¿ELA sí, segregación no?

“He estado totalmente involucrado en todos los procesos municipalistas que se han dado en El Llano desde la década de los setenta”.

 Cuando hace unos días escribí el relato del origen de los pueblos del Llano, hablé de un supuesto malentendido entre sus vecinos, que dura ya más de ciento ochenta años y los motivos, según lo que pude investigar, de que la convivencia no haya sido siempre la más adecuada y franca, pese a que los intereses personales de la mayoría, las relaciones familiares, profesionales, económicas, comerciales, culturales, etc., por la proximidad geográfica, permanentemente nos están abocando a ello. También analizaba que desde el origen de los primeros asentamientos de colonos en El Llano, después de la pragmática de Carlos III, autorizando la roturación de la dehesa, los problemas, intereses y objetivos eran los mismos para todos los núcleos y pueblos del Campo de Zafarraya, que se mantuvieron en su unidad de acción, unificados también administrativa y espiritualmente, desde el ayuntamiento y parroquia de Alfarnate y desde la creación del ayuntamiento independiente de Calar del Rey, formando un sólo municipio con los núcleos de Las Ventas, Pilas de Algaida y El Almendral. Así funcionaron, como un sólo municipio y embarcados en la misma lucha y con las mismas aspiraciones y proyectos: la defensa conjunta contra las demandas, presiones y acciones violentas de los vecinos de Alhama contra sus explotaciones y la consolidación de sus propiedades en la dehesa, hasta 1835, en que Ventas consigue la segregación de Calar del Rey, y su independencia municipal con ayuntamiento propio, después de una serie de sucesos que se dieron entre la administración del estado y el último Administrador Real de la Dehesa, don José del Castillo y Montaner, que terminó con la destitución por parte de la corona, de dicho administrador, como nos informa tan detalladamente del personaje, nuestro amigo Juan Bueno en su libro “Historia de las calles antiguas de Ventas de Zafarraya”.

 De ahí, que no sean casuales las sospechas de que el despechado administrador, presionara y consiguiera una segregación de Ventas, que nadie reivindicaba ni reclamaba en los núcleos involucrados, que unidos, habían superado juntos hasta el traumático cambio que supondría el mudar de provincia, de Málaga a Granada, ocurrida dos años antes, en 1833. Si mayor error fue designar el nuevo municipio como Ventas de Zafarraya, en lugar de hacerlo con el más ajustado de Ventas del Llano de Zafarraya, porque resultaba largo. Esto lo aprovechó el interesado y resentido por la segregación, alcalde de Calar del Rey, para cambiar, sin encomendarse a Dios ni al diablo ni hacer los pertinentes trámites, esa denominación, por la de Zafarraya, como nombre del viejo municipio, llevando inmediatamente al malentendido, de que Ventas era de Zafarraya, como su mismo nombre proclamaba. Esto generó el lógico descontento en el nuevo municipio, que no volvió a tener relaciones de confianza con su antiguo municipio matriz, extendiéndose ese malestar y malentendido a toda su población y que aún escuece, aunque a veces ni se tiene constancia de esta supuesta ofensa.

 Hasta aquí lo que he hecho es una reflexión teórico-literaria, basada en mi información como ciudadano curioso y preocupado por nuestra historia, pero sin pretensiones de construir un documento histórico riguroso y ortodoxo, tarea que le corresponderá a nuestros amigos y compañeros, Manuel Galeote y Juan Bueno, de los que espero un pronto y documentado relato sobre el tema.

 Lo que quiero narrar a partir de ahí, pertenece ya a mi testimonio directo y a mi experiencia personal, pues como he estado totalmente involucrado en todos los procesos municipalistas que se han dado en El Llano desde la década de los setenta, y que por tanto conozco bien de primera mano, aunque precisamente por lo mismo, sé que es difícil que sea absolutamente imparcial y objetivo, en el análisis de estos sucesos, como también dirán  otros de su tiempo de   gestión y de los años de posterior lucha por la segregación y lógicamente por la misma razón: nuestro compromiso e involucración con los hechos, puede llevarnos a veces, a no ser totalmente objetivos con nuestra propia historia. 

 No obstante, he decidido realizar el análisis de los acontecimientos que se dieron en El Llano, en aquella etapa tan apasionante de nuestra historia desde 1975, hasta el final de la primera década del siglo XXI, aún a riesgo de equivocarme o de ser malinterpretado y tener alguna sorpresa desagradable. Soy consciente de que puedo meterme en algún charco, que me cueste algún dolor de cabeza, pero mi sentido de la equidad, la verdad, y la lealtad con las personas a las que considero dignas de mi confianza y amistad, nunca podré dejarlas al margen de mis compromisos.        

 Hago este preámbulo, porque conociendo algo y yo creo que bastante, de las circunstancias que se dieron, primero para la integración obligada del ayuntamiento de Ventas en el de Alhama, y luego también, cómo después de conseguida la ELA (Entidad Local Autónoma), ésta no desembocó, como ocurrió con procesos similares paralelos en otros pueblos como Fornes o Játar, con una total independencia de Ventas del ayuntamiento de Alhama, me sorprende como de un tiempo a esta parte, hay como un consenso de acuerdo mutuo de izquierda y derecha, que parecen compartir la conclusión de cargar con la responsabilidad del fracaso, al periodo de la ELA presidido por Francisco Bonilla y Valerio Cazorla, que desde su candidatura en el partido socialista, se encontraron con un inesperado frente de oposición de derecha e izquierda, aun admitiendo que cometieran también sus propios errores. Quizás el mayor, el de su ingenuidad, pensando que el objetivo de segregación era compartido por todos los estamentos del municipio matriz de Alhama y confiar en promesas a las que sólo se puede dejar de presionar para su cumplimiento, cuando se cumplen. Yo tampoco quiero culpar a nadie, pero sí quiero decir al menos, después de repasar y sopesar actuaciones y responsabilidades, que aquí sí, quizás se cumpla el refrán de: “entre todos lo mataron y él solito se murió”, porque ésa sí es una posición de salida bastante exacta, aunque después cada uno puntualice lo que crea oportuno.

 Para mí, y creo que sé de lo que hablo, hay una circunstancia común a todas las variantes de gobernabilidad local y del momento histórico: la debilidad económica y presupuestaria en las distintas épocas y fases del ayuntamiento de Ventas y de las sucesivas ELA, que llevaron primero, a la integración obligatoria con el ayuntamiento de Alhama, y luego a eternizar en el tiempo la promesa o la duda, hasta la denegación definitiva de segregación del ayuntamiento matriz y la posibilidad de creación de ayuntamiento propio.

 Es rigurosamente cierto, que el último alcalde del ayuntamiento de Ventas de Zafarraya, Antonio Castillo, mantuvo varias reuniones con la corporación de Zafarraya, buscando la integración de todos los ayuntamientos del Llano en un sólo municipio, antes que una integración obligatoria, como se dio después con Alhama, con la que había pocas cosas en común, y eso honra su memoria. Y es cierto también que, la respuesta que recibió, fue poco solidaria y menos empática que lo que demandaba, no sólo una relación de buena vecindad, sino de la oportunidad histórica que se ofrecía de constituir un solo municipio con un ayuntamiento único de todos los pueblos del Llano: “no podemos con nuestras deudas y vamos a cargar también con las de Ventas”, fue la respuesta poco solidaria del consistorio de Zafarraya. Pero la respuesta también denotaba una situación común a todos los ayuntamientos de la época y anteriores: la absoluta debilidad económica y presupuestaria de las corporaciones locales, por la mínima financiación desde los presupuestos del estado, por lo que los ayuntamientos, abandonados a su suerte, se debatían en la miseria y además con la sangrante contradicción de que castigaban con la obligada integración, a los que no tuvieran suficiente solvencia económica para subsistir solos. 

 Pero después llegó la democracia y una correcta ¿suficiente?, financiación de los municipios, aunque ésta llegó unos años después, lo que abocó a los ayuntamientos a la cruda y real responsabilidad de equilibrar los presupuestos disponiendo una carga impositiva más alta e impopular por principio, pero necesaria o bajar ésta y debilitar gravemente la capacidad económica y por ende, de gestión y prestación de servicios de los propios ayuntamientos. Agravado e incentivado por la lógica respuesta de la administración, que adjudica determinados fondos en función y correspondencia con la misma presión fiscal que el municipio impone a sus vecinos, pues no resulta de recibo no explotar los nichos de recursos propios y andar suplicando recursos ajenos. 

 Algo puedo aportar al debate de las serias dificultades de relación entre los pueblos que puede acarrear las diferencias impositivas sobre bases iguales. Intentaré ilustrarlo con varios ejemplos: desde mi experiencia, pude constatar durante años el trasiego de altas y bajas de coches en el impuesto de circulación entre ambos ayuntamientos, buscando lógicamente dónde la tasa fuese más barata. La tasa era más alta en Zafarraya y esto nos costaba críticas de los afectados. O la situación sangrante que sufrí en carne propia, cuando como concejal de Agricultura y de Obras y Servicios, decidimos asfaltar caminos rurales como el de Almendral a Ventas, por la Laguna, o el de Zafarraya a Ventas por Lucena, donde el Ayuntamiento de Ventas nunca pagó su parte proporcional de obra y como imagino que no actuó así por mala intención, deduzco que fuera por debilidad presupuestaria. Y esto mismo se sufrió en otros servicios mancomunados, como el servicio de agua potable, depuración de aguas etc. Y la oposición mientras tanto, nos asaeteaba con críticas, porque consideraban que teníamos mayor presión fiscal. Y es que ciertamente, el rigor impositivo es muy impopular y manipulable, pero realmente, es justo y necesario, porque lo que no podemos pretender es “querer teta y sopas”, como dice nuestro sabio refrán. Que cada uno se meta la mano en su pecho y analice sinceramente, si aparte de poner toda la vehemencia, ilusión y deseos en conseguir la autonomía municipal, fueron rigurosos eficaces y pragmáticos en la tarea de financiación de la hacienda local y en el difícil equilibrio de ingresos y gastos. Y luego en cualquier momento, aprender a no ser ingenuos y saber llamar “al pan pan, y al vino vino”, e intuir y expresar, cuáles son los intereses lógicos  y “legítimos” de cada pueblo y cada grupo y lógicamente los de los miembros de la corporación de Alhama, con el alcalde a la cabeza (el de ayer y el de hoy, que esto no va de tiempo ni ideologías), tienen claro que la segregación no interesa en absoluto a Alhama, que con esa medida bajaría del tramo de los cuatro mil habitantes, que les reduciría exponencialmente la financiación estatal, además de que no es baladí, disponer en el ámbito de su administración local una empresa señera en Andalucía, como es Hortoventas- Tres Marías. 

 En Zafarraya tenemos claro que el hermanamiento que propició Félix Zamora con Alhama, además de sin contenido alguno, fue un fraude por producirse con un grave contencioso de límites municipales aún sin resolver. Usurpación de territorio que se produjo, por cierto, cuando todavía formaban un único municipio, Calar del Rey (hoy Zafarraya), y Ventas de Zafarraya.

 La otra razón posible de la denegación, me la confirmaban hace tiempo los que llevaron la última parte del proceso: quizás fue la carga arrastrada por un déficit heredado de 600000 €, generado en la gestión de las viviendas de protección social y que parece que pesó lo suyo en la determinación final. Antes dije que, quizás Paco y Valerio, como otros antes, pecaron de ingenuos respecto a los intereses “legítimos” del ayuntamiento matriz, pero también con las promesas incumplidas de la administración de una ayuda especial para compensar ese déficit, que, muy al contrario, el ayuntamiento matriz invirtió en la renovación del Colegio Público Conde de Tendilla de Alhama. Quizás pecaran también de falta de rigor presupuestario en tiempos de duras dificultades económicas (aún escuece en Zafarraya el derroche económico de la ELA de Ventas, en el apoyo al participante de El Almendral en el concurso televisivo “La copla”, de Canal Sur, mientras el ayuntamiento de Zafarraya lo hacía en mucho menor cuantía, pero en lo que consideraba justo y suficiente. Aunque también es cierto, que hasta donde conozco, fueron los únicos que iniciaron contactos con sus vecinos de ayuntamiento en Zafarraya, para tratar de unificar criterios impositivos y de racionalización del gasto, en un intento serio de darle rigor a su gestión.

 También está claro que una de las razones de la tradicional debilidad endémica de la economía del ayuntamiento antes y la ELA después, de Ventas, es su menor población, que genera y recibe menos ingresos propios y de financiación por la administración, pero que sin embargo provoca los mismos gastos de mantenimiento, administración y servicios, por lo que estaría justificado el que incluso se diera una mayor presión fiscal que en Zafarraya, siendo contradictoriamente a la inversa. Quizás esto explique que aparte de la obligada solvencia económica de cada ayuntamiento, el nivel de prestaciones, proyectos realizados, y obras y servicios, sea arrolladoramente favorable a Zafarraya y explique también, porqué proyectos paralelos, como la mutua carretera de circunvalación de ambos pueblos, duerme en el cajón del olvido en el ayuntamiento de la ELA de Ventas y en Zafarraya se llevó a cabo con gran esfuerzo y apuro, en aquellos difíciles años.

 Aunque conocido por informes de la misma junta, que ni la situación económica ni poblacional de los otros candidatos, Játar y Fornes era más boyante, ¿cuál fue la causa oculta de la denegación, para que Ventas no consiguiera la segregación y ayuntamiento propio? 
    
 Porque una cosa creo que está medianamente clara: “o no están todos los que son, o no son todos los que están!”. ¿Tienen el mismo interés todos los organismos involucrados? ¿Sería oportuno contar con el apoyo de otros entes? De ahí mi pregunta del encabezamiento: para la consecución de la ELA hubo unanimidad absoluta, ¿para conseguir la autonomía total, o sea, la segregación y ayuntamiento propio, no la hay?
    
 Y quizás en todo esto radique la razón de que tengamos que exigirnos más rigor a la hora de entusiasmar a la gente con la anhelada segregación y autonomía municipal, insistiéndoles mucho en aquello de: “el que algo quiere, algo le cuesta”, porque si no, puede que sólo consigamos ahondar más en la frustración y el desconcierto.

 Por mi parte, no pierdo la esperanza de que con el tiempo, todos los pueblos del Llano, nos veamos unidos y hermanados en un sólo ayuntamiento, formando parte de un solo municipio con todos los pueblos del Llano, donde cada núcleo forme parte del mismo en igualdad de condiciones, aunque tengo muy claro que para que se dé esto, es necesario primero, que Ventas consiga su propia independencia municipal, para que con plenitud de autonomía y competencias, pueda afrontar su destino en absoluta libertad y capacidad de competencias.

Juanmiguel, Zafarraya