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Fragmentos: “Las edades de Cacín” (II)

Entre los siglos XII y XIII, podemos decir que nace el pueblo, aparece el nombre de Gassan (Cacín), que es el mismo nombre que se le da al río. 

 Proseguimos con la publicación de fragmentos representativos del libro “Las edades de Cacín”, del historiador Eusebio Pérez Gómez (con la colaboración de Miguel  Ángel Pérez Abad). 

 En esta ocasión, es el turno de la Introducción a la obra antecitada, escrita por el autor del libro, y que da amplia cuenta de lo que se halla contenido en esta exhaustiva y encomiable investigación sobre el pasado de nuestro pueblo. 

INTRODUCCIÓN

 El indagar y conocer el pasado de mi pueblo, ha sido una asignatura que he mantenido pendiente. Pero ¿qué Historia puede tener un pueblo tan pequeño como Cacín que pueda interesar? Sin embargo, mi curiosidad se despertó cuando en mi primer curso universitario, en clase, el catedrático de Prehistoria, habiendo observado mi ficha, me preguntó qué sabía del “vaso de Cacín”. Mi sorpresa fue doble: ¿cómo este profesor conocía mi pueblo? ¿Y qué era eso de “el vaso”? Lo cierto es que, a partir de aquí, se despertó mi interés por descubrir hechos del pasado, y empecé haciendo un trabajo de Antropología de la cuenca de Cacín para la asignatura de Prehistoria. Me relacioné con este profesor, Don Antonio Arribas Palau, y descubrí que estaba llevando a cabo unas prospecciones sobre tumbas megalíticas en los tajos de Cacín.

 Ahora, en mi etapa de profesor de Historia jubilado, me he interesado por la genealogía, he investigado en archivos civiles y parroquiales, buscando los ancestros más antiguos de la familia. Redactando y comentando los descubrimientos de hechos y anécdotas de abuelos, bisabuelos y tatarabuelos, he tentado los hilos del tejido histórico del pueblo. Las conversaciones que mantenemos los amigos y compañeros de la infancia suelen convertirse en un concurso donde ponemos a prueba nuestra memoria, recordando el pasado más lejano posible. Al final, concluimos que esto hay que escribirlo, que hay que hacer una Historia del pueblo…

 Y este es el reto con el que me enfrento. Según Edward Hallet Carr, la Historia no la hacen los hechos del pasado, sino que es un proceso continuo de interpretación de esos hechos, concluyendo en un diálogo entre el presente y el pasado. El panorama con el que me enfrento parece arduo y utópico. Cuento con el apoyo y colaboración de amigos cacineños; a dar el paso decisivo me estimula la cita del escritor León Tolstoi “Pinta tu pueblo y pintarás el mundo”. En este sentido, abundando en la metáfora de Tolstoi, dispongo del lienzo, el medio físico donde se encuentra el pueblo; pero faltan la pintura y los pinceles, que hay que buscar.

 Clasificamos este espacio físico por etapas históricas, o, como se titula el libro, por edades. En las edades de la vida, la evolución se concreta en estas fases sucesivas: gestación, nacimiento, niñez y madurez. Partiendo de este planteamiento, el medio físico donde se encuentra Cacín ya fue protagonista de la historia desde el Neolítico, es decir, cuando el ser humano transitaba desde la edad de piedra a la de los metales. El vaso de Cacín, hallado en una cueva de los tajos, está datado en 4.000 años a. C.  Y las necrópolis en la zona de los tajos son huellas evidentes de que aquí hubo una cultura prehistórica, de los metales, que se asentó, aprovechando la orografía y el agua que tenían al alcance.

 Más tarde, entre los siglos VIII y III a. C. la cuenca del río conformó una ruta comercial trascendental entre la costa y el interior de la vega granadina. Se intercambiaban productos manufacturados fenicios con materias primas de los nativos. Los restos arqueológicos encontrados en la Mesa de Fornes, cabecera del río Cacín, y en el Cerro de la Mora, en la desembocadura, atestiguan la relación entre ambas fortificaciones, a través de la cuenca del río, y la conexión con los fenicios de la costa malagueña (Frigiliana).

 Durante el desarrollo de las culturas íberas (Tartessos, túrdulos, bastetanos) y su romanización, pensamos que se siembra el primer germen de Cacín como hábitat.  El pequeño valle donde se encuentra era rico por su tierra y abundante agua, y ello debió propiciar el asentamiento de poderosas familias, que arrendaban la tierra en forma de latifundio. Posiblemente, fue un modelo de “Villas Romanas”, que perduró hasta la época visigoda. Naturalmente, la carencia de fuentes o documentos es una constante. Pero apoyamos esta hipótesis en dos hallazgos reveladores: las tumbas visigóticas del Turro (necrópolis de la Higuerilla), y, sobre todo, en la lápida funeraria encontrada en el casco antiguo de Cacín. Dicha lápida está escrita en un latín tardío, y su leyenda aporta datos tan interesantes como la fecha - año 709 -, y el primer nombre de un vecino de Cacín, el difunto Falidius Zoelius, persona de la corte del rey Witiza.

 Entre los siglos XII y XIII, podemos decir que nace el pueblo. En las crónicas del erudito nazarí Inb al Jatib, aparece el nombre de Gassan (Cacín), que es el mismo nombre que se le da al río. 

 Por consiguiente, durante su niñez, Cacín fue una alquería mora, nazarí que se incluía en la franja sur del “Quempe” (Temple), y que, junto con la Malahá, conformaban las dos alquerías más ricas por el agua: una daba sal; y la otra, hojas de morera para alimentar los gusanos de seda que sostenían los famosos telares granadinos. Las referencias que se hacen a la cultura mora entre la gente del pueblo, no es casual. Cualquier hallazgo o descubrimiento antiguo se asocia a los moros.

 La edad de la adolescencia le llega al pueblo a finales del siglo XV, cuando se hace cristiana la alquería. A partir de aquí, Cacín forma parte de la comarca de Alhama, perteneciendo a su jurisdicción. La documentación y fuentes serán las mismas para toda la comarca: principalmente, las Actas Capitulares del Archivo Municipal de Alhama, y la correspondencia del Conde de Tendilla. De estas fuentes, de la mano sabia del investigador e historiador Salvador Raya, descubrimos hechos fidedignos e interesantes del pasado de Cacín. Por ejemplo, en 1483, según las crónicas de Hernando del Pulgar, Fernando el Católico pernoctó en Cacín, una alquería morisca con muralla, almenas y torreón. El Conde de Tendilla, brazo derecho de los Reyes Católicos, capitán general y gobernador de Granada, tiene predilección por Cacín; y antes de que sean repartidas sus tierras entre los conquistadores de Alhama, compra, con la dote de su mujer, Cacín y sus tierras.

 En el siglo XVI, esta alquería se hace mayor de edad, pero a diferencias de otras de la misma jurisdicción, como Arenas, Jatar, Santa Cruz, va a ser propiedad de la nobleza. El Conde de Tendilla y sus descendientes, los Marqueses de Mondéjar, administrarán el municipio y sus tierras a la manera casi feudal, con un sistema arrendatario de “manos muertas”, sin poder vender ni permutar. Esta política agraria es la que va a perdurar en Cacín durante los siglos XVI, XVII y XVIII: un pueblo sin propiedad, y sometido a la voluntad de su amo. El Catastro del Marqués de Ensenada, de 1752, nos describe con detalles como era este pueblo.

 Con el siglo XIX llega el “Liberalismo”, las desamortizaciones, y una política en la que la burguesía desbanca a la nobleza. Se impone la acumulación de grandes capitales, que instauran a ricas familias en el poder. En nuestro entorno, es el ejemplo la familia de los Toledo: burgueses que se consideraban de linaje heráldico, naturales de Alhama, suman sustanciales cantidades de dinero con el que conquistan poder político, y compran tierras; entre ellas, el pueblo de Cacín y sus propiedades. Invierten y mejoran la producción, con la roturación de tierras. Cacín comienza a salir de su subdesarrollo. Las condiciones de los arrendatarios son más favorables si ponen en cultivo nuevas tierras.

 En este siglo, las noticias de la prensa, vivas y directas van sumándose a las fuentes tradicionales, e incluso, poco a poco, van desplazándolas. La tragedia del terremoto de 1884, con documentos fotográficos de los desastres, las tormentas torrenciales con víctimas, el fallecimiento del último Toledo publicado en todos los diarios granadinos, son noticias, a la vez que documentos, en los cuales nos apoyamos para desentrañar el pasado.

 Y ya entramos en la recta final, el siglo XX. Nos documentamos principalmente de la prensa, bajamos de Internet biografías de los últimos dueños de Cacín, los marqueses de Salvatierra, y confeccionamos un árbol genealógico de la familia. Hallamos en el Ministerio de Agricultura, la Consejería de Agricultura de la Junta de Andalucía, La Delegación Territorial de la Consejería de Agricultura de Granada, y, por fin, el Archivo Histórico Provincial de Granada el proceso de la venta de la finca de Cacín por los marqueses al Instituto Nacional de Colonización, y la parcelación de estas tierras y adjudicación a los colonos.

 Pero, sobre todo, nos encontramos con unas nuevas fuentes documentales, la “Historia oral” un campo nuevo de estudio, y un método diferente de recopilar datos, y, lo más complicado, interpretarlos. Preguntamos y escuchamos a las personas mayores; y, entre anécdotas que nos cuentan con un detallismo exquisito, seleccionamos aquellos hechos que hacen Historia. La imparcialidad y objetividad se pone a prueba cuando el autor es del mismo lugar. Pero no hemos renunciado a ello, acometiendo con rigor el relato de hechos todavía calientes, que forman parte de esta Historia. De esta manera, concluimos las edades de Cacín, una aproximación a la Historia de este pequeño pueblo, que estará sometida a posibles cambios, en función de nuevos descubrimientos o hechos que salgan a la luz, y de la interpretación del narrador. 

 Pensemos en los distintos enfoques que se han seguido de la Historia cuando las fuentes son cuantiosas y diversas, e incluso la incidencia que ha tenido el factor tiempo en la que se escribe. Un ejemplo clarificador los tenemos en la Historia de España: qué diferente es la que estudiamos durante la dictadura de Franco a la que conocen hoy nuestros nietos. En el caso de Cacín, las fuentes se cuentan con los dedos de la mano: a excepción del libro recopilatorio de vivencias y usos que coordinaron Agustín Galindo Hernández y Antonio Arenas Maestre, de 2006, no ha habido nada similar hasta hoy. Por ello, espero que sea un punto de partida para las venideras generaciones, que sigan descubriendo y aportando más hechos históricos, para enriquecer la Historia; o, como dice Edward H. Carr, para que podamos plantear un diálogo entre el presente y el pasado. 

 Este libro va dirigido expresamente a mis paisanos, tanto a los que han permanecido en el pueblo, como aquellos tantos que se asentaron y formaron su familia en lugares lejanos. Que les entretenga la lectura de estas páginas, y que les sirva para recordar nuestro pasado. Y que mantenga nuestros lazos de unión con el pueblo donde nacimos y crecimos.

Radio Alhama en Internet - RAi

 

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