Los peligrosos tornadizos cristianos y musulmanes; “Cogiste los tornadizos de Córdoba la nombrada”

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     Tornadizo en aquél tiempo, en concreto, era el que abandonaba su creencia y, con ello, la nación a la que pertenecía, y se integraba activamente en otra que, por lo general, era adversaria y hasta enemiga de la primera.

    Los peligrosos tornadizos cristianos y musulmanes;
    “Cogiste los tornadizos de Córdoba la nombrada”
    “Alhama histórica”
    Andrés García Maldonado



     Así, se daban los tornadizos musulmanes, granadinos que se habían pasado a territorios castellanos, y los cristianos que lo habían hecho a Granada.

     Estos tornadizos, en un bando u otro, eran sumamente peligrosos, pues ponían a disposición de su “nuevo señor” sus conocimientos del lugar o reino del que procedían para facilitar la mejor información a la hora de ataques y correrías.

     Una de las circunstancia que influyó para que la guerra de Granada se convirtiese en uno de los combates más reñidos de la historia y se diese con gran dureza, fue la existencia en el reino de Granada, junto a las dos capas principales de su población, vieja y nueva, autóctona y procedente de las llanuras levantinas y del bajo Guadalquivir, de otros dos grupos más enérgicos e inquietos. Como nos dice Carriazo, “el uno, de africanos venidos a tierras de Granada por espíritu religioso o por aventura, para hacer la guerra santa y vivir en frontera de los cristianos; gazules y zenetes, que exacerbaban el fanatismo religioso y el espíritu de independencia. El otro, de renegados cristianos, los “elches”, mal avenidos en su tierra de origen, o que tuvieron que abandonarla huyendo de la justicia o de la Inquisición, y los prisioneros de la guerra fronteriza que preferían islamizarse, obteniendo libertad y predicamento en su patria de adopción. Entre ellos se encuentran algunas de las familias más influyentes de la monarquía nazarí, como los Venegas, de procedencia cordobesa. Fuera por miedo o por rencor, o llevados por la fe del neófito, estos antiguos cristianos constituyeron el nervio de la resistencia granadina, principalmente en Málaga y en la hora final de Granada.

      También en el campo cristiano abundaron los tránsfugas musulmanes, ya como consecuencia de las guerras civiles y de las persecuciones de un gobierno despótico, ya simplemente por codicia. Los grandes señores fronterizos mimaban a estos renegados, que les proponían golpes de mano y les guiaban por las tierras fragosas de Granada.

      Los tornadizos del marqués de Cádiz, tratados con afecto y esplendidez, explican en cierta parte los éxitos de este caudillo, el más perspicaz y afortunado, el más valeroso y el más prudente, de toda la guerra de Granada”.

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     Los tornadizos de Córdoba la nombrada, los Venegas, a los que hace referencia nuestro “¡Ay de mi Alhama!”, tenían el antecedente de retorno de Pedro de Venegas, el enamorado esposo de Cetimerien, que fue principal valedor de las ambiciones del rey Yusuf-Almaul y que, cuando este murió, vio como se le despreciaba en Granada, llamándole, el mismo nuevo rey y los Abencerrajes, por el epíteto del “renegado o tornadizo”, hasta el punto de que viéndose seriamente amenazado se refugió en Jaén, convirtiéndose nuevamente al cristianismo, dejando su familia en Granada.

     De Córdoba, siendo sus dominios la ciudad de Luque, salió, se dice que apresado siendo aún un niño, Pedro de Venegas, hijo del señor de la indicada población cordobesa, que, convertido luego al Islam y educándose en la corte nazarí, daría origen al linaje de los Venegas en el reino de Granada, “los Bannigas”, integrándose totalmente en la vida granadina.

     El último de este nuevo linaje legitimista, Abu-el-Cacim-Venegas, que colaboró con los Alamines, se entregó plenamente a la causa de Muley Hacén, siendo su primer ministro, luchando junto a éste hasta la derrota final del mismo. Varios de los descendientes que quedaron en Granada después de su caída, se convirtieron al cristianismo y formaron la celebre familia de los Venegas, la que tuvo una importante participación en la sociedad granadina de los siglos siguientes.

     No deja de ser curioso, como nos hace ver Alvarez de Morales, que entre los linajes que protagonizaron la vida política granadina, dos de ellos, los Mufarrich y los Venegas, fueran de origen cristiano. Estos Venegas, relacionados con nuestra comarca también, concretamente con Jayena, son los que recibirán el título de marqueses de Campotejar, con los señoríos de la misma Jayena y de Campotejar.

     Ya en la toma de Alhama se hace justicia con un cristiano tornadizo, tras liberarse a los cristianos que estaban cautivos, “presos en una mazmorra”, nos dice Bernáldez, “e hicieron justicia de un tornadizo que allí tomaron, elche traidor, renegado, que había hecho muchos males entrando a tierra de cristianos, como sabía la tierra”.

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     Es otro probable tornadizo quien, cuando Muley Hacén tiene puesto su primer cerco a Alhama, avisa de que llega un ejército cristiano en socorro de los defensores de nuestra ciudad. Eguílaz Yánguas, partiendo de las crónicas musulmanas, apunta esto de la siguiente forma: “...en tan comprometida situación forjaron estos la especie de que habían recibido nuevas de uno de sus parciales, morador en tierra del infiel, en que les participaba que el rey de los cristianos con un grande ejército iba en auxilio de los sitiados...”

     Para que observemos como se daban estos tornadizos en el transcurso de la misma guerra de Granada, y como cambiaban de criterio y bando, observemos este escrito de Carriazo: “fue que dos adalides tornadizos del marqués, que Valera nombra Francisco y Rodrigo, se pasaron a los moros y dieron por ardid al alcaide de Málaga que podía sacar una gran cabalgada de los campos de Utrera, Morón y Lopera, fortaleza del marqués de Cádiz. Este ardid se comunicó a otros caudillos moros, desde Málaga a Ronda, reunieron para realizarlo hasta quince jefes o cabeceras, con la orden o la anuencia del rey viejo de Granada. Juntaron una gran tropa y, en una noche de luna llena, se encaminaron a Utrera.

     Pero ocurrió que seis cristianos almogávares, entre ellos el adalid Antón Blanco, estaba sobre el camino de Málaga a Ronda, encaramados en una altura, para saltear ganados y moros sueltos. Cuando vieron la columna musulmana, comprendieron a donde se encaminaban, y dieron la alarma en la frontera”.

     Igualmente, en relación a este hecho, se da la ayuda de un renegado cristiano en favor de los musulmanes. Pí Margall nos lo narra así: “Ordenó, Muley Hacén, a los gobernadores de Málaga y Ronda, Bejir y Hamet-el-Zegrí, que dispusiesen tropas con que solar los campos del reino de Sevilla, y con tal ardor les escribió, que a pocos días cruzaban ya los dos caudillos la frontera con un ejército de cuatro mil infantes y más de mil caballos. Mas no alcanzó los frutos que esperaba: divididas las tropas árabes en tres huestes, fueron atacadas en Lopera por don Luis Portocarrero, y quedaron casi todos en el campo de batalla, pudiendo apenas escapar con vida el intrépido Hamet con menos de doscientos moros. Murió allí Bejir, y habría muerto el mismo Hamet a no ser por un renegado que, seducido por el oro, le enseñó veredas ocultas, desconocidas del ejército cristiano”.

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     También nos narra el mismo Carriazo la influencia que estos tornadizos, en este caso cristianos unidos a los musulmanes, tuvieron en algunos momentos cruciales de la guerra de Granada, como es el caso de la resistencia de la segunda ciudad en importancia de todo este reino, la de Málaga: “...Junto a los gomeres de Hamet el Zegrí, otro factor que intervino para la resistencia de Málaga, contra toda presunción y buena estrategia, fueron los cristianos renegados que vivían en la ciudad, cogidos a su opulencia. No sabemos cuántos eran, pero sí su predicamento. La figura representativa entre estos seria cierto Hazán de Santa Cruz, “que era un caballero que se había criado en Castilla y había vivido con el marqués”, como dice Bernáldez, entiéndase, el marqués de Cádiz. Ya nos saldrá al paso una y otra vez. Nadie más interesado que estos tránsfugas en que la ciudad no se entregase, porque nadie tenía más que perder. Recordemos la suerte de aquel tornadizo con el que hicieron justicia los conquistadores de Alhama: “elche traidor, renegado, que había hecho muchos males entrando a tierra de cristianos, como sabía la tierra”. A continuación recoge de Palencia, entre otras, estas palabras: “...Deseaban vivamente permanecer en aquella su fértil tierra natal; pero temían la cólera que contra ellos había concebido el poderosísimo rey don Fernando, a causa de la crueldad de los renegados, berberiscos y otros bárbaros de África que... sólo confiaban en continuar la defensa de la ciudad... A los arrojados gomeres se unieron varios renegados y conversos, condenados por apóstatas en Sevilla y en otras partes de Andalucía, hombres criminales que temían más crueles castigos si el Rey llegaba a apoderarse de la ciudad”.

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     Como así fue, pues desde la ejecución de aquél primer tornadizo que cayó en poder cristiano con la toma de Alhama, el que tanto daño había hecho a los cristianos gracias a su conocimiento de las posesiones y lugares en la frontera de ambos reinos, los renegados o tornadizos, cuando caían en poder de cristianos o musulmanes, según correspondiese, se les aplicaba la correspondiente e implacable justicia. 


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