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Dichos del Llano: “¡Ha parío la vaca!”

En una nueva entrega de Dichos del Llano, Juanmiguel Ortigosa rescata la entrañable figura de Eugenio Camacho, conocido como «El Sordillo del Aperaor», y una divertida anécdota que quedó para siempre en la memoria popular. A partir de aquel inocente equívoco, el autor nos lleva de los chascarrillos de nuestros pueblos a los sonados lapsus de la política y el periodismo. 

El retrato de "El Sordillo" y el ambiente del Llano 
Un personaje entrañable en la memoria costumbrista del Llano 

   El “Sordillo del Aperaor” era uno de esos personajes especialmente singulares y atípicos que se dan a menudo en nuestros pueblos. Podemos situarlo en la numerosa nómina de aquellos genuinos representantes de nuestro Llano,  que también formaron parte de nuestra idiosincrasia  y conformaron el rico anecdotario que en estos años he querido reflejar en unos relatos costumbristas y “cuasi” antropológicos de estos antepasados nuestros, como “Genaro”, “Ramusco”, “Agusto”, Juana, Victoria de “Nalgas”, “El Follero”, Evaristo, “Arento”, Follasca, “Canario” y muchos más. 

   Era “El Sordillo”, de nombre Eugenio Camacho Moreno, de la conocida saga de “Los Aperaores”, una humilde familia de la pequeña aldea y pedanía del Rincón de los Reinas. El menor de varios hermanos ( Manuel, “Antoñón”, Rafael, Mercedes,  Enrique, y él mismo). Padecía Eugenio desde el nacimiento, de una limitación auditiva casi total que a su vez lo mediatiza en su manera de comunicarse con los demás, obligándolo a expresarse de forma peculiar y como con “media lengua”, como decimos en El Llano. De ahí su alias, por el que era conocido en toda la comarca y para la posteridad, de “El Sordillo del Aperaor”. 

   Pero además, era Eugenio un personaje absolutamente entrañable, cariñoso y afable con un punto de inocencia, pero más listo que los “ratones coloraos”, sin paradoja aparente, que además tenía la extraña facultad de “leer” perfectamente los labios de su interlocutor, por lo que su limitación auditiva, no restringía su capacidad de diálogo con los demás.

La anécdota: ¡Ha "parío" la vaca! 
El ingenioso traspiés de Eugenio y el nacimiento del chascarrillo 

 Familia campesina por antonomasia, vivían de algunos modestos recursos agrícolas  propios, de bastantes jornales de temporada por cuenta ajena y de una pequeña cabaña de cabras y alguna vaca, de cuyo cuidado se ocupaba “El Sordillo” y las mujeres, su madre y su hermana Mercedes, que vendían la leche en el pueblo y elaboraban queso con los remanentes de lácteos. Y una yunta de vacas, con las que , primero el padre y luego su hermano Rafael, “El Cohillo”, daban “obradas de ariega” por cuenta ajena. Una parte sustancial de la renta dejada por las cabras y vacas, era la cría de chotos y terneros (“chirros”, en el argot local), para su venta, a una cierta edad de los chivos y becerros. 

 Sucedió, que una ventosa tarde del mes de marzo, la vaca “Consentida” parió un hermoso ternero o “chirro”, como decimos aquí y Eugenio, loco de contento, después de asistir al parto de la vaca, esperaba impaciente en la puerta del cortijo, la vuelta de su hermano “Antoñón” que regresaba de dar su jornal, para comunicarle la buena nueva. Cuando lo avista, le grita entusiasmado, todavía desde lejos: -¡Antonio, ha “parío” la vaca! A lo que su hermano, igualmente ilusionado, le responde: -¡No me digas! ¿Un “chirro? -
- ¡No!-, niega “El Sordillo”. Antoñón reincide en la pregunta: -¿Una “chirra1?. Todo jubiloso, responde un sorprendido e inocente Eugenio: -¡Sí!, ¿quién te lo ha dicho?. Y siguió con su alegría.

 ¡De traca! La anécdota fue tan sonada y simpática, que desde entonces, el lapsus o confusión  del  “Sordillo” se convirtió en referente de chascarrillos de error, confusión o traspiés, entre lo absurdo y la inocencia. Al fin y al cabo, una confusión, un lapsus inocente y sin maldad desde un bien intencionado inocente, pero sin otras connotaciones ni trascendencia.

Del chascarrillo de pueblo a los patinazos de la política 
De la inocencia del campesino a la gravedad de los lapsus políticos 

 Aún a riesgo de que alguno pregunte, como dije en mi anterior relato, aquello de: “¿Qué tienen que ver los cojones con comer trigo?”, del inefable “Canario”, yo le respondo que, no están los tiempos para desperdiciar oportunidades y pienso que hay que aprovecharlas.  Y siguiendo el lema y consejo del ínclito José María Aznar, “¡el que pueda hacer que haga!”, yo  haré lo que pueda, para demostrar a la gente, que como decía mi recordado y muy querido hermano Emiliano, “no es lo mismo que ‘se cague en Dios el cura’ a ‘que se cague el monaguillo”. 

 Y es que al fin y al cabo, la confusión del “Sordillo” fue un lapsus doméstico, que se comenta sólo en los mentideros del pueblo, sin mayor repercusión social, pero el desliz grave de un político de “alto rango”, puede llevar a todo un gobierno a la catástrofe y la ruina o si es de la oposición a olvidarse de ser alternativa de gobierno, por mucho tiempo. Y de esto hay un rico repertorio en nuestros políticos y en algún que otro plumilla de la escribanía.

 Ya en tiempos de Aznar, “consejero plenipotenciario” del PP, que en tiempos de negociación con E.T.A., se descolgaba con aquello de: “El Movimiento Vasco de Liberación”. Hoy, 20 años después de terminar con E.T.A., Pedro Sánchez es un traidor, según el PP, por hablar con “Bildu”, un grupo totalmente constitucional y democrático.
 
 Años después, M. Rajoy, se convertiría, de largo, en el campeón en “meter la gamba”, con cómicos lapsus como el de junio de 2012: -”¡Dije que bajaría los impuestos y los estoy subiendo!”. O en julio de 2015: -“¡Cuanto peor, mejor para todos y cuanto peor para todos, mejor para mí, el suyo beneficio político!”. La apoteosis del lapsus “rajoyniano”, llegó en 2016, cuando le espetaba al líder socialista: -”¡Lo que nosotros hemos hecho, cosa que no hizo usted, es engañar a la gente!”. 

 Pero quizás, aunque no tan pródigo, han sido aún más sonados los últimos sufridos por Alberto Núñez Feijoo. Éste provoca solo risa, porque no fue lapsus político, sino incultura pura y dura. Fue el día que desde el Congreso “se refirió a la distopía que escribió George Orwell en 1984”, confundiéndolo con la distopía política “1984”, que escribió y publicó este autor en 1948-49. Y ya en el paroxismo del lapsus y la confusión, cuando en mayo de 2024, exigía al presidente del gobierno desde su estrado en el Congreso de los Diputados la fulminante destitución del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, “porque había puesto los intereses de España, por encima de los intereses del partido socialista. ¿Lloramos o reímos…? 

La "debacle del oráculo": El patinazo periodístico 
La profecía fallida de Arcadi Espada y el esperpento en la prensa 

 Pero el lapsus más espectacular, aberración  informativa o “debacle del oráculo” ha sobrevenido cuando el grotesco y esperpéntico y reencarnado oráculo, Arcadi Espada, “excelsa” pluma del diario “El Mundo”, firmaba un artículo en el que daba por hecho, que la selección española había perdido la final del mundial. Pero temerariamente escrito antes de jugarse la final. Y el problema sobreviene cuando alguien por descuido o intencionadamente le da al botón de publicar y este ve la luz 24 horas después de celebrarse la final. Un día después de que el equipo de Luis de la Fuente, se proclamará campeón del mundo.

 El artículo se titula: “No todo es fútbol” y resulta que el oráculo personajillo se encontraba tan comprometido en su lucha contra el “régimen de Pedro Sánchez”, que no dudó en unir el destino y derrota de la selección, con el fracaso de las propuestas y orientaciones del gobierno socialista. En el núcleo del artículo se puede leer, desde la perspectiva de derrota augurada: “El desenlace tampoco puede sorprender al que observé el clima moral del país”,  “…dónde sólo se puede exportar la infelicidad que se vio en el césped. Ninguna selección fracasa sola. Fracasa el país que se proyectaba en ella”. La caraba del ridículo surge, cuando esta premonitora falacia, sale publicada por “el error” un misterioso interviniente, contra la voluntad del autor.

   Y va el hombre y después de este bochorno “fiasco”, ni amenaza siquiera con jubilarse de articulista. Si esto en su día se lo cuentan al inefable Rafael “El Gallo”, seguro que hubiera comentado: “¡Es que hay gente pa' to!”.

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