Entregados los premios a los ganadores del LIII Certamen literario de Alhama

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     En un caldeado salón de plenos, calor del verano y calor de la gente que acudía a arropar a sus amigos y familiares premiados, tuvo lugar el acto de entrega a los galardonados de esta edición.



     Más o menos sobre la hora prevista, las ocho y media de la tarde, el pasado viernes 10 de julio el alcalde de Alhama, Jesús Ubiña, daba la bienvenida a los presentes y felicitaba a los autores premiados en este certamen que cuenta con la colaboración de la Diputación de Granada y el Ayuntamiento de Alhama y organiza la Biblioteca Municipal Inocente García Carrillo. A las palabras del alcalde siguieron las de Mari Paz García Prados, bibliotecaria y secretaria del jurado que falló el premio, para dar lectura al acta del jurado, jurado que este año estuvo compuesto por las siguientes personas:

    - Jesús Ubiña Olmos, alcalde de Alhama de Granada, como presidente.
    - Inés Guerrero Espejo, profesora de literatura en el Centro de Lenguas Modernas de la Universidad de Granada.
    - Juan Larios Larios, doctor en Historia del Arte.
    - María Isabel Grande García, profesora de E. Primaria.
    - Vanessa Ruiz Pinos, psicóloga y grafóloga.
    - Andrés Cuevas Navas, catedrático de Historia.
    - Mari Paz García Prados, bibliotecaria, en calidad de Secretaria,

    En cuanto a los premios, recayeron en los siguientes autores:

    Premio de poesía:
    - Título: Nombres para una fiesta.
    - Seudónimo: Tasio.
    - Autor: Leopoldo Espínola Guzmán.
    - Diploma de honor y 500 euros.

    Premio tema alhameño:
    - Título: Y de casualidad… me encontré contigo.
    - Seudónimo: MCV
    - Autora: María Castillo Vidal.
    - Diploma de honor y 250 euros.

    Premio comarcal juvenil:
    - Título: Donde las sombras tiemblan.
    - Autor: Juan Alfredo Martín Ochoa.
    - Diploma de Honor y 150 euros.

    Premio local infantil “Conde de Tendilla":
    - Título: El secreto de Alhama.
    - Autora: Silvia Ochoa Rodríguez. 6º Curso.
    - Diploma de Honor y 50 euros en material educativo.

    Premio local infantil “Cervantes”:
    - Título: Bruno descubre Alhama.
    - Seudónimo: La luna plateada.
    - Autora: Marta Pinos Gallego. 5º Curso.
    - Diploma de Honor y 50 euros en material educativo.

     Leída el acta los galardonados procedieron a la lectura de las obras premiadas y las palabras de despedida del alcalde pusieron fin al acto.

     Podemos dejar constancia de la calidad de las obras premiadas, en todas las categorías, obras de tema mayoritariamente alhameño, con excepción del ganador del primer premio, que aborda en su temática la siempre espinosa cuestión de la guerra civil española.


    Los premiados

    Premio de poesía: Leopoldo Espínola Guzmán.

    Premio tema alhameño: María Castillo Vidal.

    Premio comarcal juvenil: Juan Alfredo Martín Ochoa.

    Premio local infantil “Conde de Tendilla”: Silvia Ochoa Rodríguez. 6º Curso.

    Premio local infantil “Cervantes”: Marta Pinos Gallego. 5º Curso.

    Lectura de trabajos











    El primer premio; Leopoldo Espínola Guzmán, con su esposa e hija, y abajo su poema premiado

     

    NOMBRES PARA UNA FIESTA

    NADIE me contó aquel ocho de septiembre
    del año treinta y seis.

    Un fanático incendio arrasaba desde el Sur:
    costaba dos perras la vida, corroan
    fratricidas la sangre y la muerte, cotidianas,
    sin mirar la edad ni los achaques.
    El viento hostil del odio atrincherado
    en graníticas ideas hería con sus huestes esta tierra.
    Cavaban infames fosas de olvido
    la intolerancia, la venganza ...

    El cierzo en la sierra olía a techumbre de otoño,
    a buques de algodón preñados de montanera,
    a verdeo en el olivar,
    a chopo blanco de ocres salpicado.
    El rojo sol se entregaba a su lecho
    tras las sombrías llamas del cementerio.
    Desde los campanarios pregones de bronce
    llamaban a una fiesta que ardería
    con el trueno de las balas.

    Antigua rebeca de hilo traía la brisa
    calle arriba erizando el pudor, la calidez
    de las muchachas.
    Los mozos alerta -inquieta somisa temían
    frío el abrazo del miedo.

    Presentían el luto las esposas
    ateridas a la madera entreabierta y agrietada
    de los portales; la viudez
    les rondaba, silenciosa llaga, los pechos;
    la orfandad retaba el humus de sus entrañas.

    Mis antepasados me hablaron siempre
    de la fiesta: del hijo de un dios muerto,
    cadáver en los brazos de su madre
    y a la espalda alta una cruz
    que se alaba estandarte del perdón.
    Y la madre siempre avivando en su pecho
    el puñal, el dolor eterno,
    venerado símbolo que le humedece el rostro ...

    Pero no demuestra olvido
    ni la quietud de una talla; ni su llanto estéril
    puede perdonar, ni cavar la tierra ...
    Tierra que espera abierta enterrar la memoria
    que desangra el lacrimal del recuerdo,
    después de tanto tiempo ...

    Fue en el camión de un panadero:
    se llevaron a los hombres,
    los hijos, los padres ... Y ellas quedaron
    sin besos, sin abrazos,
    para siempre vacías sus miradas,
    sus ojos sin luz, lienzos de soledad,
    cuerdas de silencio,
    nudos que ataron su grito en los cuerpos.

    Corto viaje entre tapias oscuras,
    como malhechores,
    tembloroso camino de negras piedras,
    sudario de yedra, de árido musgo,
    fuente encantada y arroyo negro.
    Iba el miedo escondido en la tela blanca:
    sombras contra el muro blanco,
    nombres de cal, de cuneta nombres, nombres ...

    Rozó sus pieles el último sol, - ¡Carguen!-
    el último ocaso, -¡Apunten!-,
    el único adiós ... -¡Fuego!-
    Gritó su palabra el lenguaje del odio.

    Los fusiles blandieron su orden de pólvora y metal,
    hurtaron al espíritu sus cuerpos.

    Nada se oyó por las calles,
    solo en el viento campanas de fiesta,
    el secreto que para sí quiso el plomo
    cebando el olvido de bronce.
    ¿Cómo una simple cerilla podría incendiar un lago?
    ¿Cómo callar una fiesta que marca
    su fecha con sangre?

    Un día, alguien me habló
    del ocho de septiembre del año treinta y seis:
    son hijos, sobrinos, nietos ... aún van buscando
    en aquella sal que brotaba constante,
    en aquella mirada vacía,
    en aquel puñal de luto eterno.
    Todavía lloran - me dijo-, es esa fiesta gris,
    de dolor, de rencor y memoria,
    nombres que esperan en una fosa
    que las campanas desvelen su secreto, la injusticia,
    que vistan crespones negros, y volver,
    volver desde ignota tierra
    porque aún no han regresado al pueblo.

     

    Redacción gráfica: Prudencio Gordo.


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