La transición política en España y en El Llano de Zafarraya. (I)

García Lorca enterrado en "una cuneta anónima" y Queipo de Llano en una iglesia.

 Decía Eladio Herranz, en la presentación en Zafarraya, de su magnífico libro "El tercer día. Caminando sobre ruedas", autobiográfico, en el que narrra su propia experiencia, de quedar parapléjico tras accidente de moto, en uno de los '"spot" de los cortos que proyectó, "que no sirve de nada adaptar la ciudad, si no hacemos lo mismo con las personas, en el proceso adaptativo". El lo explicaba y aplicaba, desde el punto de vista de la diversidad funcional, pero también desde el de otras diversidades: sexual, psíquica, de raza, de color, etc. De qué sirva eliminar barreras físicas, poner rampas y ascensores, en las calles y edificios al servicio público, promulgar leyes y normas antidiscriminatorias y que garanticen los derechos de esas personas, si a la vez no conseguimos "adaptar" la mentalidad y el comportamiento de la gente, para que las medidas den su fruto de integración, respeto y convivencia.

 Ahora quiero trasladar este razonamiento,al caso que nos ocupa y en el que habría que interpretar esta evolución desde el punto de vista político, pues  nos vamos a referir a la Transición Democrática en España, en El Llano y en nuestros pueblos y las consecuencias que haya podido tener para la calidad democrática en España, la insuficiente "adaptación" a las nuevas exigencias, de la ciudadanía soberana.

 Porque en un tiempo record, después de casi cuarenta años de inmovilismo de la dictadura, tras la muerte del dictador,  cambian las estructuras del estado, se proclama rey y Jefe del Estado a Juan Carlos que, nombra presidente del gobierno, a Adolfo Suárez, un político del régimen anterior, con supuesta vocación democrática y se produce de forma rápida en el tiempo, lo que, remedando a Eladio Herranz, llamaríamos el proceso de "adaptación" de las estructuras del estado a la nueva democracia naciente: se legalizan los partidos políticos (incluído el partido comunista) y sindicatos libres y de clase, se disuelven las Cortes franquistas y se celebran las primeras elecciones generales, en junio de 1977. Al año siguiente, octubre de 1978, se redacta, proclama y aprueba en referéndum, la Constitución que regula y consagra todos los derechos y obligaciones de los españoles.

 Utilizando el símil de Eladio, con la Transición y la llegada de la democracia, se adecúan y "adaptan" todas las instituciones y poderes del estado a la nueva realidad democrática, así: legislativo, ejecutivo, judicial, militar y de orden publico, pero quizás aquí también nos olvidamos de adecuar y "adaptar" (formar y educar) a los ciudadanos para su participación en la vida democrática y ser realmente el ente y agente transformador y activo del principio democrático que propone que, "la soberanía reside en el pueblo". Es decir, capacitarlos y empoderarlos, para ser los verdaderos protagonistas de las evoluciones y transformaciones democráticas.

 Todos acuerdos y pactos de la Transición, incluídos los reconocidos y celebrados "Pactos de la Moncloa", que buscando un deseado acuerdo, tanto significaron de renuncia y sacrificio propio, pero que de forma involuntaria  o deliberadamente, olvidaron crear un principio de "formación ciudadana permanente", o que consideraran oportuno la "despolitización de las masas" que lamentablemente quisieron confundir con las prácticas de proselitismo dogmático. Al fin y al cabo, quizás muchos pensaron que las "masas politizadas son mucho más difíciles de gobernar. (Pero también de engañar, añado yo). Quizás les sobrevino el recuerdo de la situación de pre-guerra, quizás también que se gobierna más fácilmente a  una ciudadanía menos politizada y más sumisa, aunque se corra el riesgo de que, en el tránsito, deje de ejercer como "ciudadanía" y se conviertan en "súbditos". Y quizás sea esa pérdida de la calidad de ciudadanos, la que nos haya llevado a esta situación de desencanto, descontento y deterioro democrático que ahora padecemos. Porque sólo la acción de una ciudadanía soberana y empoderada con una buena  formación política y democrática, ejercida mediante su voto, participación y movilización, puede ser garantía de una buena salud de las libertades y la democracia. Podemos estar seguros de que con una ciudadanía así empoderada hubieran sido imposibles los episodios de corrupción institucional, sea del color que sea, las sentencias injustas a veces de los jueces, rayando la prevaricación, o los fraudes permanentes de incumplimiento de programas electorales o el que después de veinte años de que se promulgara la ley de memoria histórica, García Lorca siga enterrado en "una cuneta anónima" y Queipo de Llano en una iglesia.

 Con esta dotación de formación política o de "adaptación" democrática, acabaríamos de golpe con el simplismo dogmático de "los míos los buenos y los otros los malos", que sí ha tenido desde siempre consecuencias nefastas. Porque esto no es una guerra de buenos y de malos, sino una práctica o principio, donde cada uno defiende sus propuestas desde sus propias convicciones o intereses de clase y donde los ciudadanos, en el uso de su soberanía, deciden libre y conscientemente lo que juzguen más oportuno, o mejor se adecúe a sus intereses.

 Lo contrario significaría, y es mucho de lo que hoy está pasando, estar en manos (y pies) de la desinformación permanente, de los continuos "fake news" de las redes y medios de comunicación o de la continuada propaganda demagógica, populista o interesada de uno u otro grupo.

 Un ciudadano con criterio político, es decir, "adaptado" y preparado para ejercer la función democrática y para ejercer su soberanía mediante el voto, reflexionaría y discerniría quién defiende mejor sus intereses y sabrá siempre adónde le interesa dirigir su voto.

 Pero esta formación y adecuación de los ciudadanos al régimen de libertades, nunca se ha producido durante el período democrático. Lo más parecido a esto, fue la creación de la asignatura de "Formación para la Ciudadania", en el contexto de la Lode, la ley de educación que sustituye a la Logse, y que con la "Ley Wert", fue eliminada y sustituida por la restituida asignatura de religión. Se podría haber reformado, recortado o ampliado contenidos, otorgarle o no, valor lectivo, pero erradicarla y sustituirla por la asignatura de religión,  unos principios que sí pertenecen al ámbito individual y privado, me parece una aberración y un intento interesado, de favorecer que los jóvenes y los hombres y mujeres del futuro, carezcan de criterios propios para ejercer con objetividad su soberanía en el voto y en tantos eventos y situaciones de la vida. Sin ese criterio, formación y adecuación, difícilmente podrán ejercer su libertad y su soberanía, por lo que se deteriorará la democracia y la vida pública que, permitirá los políticos corruptos, los jueces prevaricadores o los militares golpistas.

 Cada vez que desde nuestra desinformación y apatía democrática digamos: "todos los políticos son iguales" o "yo paso de política", tal vez estemos inflándole la barriga y el bolsillo a aquellos que tienen unos intereses muy diferentes a los nuestros.

 Cuánta razón tenía Eladio Herranz, cuando afirmaba en su charla, refiriéndose al impacto del hecho de la diversidad que, "de nada sirve que se adapten las ciudades si no adecuamos también a los ciudadanos"..

Juanmiguel, Zafarraya.

Todos los gobiernos que ha habido en España desde la Transición

1. Adolfo Suárez González (UCD)
Gobierno 1: 5 de julio de 1976 – 3 de julio de 1977
Gobierno 2: 3 de julio de 1977 – 3 de abril de 1979
Gobierno 3: 3 de abril de 1979 – 27 de febrero de 1981
Dimite en enero de 1981, poco antes del intento de golpe de Estado del 23-F.

2. Leopoldo Calvo-Sotelo Bustelo (UCD)
Gobierno 4: 27 de febrero de 1981 – 2 de diciembre de 1982.
Llegó tras la dimisión de Suárez, en plena crisis política.

3. Felipe González Márquez (PSOE)
Gobierno 5: 2 de diciembre de 1982 – 26 de julio de 1986.
Gobierno 6: 26 de julio de 1986 – 7 de diciembre de 1989.
Gobierno 7: 7 de diciembre de 1989 – 13 de julio de 1993.
Gobierno 8: 13 de julio de 1993 – 5 de mayo de 1996.

4. José María Aznar López (PP)
Gobierno 9: 5 de mayo de 1996 – 28 de abril de 2000.
Gobierno 10: 28 de abril de 2000 – 17 de abril de 2004.

5. José Luis Rodríguez Zapatero (PSOE)
Gobierno 11: 17 de abril de 2004 – 17 de abril de 2008.
Gobierno 12: 17 de abril de 2008 – 21 de diciembre de 2011.

6. Mariano Rajoy Brey (PP)
Gobierno 13: 21 de diciembre de 2011 – 19 de julio de 2016.
Gobierno 14: 19 de julio de 2016 – 2 de junio de 2018.
Cayó tras una moción de censura (caso Gürtel).

7. Pedro Sánchez Pérez-Castejón (PSOE)
Gobierno 15: 2 de junio de 2018 – 13 de enero de 2020.
Gobierno 16: 13 de enero de 2020 – 16 de noviembre de 2023.
Gobierno 17 (actual): 16 de noviembre de 2023 – hoy (2025).

Periodo de los presidentes del Gobierno desde 1976 a 2025
- Adolfo Suárez (1976 - 1981)
- Leopoldo Calvo-Sotelo (1981 - 1982)
- Felipe González (1982 - 1996)
- José María Aznar (1996 - 2004)
- José Luis Rodríguez Zapatero (2004 - 2011)
- Mariano Rajoy (2011 - 2018)
- Pedro Sánchez (2018 - Actualidad)

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