Carta de Rosita a su abuela Carmen

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    Epílogo para la historia de Carmen y Rafael, carta para su abuela de su nieta Rosita, a la que agradecemos que nos permita compartir estos sentimientos con todos nuestros lectores, que tan pendientes han estado de este relato que nos ha regalado Mariló.

    Reproducimos la carta tal como la escribe Rosita

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    ¡Hola yiyi, so gorda! Perooo buenooo… vaya sorpresa nos teníais guardada ¿no? Muchas gracias por este regalo que nos habéis mandado desde Villa Eternidad; vaya herencia en forma de carta nos habéis dejado. ¡Qué calladito estaba el abuelo! "El enamorado" después de pasar lo que pasó hasta se olvidaría de la carta ¡y no es para menos! Claro, es que inventarse una apendicitis en aquellos años ocupaba mucho tiempo de pensar y después organizar una boda con prisas ya para él lo de menos era la carta, ya que te tenía a ti, a su Carmela. Aunque desde tu nube lo estarás viendo todo yo te lo cuento igualmente.

     El martes 26 de septiembre recibimos una llamada en la que nos decían que tenían una carta del abuelo escrita a ti. De primeras nos quedamos incrédulos y con un poco de miedo (en los tiempos que corren pensamos que era una estafa). Pero nos quedamos alucinando, sin saber qué hacer, e imagino al abuelo muerto de risa fumando con su brazo por encima de tu hombro viendo lo que aquí abajo está pasando, ja, ja, ja, ja.

     Al día siguiente hablé con la mujer que se ha encargado de hacernos llegar la carta en mano; esa mujer se llama Mariló y ha tratado esta vuestra historia con mucho respeto, cariño y admiración del amor que os teníais el abuelo y tú. No sabes so gorda lo que tenemos que agradecerle al abuelo por su empeño y cabezonería por querer estar contigo, y a ti que en los años 40 eras una mozuela de pueblo y con muchos hermanos que cuidar el que quisieras y respetaras que hasta antepusiste casarte a renunciar al amor del abuelo.

     No fue nada fácil lo vuestro entre andar a escondidas de "mamá Carmen" y "papá Salvador" y todos los sacrificios que hicisteis pero que tan grande recompensa dio.

     Oyeeee, qué letra más bonita tenía tu Rafael y con qué arte y discreción te decía las cosas, ja, ja, ja. "Que le digas a mi hermano Paco que me busque un trabajo que la semana que viene estoy allí creo que de permiso", qué arte tenía el abuelo, se las sabía todas "el Tortas", ¿eh? Qué tierno despidiéndose en la carta "y tú Carmen, recibe el más tierno cariño de éste, tu novio que no te olvida y lo es… adiós y espérame pronto". Así es normal que estuvieras enamoraíta de él.

     Ya sabes que mi madre habló con la tita Vito y le contó, y que ella también se quedó que no se lo creía mientras que lloraba con el tito Chema. El viernes 6 de octubre montamos una merienda como tú nos montabas para recibir a Mariló, y es que todos los honores eran pocos para ella y la "pequeña amarillenta" que traía entre lágrimas. ¡Por fin llegó! Lo que más hubo fueron risas y le contamos cómo fue el abuelo, lo que te quería, y cómo fuiste tú. Mariló se quedó impactada porque sigues muy viva para nosotros.

     Los titos Paco y Miguel se partían de la risa cuando mi madre los llamó para contarles la aparición de la carta: tito Paco decía que eso era un milagro después de 74 años y de lo enamorados que estabais, y el tito Miguel soltó "ole mi padre, por sus cojones que aparecía la carta, y lo ha hecho estando ellos ya juntos." En esos días después fue llamando a las titas Carmen, Mati, Encarni y Adela, y esta misma tarde han quedado en casa de la tita Adela para merendar. ¡Seguro que no os lo habéis perdido!

     Todos se han quedado de piedra al ver la letra del abuelo de nuevo… han cogido la carta todos y ya tienen copia cada uno porque la original se queda en tu cajón. Al tito Rafael le hubiera encantado vivirlo y al tito Manolo con lo bohemio que era lo hubiera disfrutado mucho, pero ellos dos lo han visto desde arriba con vosotros. Qué pena y ojalá hubieras podido vivir el haber podido entregarte la carta a ti misma.

     So gorda, vaya coincidencia que el mismo día que os dejamos juntos sea el cumpleaños de Mariló, qué curioso…

     Fuisteis los pilares de nuestra familia, la misma que no deja de crecer con 10 hijos, 23 nietos, 23 biznietos ¡y dos biznietos más que vienen de camino!

     No he dejado de escribirte desde que te fuiste y este amor que heredé de las cartas que un muchacho militar te escribía, otra militar te sigue escribiendo, compartiendo el mismo amor por la misma mujer; él como marido y yo como tu nieta.

     Me falta hoja para escribirte, pero tú sabes que en breve te volveré a escribir, como siempre. Te quiero yaya so gorda, qué suerte tuvimos con tenerte y con mantener vivo el recuerdo del abuelo los 36 años que aguardaste viuda hasta que te fuiste.

    Tu sonrisa será siempre mi mayor recuerdo.

    Rosita (tu niña)
    Málaga, 19 de octubre de 2017


    Los hijos de Rafael y Carmen reunidos alrededor de la carta, 19 de octubre de 2017

    Texto y fotografías, Rosa María Rascado Fernández (nieta de Rafael y Carmen)

    Artículos publicados sobre este tema:

    - Una carta para la eternidad: Tras la historia de Carmen y Rafael (I)

    - Una carta para la eternidad: Tras la historia de Carmen y Rafael (II)

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    Relación de 'Caminos y gentes' publicados

     

    Caminos y gentes

    Es asombroso lo mucho que puede cambiar la impresión que se tiene de un lugar cualquiera cuando se conoce la historia, ya sea grande o pequeña, que tiene detrás. A menudo, durante nuestras rutas, nos topamos con las ruinas de un antiguo cortijo o venta de los que a priori tan sólo sabemos su nombre, y eso gracias a que lo hemos leído en un mapa de la zona. A primera vista se trata tan sólo de un montón de piedras, o en el mejor de los casos, de cuatro muros y unas vigas de madera apolilladas que a duras penas se mantienen en pie, en su lucha silenciosa para que la maleza no termine de engullirlos por completo. Yo suelo decir que a mí siempre me ha parecido que una casa abandonada es lo mismo que un perrillo sin amo; que sus paredes derruidas, los huecos de las ventanas y los tramos rotos de escaleras que ya no llevan a ninguna parte parece que están esperando a que vuelvan quienes vivieron allí una vez.


    Mariló V. Oyonarte.

     

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