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Los piononos de Zafarraya

Reivindicar que el auténtico y original “pionono”, fue creado en el año de 1896, en la dulcería de Zafarraya, pese a lo que digan todas las Wikipedias e IAs del mundo.

 Desde hace ya un tiempo, se mantiene la polémica de ámbito “cuasi” extra provincial, sobre el origen del exquisito dulce denominado “Pionono”. Son famosos en toda la comarca, desde tiempo inmemorial, los suculentos y sabrosísimos “piononos” de Zafarraya, que estuvieron en plena producción en la legendaria dulcería de la calle Mentidero (hoy calle de La Paz), desde finales del siglo XIX, hasta mediados de los años setenta del pasado siglo y que regentaba el veterano  maestro dulcero Paco Quesada, de ascendencia Alhameña, al que popularmente conocemos como “Paco el Dulcero”. Antes, como veremos, ya funcionaba desde mediados de siglo, regentada por su propio padre.

El origen de una historia familiar

 Surge la polémica cuando un pastelero de Santa Fe, allá por los años de la Segunda República en España (“a toro pasado”, declaró que fue en el año de 1897), crea un dulce de características similares, pero no igual en textura ni sabor: bizcocho enrollado y crema dulce en la parte superior del pequeño cilindro. Y se le ocurre bautizarlo con el nombre de “Pionono”. Salvo que se demuestre lo contrario, creo que el nombre propuesto por el pastelero de marras se le ocurre, por la referencia a un dulce similar con esa denominación, que pudo conocer y degustar, en alguna visita a nuestro pueblo. Pues, como veremos posteriormente, es difícil que casi cien años después, lo de “pionono” tuviera la connotación inicial y de coyunturas varias que se dieron en la creación de este dulce, para que resultara en  optar por tan original nombre. Volveremos sobre esto.

 Los hechos que relato en esta historia, me los cuenta en gran parte, Conchi Quesada, biznieta del creador del  famoso “Pionono” y fundador de la popular dulcería - confitería de Zafarraya, que además regentó durante  más de medio siglo. Me decía, que la raíz paterna de su familia tiene origen en Alhama de Granada. Su bisabuelo, Gregorio Quesada Moya y su mujer, Remedios Canónigo Cuenca, son descendientes de reposteros artesanales, en su pueblo de origen. Cuando se casan, se trasladan a Zafarraya, donde fundan su dulcería. Son hijos de unos antiquísimos pasteleros de Alhama,

 Con trabajo, constancia y mucho sacrificio, van sacando adelante su iniciativa empresarial, junto a la crianza de sus hijos y pese a la escasa disponibilidad de recursos económicos. Con fe e ilusión van creando y manteniendo un variado surtido de dulces, anises, peladillas y turrones que por su peculiar calidad y exquisitez, van conquistando fama y clientes en todo El Llano de Zafarraya y comarcas limítrofes.

Gregorio Quesada y el nacimiento del pionono

 Era Gregorio Quesada un hombre piadoso y extremadamente  devoto de la Virgen María, en su advocación de la Inmaculada Concepción y bien secundado por su mujer, Remedios Canónigo. Cuando el 8 de diciembre de  1854, atendiendo a dos mil años de tradición cristiana y tras largos debates teológicos, el Papa Pío IX (Pío Nono en italiano) proclama el dogma de la Inmaculada Concepción de María, Gregorio queda impactado y profundamente agradecido al Papa, que había atendido a ese íntimo y piadoso deseo suyo.

 El Día de Navidad, 25 de diciembre de 1884, un catastrófico terremoto sacude toda la comarca de Alhama, destruyendo pueblos enteros, y derrumbando cientos de casas en muchos de ellos. En Zafarraya derrumba la iglesia del pueblo, recién construida y aún sin inaugurar para los servicios religiosos. Entre las ayudas recibidas para la reconstrucción del pueblo, figura el levantamiento de una nueva iglesia en la recién construida barriada creada para los damnificados del seísmo.

 En 1896 se terminan las obras y se inaugura el nuevo templo, que es dedicado a la advocación de la Inmaculada Concepción. Gregorio, nuestro dulcero, queda tan impactado por la decisión de la Iglesia, coincidente además con el nacimiento de su último hijo, Francisco, que decide crear un nuevo dulce en recuerdo del Papa que declaró el Dogma Mariano, Pío IX , y así nace el  denominado “pionono”. El resultado es un dulce sencillo pero sabroso y exquisito, que quiere representar la figura del popular Papa: un pequeño rectángulo de bizcocho enrollado y relleno en sus vueltas de una deliciosa crema pastelera, sazonada con almíbar y canela molida, que representa la esbozada capa papal, rematado en su parte superior con una capa de la misma crema tostada, que quiere simular el solideo (sólo Dios)  o casquete que cubre la coronilla del Sumo Pontífice, como símbolo de respeto a su figura.

La dulcería y la saga de los Quesada

 Su hijo, Francisco Quesada Canónigo, seguiría regentando la Dulcería, durante otros cincuenta años. En 1921, con 25 años, contrajo matrimonio en Zafarraya, con María Bueno Luque, de 20 años de edad. Mujer animosa y jovial, de la saga de “Los Rapios”, hija de Antonio Bueno Moreno y Josefa Luque Portillo, padres también de Antonio Bueno Luque, conocido como “Rapio El Viejo”, genial artista plástico aficionado y para mí, sin duda, el creador genuino del surrealismo, del que dio numerosas muestras en las encaladas paredes de la casa de sus padres, antes de que el mismo André Bretón, en Francia, diera las primeras muestras de ése arte. También sería con certeza, el que transmitió el arte pictórico a su sobrina - nieta, Conchi Quesada, nuestra flamante copista en el Museo del Prado y celebrada pintura y escultora.

 Antes de continuar, me gustaría contrastar una coincidencia: El nuevo maestro dulcero, Paco, cuando contrae matrimonio, fija casa y dulcería en la calle Iglesia (compatible con que fuera también, calle Mentidero, hoy, de La Paz). ¿Dónde estaba situada con anterioridad? En un pasaje de mi libro, “El Llano en la memoria”, cuento el relato oral que me transmitió mi tío Miguel (Miguel el de “Miguelico”) en el que la sitúa en los bajos del edificio que, luego, en tiempos de la dictadura de Primo de Rivera transforma en cuartel de la Guardia Civil, donde hoy se levanta el nuevo Ayuntamiento.

 Se llamaba “El Dulce Paladar” y la coincidencia en fechas de la apertura de la dulcería de Paco Quesada, en la calle Iglesia - Mentidero, me lleva a la conjetura, de que quizás fuera la de la zona del Pilar, la que regentara su padre, Gregorio Quesada, medio siglo antes. Por cierto, incluso mucho antes de que se construyera la fuente pública o Pilar, que hoy le da nombre a toda la zona. Sería interesante poderlo contrastar.

Los dulces que quedaron en la memoria

 Como decía, años después de que su padre creara el famoso “pionono”, rey indiscutible de su surtido, Paco y María siguen produciendo en su mágico obrador artesanal, las glamurosas y esponjosas tortas de bizcocho; las sabrosas herraduras, dulce de forma ovalada que utiliza los ingredientes habituales del pionono, los tacos de cena, con su lomo azucarado, y las teticas y merengues, de frágil, dulcísima y muy blanca crema de clara de huevo batida y solidificada al horno. También fabricaban las ricas y apetitosas peladillas, con base de almendra o piñones, que nos portaban a los niños; los deliciosos anises  y los suculentos y macizos turrones de miel y almendra, que no tenían parangón con cualquier otro turrón del mercado. O el que era su producto estrella para la fiesta más sonada del año Y que puntualmente llegaba a todas las casas del Llano y de gran parte de la comarca: los “perritos” de Reyes. Y es que éste es el resultado de un selecto producto artesanal, fabricado con amor, vocación y paciencia.

 Con los años, van llenando la casa de hijos y la dulcería de éxitos y clientela de toda la comarca. Y vienen al mundo niños robustos,  como Pepe Quesada, que luego casaría con Conchita Ruiz, (Cuchillona) padres de mi confidente en este relato, Conchi Quesada y niñas trabajadoras y laboriosas como María, Remedios y Enriqueta, que colaboran como una piña en la trayectoria y éxito de su modesto pero brillante obrador artesano y familiar.

 Y es de esta época, de finales de los cuarenta y hasta finales de los cincuenta, de la que los viejos que hoy frisamos entre los 70 y los 85 años, niños entonces, guardamos unos recuerdos mágicos y casi fantásticos, como los que desde un encanto diferentes, nos inspiraban los Reyes Magos de nuestra primera infancia. Aún recuerdo al Maestro Dulcero, Paco, ya con cierta edad, con su enorme gorra bilbaína, de un negro impoluto e impecable, el pelo blanco y su garrote (¿grabado quizás por su cuñado Antonio?), y dirigiendo aún la empresa familiar. Aún tuvo tiempo este hombre para ocupar la alcaldía del pueblo, durante algunos años de finales de los cuarenta. ¿Vocación política?

La magia de los piononos y los Reyes Magos

 Para los niños de nuestra época, de pocos lujos y regalos, era ilusionante poder acceder en alguna situación extraordinaria, como boda o bautizo, al mítico “pionono”, que comíamos con verdadera fruición “sin pelar” ni nada. Y ya nos provocaba el colmo de la ilusión, el poder coger un puñado de sabrosisimas peladillas de almendras, o un papelón de “recortes de dulces”, por hacerle un simple mandado a “las dulceras”, por lo que a veces,  los niños guardábamos “cola” en el colindante callejón de “Pipo”, para ser elegidos como “mandaderos”. Y ya, el deleite supremo era, si en la feria o alguna fiesta de guardar, nuestra madre compraba algún trozo grande de turrón y ya en la casa, con el cuchillo y la mano del almirez, íbamos sacando trozos que hacían las delicias de grandes y pequeños.

 Y me he guardado para el final lo que considero que era la causa de que ligáramos en nuestra magia infantil, ambas y tan distintas actividades: la dulcería y la fiesta de los Reyes Magos. Y esto era ni más ni menos que los fabulosos papeles llenos de perritos de merengue, que eran el rasgo más generalizado y típico de la Noche de Reyes. Cuando en las vísperas de la fiesta por antonomasia de los niños, veíamos los “perritos” en las estanterías, empezábamos a soñar.

El final de la dulcería y la reivindicación del pionono

 La dulcería se mantuvo activa, casi hasta finales de los setenta, cuando, muertos ya ambos progenitores, en el inicio de los sesenta y luego que el primogénito, Pepe Quesada, ya emigrante en Málaga  y las hermanas casadas y con hijos, menos remedios, deciden  suspender la actividad. Sí alguien de la familia opta por recuperar la actividad y el variado surtido de su antigua oferta, tiene el éxito asegurado. Sobre todo el mítico, original y exquisito “pionono”, lejos de los vulgares sucedáneos que hoy pretenden sustituirlo.

 Y ahora sólo espero que después de este prolijo relato, no se nos olvide el objeto de este escrito: reivindicar que el auténtico y original “pionono”, fue creado en el año de 1896, en la dulcería de Zafarraya, por su Maestro Dulcero, D. Gregorio Quesada Canónigo. Pese a lo que digan todas las Wikipedias e IAs del mundo.

¡Vivan los piononos de Zafarraya!

Juanmiguel

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