del día anterior. Así, estos artículos son siempre periodísticos en razón al medio en que ven la luz y conseguida obra literaria al, sin lugar a dudas, vencer del pasado del tiempo".

     María Jesús es filóloga, catedrática, escritora e investigadora. Ha desarrollado una muy variada y fecunda actividad creadora como poeta, narradora, crítica literaria y articulista, tanto en medios de comunicación regionales como nacionales.

     De su faceta investigadora y crítico-literaria destacan títulos como “Enfermedad de lo infinito y anhelo de totalidad en la poesía de Juan Ramón Jiménez” (1990), “De lo inefable místico a la creación poética: el lenguaje de los símbolos” (1991), “Cristianismo interior y humanismo en la novelística de Miguel Delibes” (1991), “Aproximación a la vida y obra de San Juan de la Cruz” (1992), la monografía “Fernando de Herrera: el Petrarca andaluz del 2º Renacimiento” (1996), “La poesía de Fray Luis de León” (2001), “Léxico marginal en Francisco de Quevedo” (2001), Técnicas narrativas y sociedad en la 2ª mitad del siglo XIX español: Doña Emilia Pardo Bazán” (2001) e “Influencias europeas en la novela de Ángel Ganivet (La conquista del reino de Maya)” (2011). Entre sus poemarios figuran “Rincones del alma” (1983), “Entre la espuma y las estrellas” (1989) y “Cancionero del mar” (2003), el que tuve el honor de presentar un día del Otoño del año que nos conocimos. Otros títulos de su autoría son: “Curso de didáctica de la literatura” (1991), el ensayo “Palabra en el tiempo. Crónica de tres décadas de esperanza” (2004), el que también tuve la enorme satisfacción de prologar y presentar; las biografías “Juanita Reina, un estilo una época” (2006) y “Dr. Pedro Ortiz Ramos. Aproximación histórica a su vida y obra” (2010) y la edición “Testimonios y Evocaciones. En el XV Aniversario de la muerte de Juanita Reina” (2014), con ilustraciones de Antonio Montiel y prólogo de Carlos Herrera.

     Ha pronunciado numerosas conferencias y comunicaciones en diversos congresos nacionales e internacionales. Está en posesión de diversos premios y ha publicado más de setecientos artículos.

     Pertenece al grupo de investigación y estudios literarios: Las tradiciones críticas del Hispanismo HUM 824 de la Universidad de Málaga.

     En la actualidad tiene pendiente la publicación de su segundo recopilatorio de artículos literarios, “Hoy es siempre todavía”, en homenaje al poeta Antonio Machado; trabaja en la redacción de su tercera biografía y realiza una importante investigación sobre las estructuras simbólicas de la colectividad, con especial interés por los textos del teatro popular.
     


    Antonio Machado y el amor: poemas a Leonor
     
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     Es tan viva, tan real, la aparición de la amada, que se convierte en una presencia verdadera, con la que el poeta puede pasear y dialogar, como ayer, por los campos de Soria: ¿No ves, Leonor, los álamos del río/ con sus ramajes yertos? /Mira el Moncayo azul y blanco; dame/tu mano y paseemos.”

    María Jesús Pérez Ortiz
    Filóloga, catedrática y escritora

     Como sentido homenaje al poeta sevillano, uno de mis ídolos literarios, quisiera recordar algunos de los poemas dedicados a Leonor, la frágil compañera con quien se casara un día en Soria. Una poesía hecha toda de ausencias y dolorosas evocaciones, de sueños de amor, como entrañada vivencia de su hondo sentir. “Se canta lo que se pierde…”, dijo un día el poeta. Y es que, Machado, que no le llegó a escribir a su mujer un solo poema en vida, desde el momento mismo en que Leonor muere, o sea cuando la presencia se convierte en ausencia, nos da como frutos líricos de su melancólica evocación, una serie de bellísimas composiciones que más tarde habrían de integrar la teoría amorosa del poeta.

     Del “principio de su ausencia”, nos queda un poema-muy breve-en el que sentimos eso que el poeta llamó “el desgarrón en las entrañas”, por la separación definitiva: “Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería. /Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar. /Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía. /Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar.”

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     Hay también un romance donde el poeta narra la muerte de la esposa a todas luces conmovedor. Libre de toda gesticulación plañidera, la contenida voz de Machado, reduce ese momento trascendental a la categoría de cotidiano y pequeño suceso, a la ruptura de “algo muy tenue” que se quiebra “con unos dedos muy finos”. Las palabras parecen moverse silenciosamente por los versos, al igual que la muerte por la casa, casi de puntillas: “Una noche de verano-/estaba abierto el balcón/y la puerta de mi casa-/la muerte en mi casa entró./ Se fue acercando a su lecho/-ni siquiera me miró-,/con unos dedos muy finos/algo muy tenue rompió. /Silenciosa y sin mirarme, /la muerte otra vez pasó/delante de mí. ¿Qué has hecho?/La muerte no respondió. /Mi niña quedó tranquila, /dolido mi corazón. /¡Ay, lo que la muerte ha roto/era un hilo entre los dos!

     El resto de los poemas dedicados a Leonor son, ronda de sueños, pura rememoración desde la desesperanza y la melancolía. Después de la muerte de su esposa, Machado se traslada de Soria a Baeza para ejercer como profesor de su instituto. Es de una gran belleza el poema en que se despide de la tierra castellana: “En la desesperanza y en la melancolía/de tu recuerdo, Soria, mi corazón se abreva. /Tierra del alma, toda, hacia la tierra mía, /por los floridos valles, mi corazón te lleva.” Su corazón vive ya solamente de la melancolía de sus recuerdos sorianos y desde la Baeza de su viudez, evoca los montes de Soria: “Allá, en tierras altas, /por donde traza el Duero/su curva de ballesta/en torno a Soria, entre plomizos cerros/y manchas de raídos encinares, /mi corazón está vagando en sueños…”

     El viaje a Baeza y la muerte de su esposa-distancia y ausencia-junto a la labor depuradora del olvido, han hecho posible el sueño de la amada y su monumento al amor. Espiritualizadas las presencias del ayer, la voz, las manos, la mujer que tanto quiso y que en vida no se cantaron, irrumpen ahora, soñadas, en un cántico de amor, con tanta fuerza de realidad vivida que al sentirlas tan verdaderas en el sueño el poeta duda si todo se lo habrá tragado la tierra: “Soñé que tú me llevabas/por una blanca vereda, /en medio del campo verde, /hacia el azul de las sierras, /hacia los montes azules, /una mañana serena. //Sentí tu mano en la mía, /tu mano de compañera, /tu voz de niña en mi oído/como una campana nueva, /como una campana virgen/de un alba de primavera. //¡Eran tu voz y tu mano, /en sueños tan verdaderas!.../Vive, esperanza, ¡quién sabe/lo que se traga la tierra!”

     Es tan viva, tan real, la aparición de la amada, que se convierte en una presencia verdadera, con la que el poeta puede pasear y dialogar, como ayer, por los campos de Soria: ¿No ves, Leonor, los álamos del río/ con sus ramajes yertos?/Mira el Moncayo azul y blanco; dame/tu mano y paseemos.”

     La sombra de Leonor sitia por todas partes. Las cosas más insignificantes se convierten en recordatorios de su ausencia como en aquel sueño dialogado: “…y aquella estrella en el azul, esposa. /Tras el Duero, la loma de Santana/se amorata en la tarde silenciosa”. Todos son recuerdos intensamente vividos, caros al corazón del poeta, así, “un viejo saco roto” que llevaba como equipaje en un viaje por tierras jienenses, es motivo para la evocación de “otro viaje/hacia las tierras del Duero”, cuando todavía era posible la “alegría/de un viajar en compañía”, la compañía de la esposa que le arrancó la muerte.




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    Filóloga, catedrática y escritora.

     
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