El reto es no ser como ellos

Estamos rodeados de lo que, sin eufemismos, sin paños calientes, bastante caliente estoy yo, llamaré “hijoputas”.

 Porque agredir a un chaval, compañero de clase con discapacidad, para grabar un video “una maldad, que estoy grabando” es ser un hijoputa con toda la cuerda dada. Y para que no queden dudas aclaro, IA: Insulto general: “Es un insulto muy fuerte dirigido a una persona que se considera despreciable, malvada o molesta”. Quizás yo eliminaría lo de molesta. Molesto es un par de niños correteando y vociferando en un bar. Pero tienen todo el derecho del mundo a ser niños.

 Del mismo modo, me parece que los jueces que han absuelto a un “fumbolista” de agresión sexual, porque el testimonio de la víctima no destruye la presunción de inocencia son, no ellos, pero si la sentencia, despreciable.

 Como molesto, despreciable y malvado me parece la facilidad con la cual los prebostes de todo tipo de la vieja Ramera de Occidente, miran para otro lado cuando el pueblo palestino está siendo exterminado de todas las maneras posibles, al tiempo que hace aspavientos ante la, también evidente, agresión por parte de Rusia a Ucrania, ¿Cuántos cadáveres gazatíes valen lo que uno, ucraniano? ¿Por qué todas las facilidades y medios posibles para acoger refugiados ucranianos por parte de ayuntamientos y comunidades autónomas del PP-Vox y todas las trabas para acoger gente que no es tan blanquita ni tan rubiecita?

...no apetezco que me duerman con el coco de Rusia o, con la más reciente arma añadida al arsenal de los sustos, las inteligencias artificiales que nos van a llevar a la desaparición como especie dominarte...

 Lo del rearme, el kit de seguridad que debemos tener y el resto de la película que nos están contando a diario, es una evidente puesta en práctica, de nuevo, de la técnica del estado de shock, que tanto tiempo se lleva aplicando, con éxito, para que las élites nos controlen mediante el miedo. Por cierto, viendo el sonrojante vídeo de la comisaria europea de preparación, gestión de crisis e igualdad, Hadja Lhabib, he recordado algunas historias del genial Guillermo Brown en las que llega a la conclusión de que tienen que hacer frente a algún “enemigo” e insta a los niños del pueblo a buscar “armas” y al rato se presentan uno con un colador a modo de casco, otro con un atizador de chimenea, otro con un palo de golf… afortunadamente al final la sangre nunca llega al río. Y no solo creo, si no que estoy seguro, lo acabo de mirar, que con esta son ya tres las miradas que he dedicado al miedo. Reconozco que como género literario y cinematográfico me encanta. Pero no apetezco que me duerman con el coco de Rusia o, últimamente con la más reciente arma añadida al arsenal de los sustos, las inteligencias artificiales que nos van a llevar a la desaparición como especie dominarte de esta casa, que es de todos y que llamamos Tierra, casa que entre pocos se quieren repartir.

 Como no estoy seguro de que Jesús dijera eso de “siempre habrá pobres entre vosotros”, tampoco estoy seguro de que agregara después “e hijoputas tampoco os van faltar”.

  Y no es mucho lo que podemos hacer para salir de pobres, al menos honradamente, pero sí que podemos procurar no aumentar el mundo de los vástagos de meretriz y la mala gente. Eso sí que podemos hacerlo perfectamente y no solo es gratis, es que además es gratificante y sumamente beneficioso para la salud. Si no me creéis, que no tenéis por que hacerlo, consultar con vuestra IA favorita los beneficios de la empatía para la salud.

 No podemos salvar el mundo, pero al menos podemos salvarnos nosotros y a la gente que nos rodea, o si “salvar” suena demasiado excesivo, al menos sí hacer su vida más fácil y agradable.