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Los Bermejales, el pueblo del pantano que se resiste a desaparecer

Reproducimos, en forma de resumen, el reportaje publicado por IDEAL sobre la situación de los vecinos del poblado de Los Bermejales. Lo hacemos por su trascendencia humana y por las repercusiones que puede tener para unas familias que llevan generaciones viviendo junto al embalse y que ahora temen perder sus hogares.

Un pueblo nacido de una obra

 Entre pinos y a orillas del embalse de Los Bermejales, un grupo de vecinos defiende el lugar donde ha vivido toda la vida. El poblado se levantó en los años cincuenta para alojar a los obreros que construyeron el pantano, una infraestructura destacada en su tiempo que se inauguró en 1961. Más de veinte años después de que empezaran las primeras cartas, la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG), propietaria del terreno, sigue intentando que los residentes abandonen las viviendas, y ya ha demolido siete.

 El organismo, dependiente del Ministerio de Transición Ecológica y el Reto Demográfico, considera ocupantes sin título a una veintena de personas. Les advierte de que, si no se marchan por su propia voluntad, podrá solicitar la intervención de las fuerzas de seguridad o imponerles multas coercitivas de hasta el 5 % del valor de los inmuebles. Preguntada por el diario, la CHG responde que la situación de cada casa es distinta y que varios expedientes siguen en trámite, por lo que no puede ofrecer más detalles hasta que concluyan.

Los que quedan, y sus historias

 La mayoría de los vecinos son hijos, nietos o bisnietos de los empleados originales. De aquella primera generación solo vive Paquita García, de 92 años, nacida en Játar. Con 17 años entró a trabajar junto a su madre en la Casa de Administración del embalse, y cuando formó su familia le asignaron una vivienda. Asegura que el ingeniero responsable les prometió que las casas serían suyas para siempre, pero no conserva ningún papel que lo demuestre.

 Luis Manuel Villaverde vive el momento más delicado: la última carta de la presidenta de la CHG, Gloria Martín, le concede solo ocho días para marcharse. Su padre, encargado de la central eléctrica, falleció cuando él tenía 14 años, y la Confederación trasladó a la viuda y a los hijos a otra casa, que desde entonces mantiene la familia. Recuerda que, hace más de dos décadas, muchos mayores entregaron las llaves, y que hubo una época en que les cortaban el agua por las noches. Él se niega a irse: conserva en una carpeta toda la documentación del conflicto, tiene contratos de luz y agua a su nombre desde hace más de treinta años y pagaría el IBI si pudiera. Los tejados de uralita complican cualquier reforma por el protocolo que exige el amianto, aunque asegura que él la costearía.

 Antonio Fornieles habla también en nombre de su mujer, María Moreno, delicada de salud. La pareja reside casi todo el año en El Ejido, pero pasa temporadas en su casa de Bermejales, donde han invertido mucho dinero. Antonio recuerda que su suegro perdió casa y terreno cuando se le pidió el solar a cambio de una vivienda provisional. Han recibido una carta de desalojo que su abogado ha recurrido, y esperan una nueva que incluya a sus dos hijas, también arraigadas en el pueblo. Afirma que nunca ha visto una escritura que acredite la titularidad del suelo y critica la dejadez de la Confederación y del Ayuntamiento, al que atribuye falta de colaboración.

 Manuel Fernández Guzmán, maestro jubilado, poeta y presidente de la Agrupación Pantano Avanza, es el cronista del pueblo. El año pasado publicó Bermejales. Historia de un pueblo orillado, que recorre desde la primera referencia al embalse en el BOE, en 1932, hasta la actual lucha vecinal. Él mismo señala el solar donde estuvo su casa, y su mensaje es que quieren que lleguen familias a este entorno.

Una solución que se quedó a medias

 En 2019 pareció abrirse una vía: la CHG cedió el poblado entero al Ayuntamiento de Arenas del Rey para que este pudiera venderlo a los vecinos, ya que un organismo público no puede transmitir directamente una propiedad a un particular. Los precios se fijaban según el valor catastral, entre 8.000 y 21.000 euros por vivienda. La operación no salió adelante. Los residentes admiten que no tienen escrituras ni contrato de alquiler, pero recuerdan que han pagado casi todas las reformas y que se encargan, mediante la asociación, de limpiar y desbrozar. Se declaran dispuestos a pagar para regularizar su situación.

La Cantina, una oportunidad

 Los vecinos ven en La Cantina, el antiguo restaurante de referencia del pantano, una forma de dar nueva vida al lugar. El director técnico del embalse, Joaquín Navarro, ha indicado que la Confederación podría ceder su explotación durante un tiempo a quien costee las reparaciones. La asociación ya hace gestiones en ese sentido, pero la CHG se muestra prudente: sus informes técnicos destacan el mal estado del edificio y, por ahora, no hay prevista ninguna rehabilitación.

 Fuente: reportaje de Inés Gallastegui publicado en Ideal (Granada) el 2 de noviembre de 2026, con fotografías de Ariel C. Rojas. Puede leerse completo en: https://www.ideal.es/granada/punado-vecinos-resiste-desalojar-casas-junto-embalse-20261103234244-nt.html.

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