A Pedro Aparicio le encantó Alhama

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     Quien fuera durante dieciséis años alcalde de Málaga y tuviera tan excepcional y brillante vida política, profesional, intelectual y humana, Pedro Aparicio Sánchez, visitó Alhama, dio una conferencia en la misma, y durante muchos años, hasta su muerte, cada vez que hablaba de Alhama la recordaba como uno de los pueblos andaluces y españoles que le habían encantado en su vida.

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     Aquél 31 de enero de 1993, en el Centro Polivalente, debido  a que el ayuntamiento estaba en obras, pronunció una conferencia sobre "Municipios de Europa" con la que el Patronato de Estudios Alhameños inauguraba su "Ciclo de conferencias", quizá el más completo e interesante que ha desarrollado en toda su historia. Aquel año de 1993 fue culturalmente uno de los más destacados de toda la Historia de Alhama, con "Alhama Comarcal", el Patronato y multitud de actividades de todo tipo y orden cultural y artístico.

     Pedro Aparicio (1942-2014), siempre acompañado por el entonces alcalde de Alhama, Antonio Molina Gómez; por Andrés García Maldonado, uno de los mejores amigos de Pedro; Paco Escobedo, concejal de Cultura; Juan Cabezas, director de "Alhama Comarcal", miembros de la Corporación municipal y del patronato, y también de Nicolás Calvo Vinuesa, recorrieron la ciudad y, en especial, la ciudad árabe.

     Pedro Aparicio manifestó su interés por toda Alhama y, en especial, por la parte monumental, tuvo detalles de recuerdo para distintas personas y recibió también otros por parte del Ayuntamiento y del Patronato. Puso de manifiesto como le había sorprendido Alhama, de la que durante a tantos años venía hablándole Andrés, y, desde entonces, siempre que tenía ocasión lo hacía.

     Andrés se reunía con Pedro y éste siempre, siempre, lo primero que hacia era preguntarle: ¿Cómo está nuestra encantadora Alhama?.  Andrés con Pedro y comenzando como jefe de la oposición municipal en Málaga pronto fue persona de su confianza hasta el punto de desempeñar la alcaldía accidental malagueña, por ejemplo, durante e laño de 1981 casi tanto tiempo que el mismo alcalde titular, al ser Pedro Aparicio presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias y tener que permanecer días en Madrid o visitando otras provincias.

     Una de las última conferencias que ha dado Pedro Aparicio fue a petición de Andrés y fue éste quien lo presentó, aquí están las palabras que pronunció nuestro paisano, las que desde ayer, se vuelven a difundir por parte de distintos medios informativos malagueños.

     Por nuestra parte, no queremos olvidar como, a petición de Andrés y en nombre de "Radio Alhama", le pidió que se interesare ante la Junta de Andalucía por la injusticia que se estaba cometiendo con nuestro pueblo en relación a su emisora, tras sus  gestiones ante el consejero correspondiente, la respuesta a Andrés fue "que había hecho todo lo que estaba en su mano, pero que su mano ya tenía poco predicamento ante tanta actitud injustificable que prefería no calificar". Lógicamente, Andrés supo y sabe, a quien y a qué se refería, porque él mismo se lo concretó.

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      Presentación de Pedro Aparicio en el ateneo de Málaga con motivo de su conferencia “La influencia del camino de Santiago en la construcción de Europa”

    Por Andrés García Maldonado

     Con la mayor sinceridad, ante todo, he de decir que va ya para años que estaba al socaire de esta oportunidad. No quería conseguirla con la cautela del furtivo, pero el tiempo y las circunstancias, en estas ocasiones, son el mejor aliado del hombre y, más aún, cuando de justicia y dignidad se trata.

     Gracias, querido amigo Juan Guerrero, por como presidente de la Asociación Jacobea de Málaga, pedirme que fuese yo quien efectuase la petición de esta conferencia a Pedro y, sobre todo, por, como él diría cervantinamente, “¡No son menester ruegos adonde el mandarme tiene tanta fuerza y el realizar lo encomendado ser tan grato¡”, por darme la oportunidad de que, con el motivo de su presentación, pueda decir lo que debo y tengo que decir y reiterar una vez más, en este caso ante tan cualificado auditorio.

     En lo que a presentación se refiere, en sentido estricto, bien compartimos cuantos nos encontramos aquí, que no es menester, dado de quien se trata y es.

     De no ser así, en razón a alguna persona que ha venido de bastante lejos, no sería justo cumplir mi función haciendo únicamente referencia a su extenso e intenso curriculum universitario, científico, profesional, institucional, político, literario y periodístico, de reconocimientos y distinciones,… Doctor en Medicina y Cirugía Summa cum laude y con Premio extraordinario, número 1 en la oposición nacional del cuerpo de Profesores Titulares de Universidad, alcalde de Málaga 1979-1995, primer Presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias, también de la Andaluza, Miembro del Consejo de Europa, Europarlamentario, Medalla de Andalucía como presidente de las Federaciones Española y Andaluza de Municipios y Provincias, Medallas de Honor del Consejo de Europa y de UNICEF, del Municipalismo español, de este Ateneo, de la misma Asociación de la Prensa como Periodista que es, etc.

     Pero no, aunque sea en síntesis, he de hablar del Pedro Aparicio que, en tantos y decisivos momentos he tenido la suerte que esté y permanezca en el transcurrir de mi vida. Dicho de otro modo, siendo en plenitud en todo lo anteriormente apuntado, me van a permitir que hable del que he tenido y tengo la dignificada fortuna de gozar de su amistad, del que he compartido momentos esenciales, del que he sido testigo de actuaciones y comportamientos tanto excepcionales como cotidianos, que en ambos casos nos definen real y profundamente como personas.

     Conocí y traté por vez primera a Pedro, cuando tan sólo faltaban unos minutos para convertirnos, legal y oficialmente, en adversarios políticos como candidatos a la alcaldía de Málaga, aquel 16 de febrero de 1979, a las doce menos algo de la noche en la que se cerraba el plazo de presentación de candidaturas para las primeras Elecciones Municipales de la Democracia, en el viejo Palacio de Justicia de Muelle Heredia, donde se encontraba la sede de la Junta Electoral. Precisamente allí acudí con quien representaba mi partido, UCD, y era su presidente, quien hoy es dignísimo y eficaz alcalde de Málaga y siempre, desde años antes, mi también querido amigo Paco de la Torre.

     Aquella misma tarde, una conocida persona no me habló bien de Pedro. Claro está, me refiero a uno que seguía anhelando años pasados y cantando aún "Prietas las filas".

     Pronto, en aquél primer encuentro y charla, percibí la singular personalidad y talla, y no sólo física, por supuesto, de mi adversario. Jamás empleamos la palabra “enemigo”, ni siquiera la de “contrincante”.

     Llegaron las elecciones. Como se veía venir, triunfó democrática su partido y él fue elegido primer alcalde de la democracia en Málaga. Como el diría, pronto supimos ambos que la circunstancia de la rivalidad oficial quedaba en segundo lugar y, después, hasta irrelevante –con perdón de nuestros partidos y de un que otro intransigente- ante multitud de sueños y de complicidades morales que nos fuimos descubriendo. Sin lugar a dudas, gracias a su talante siempre por encima de imposiciones partiditas o de cualquier otra índole, y también a mi partido (salvo alguna sonada excepción) y a quien lo representaba que actuaba con igual estilo.

     A las pocas semanas de nuestra convivencia diaria en el Ayuntamiento, mis compañeros los periodistas, me pidieron mi opinión sobre Pedro. Fue tan justamente elogiosa, positiva y sincera, que no me lo perdonaron jamás, lo que para mi fue un honor más, los que ya se iban inventando, al ver que podía haber alcalde para rato, que era catalán, como si ello fuese malo, aunque si es cierto que los andaluces y malagueños, por lo general, tenemos especial aprecio por los madrileños, quizás porque a Madrid la sentimos como de todos los españoles. Esos mismos correrían el bulo de las rentables clínicas privadas que tenía en Zaragoza y en la misma Barcelona.

     Llevaríamos un mes y pico y en un atardecer, a la puerta de la misma alcaldía se desplomaba, a consecuencia de un fulminante infarto, un policía municipal, la actuación que efectuó en intentar salvarle la vida, en este caso como médico y persona quien hasta hacia unos día había sido durante años, a pesar de su juventud, prestigioso Jefe de la Sección de Cirugía Vascular de “Carlos Haya”, nos admiró a todos. Paco Sánchez Paso-Pargas, en su peculiar y espontánea forma de hablar, comentó como Málaga había podido ganar un buen alcalde, pero la Medicina estaba perdiendo un excepcional médico, apuntillando a continuación que con el ejercicio privado de la Medicina se podría hacer de oro.

     Fui testigo directo de cómo se encontraba la ciudad y su ayuntamiento. Era una realidad evidente, con su ya medio millón de habitantes, el 50 % de los malagueños no tenía agua corriente o saneamiento en sus viviendas, el 36 % de sus calles sin asfaltar, el 47 % sin iluminar,… y con una capacidad para asfaltar e iluminar de un máximo del 4 % anual. Bien nos dejó claro el enorme déficit y endeudamiento del Ayuntamiento el interventor municipal con aquel, no jarro, sino cascada de agua, no fría, sino helada, con la que nos despertó a la realidad municipal, al mismo día siguiente de la toma de posesión de la nueva Corporación Municipal.

     Y, a pesar de todo aquello y de tantas dificultades más, como alcalde logró que se produjese un gran y decisivo cambio en todos los órdenes y sentidos, avanzando la ciudad como nunca lo había hecho antes en toda su historia.

     Todo esto con dura entrega, con su decidido e ilusionante propósito de una ciudad cada vez mejor, también con sus decepciones y sufrimientos que de todo hubo en tantos años, como lo hay en cualquier tiempo, cuando se ejerce el cargo con honradez e inteligencia, entrega y responsabilidad, con el decidido propósito de conseguir una ciudad mejor para todos.

     Pero sobre todo fui testigo de excepción de algo mucho mas importante aun, muchísimo más: De su alto sentido de la libertad, del respeto a la dignidad de todo ser humano y de su limpio afán por servir al bien común, allí donde ha estado, habiendo dedicado y transcurrido toda su vida en el ámbito del interés general.

     Querido Pedro, yo tampoco he olvidado, ni olvidaré, la intensidad y el silencio con que nos abrazamos aquella noche de febrero en el que al 98 % de los españoles se nos estaba apuntado simbólicamente con metralletas. No olvidaré, como jamás debe hacerlo lo mejor de la Historia de Málaga, que durante las horas en las que era peligroso, especialmente para ti, al ser primer objetivo de un que otro exaltado de la extrema derecha malagueña, mandantes abrir de par en par las puertas del ayuntamiento, como cuantas conducían a tu despacho, y con todas las luces encendidas, dejaste bien claro que los malagueños estaban al lado de la Constitución, de la democracia y de la libertad. Esto si hay que vivirlo para sentirlo y expresarlo.

     Así, cuando cumplimos nuestro mandato municipal, por unanimidad, en la última intervención del Grupo Municipal de UCD en las salas capitulares malagueñas, se dejó constancia histórica que en relación al voto de censura que el entonces Partido Comunista promovió años atrás, porque Pedro había acabo con el denominado “Pacto de izquierdas” y al que nos sumamos: “Somos demócratas y democráticamente retiramos nuestra participación en el voto de censura que en su día dimos al alcalde de la ciudad, atendiendo únicamente a razones de estrategia política de este partido. Con ello le damos nuestro voto de confianza, como siempre le ha correspondido en razón a su actuar político, coincidiendo con la democrática y mayoritaria decisión del pueblo malagueño reflejada claramente el pasado día 8 de mayo en las urnas. Málaga, 24 de mayo de 1983”. Los malagueños, por mayoría absoluta, lo volvieron a reelegir, como sucedería en las dos siguientes elecciones municipales a las que se presentó, las de 1987 y las de 1991.

     Años después, el mismo grupo de UCD, al cumplirse los 25 años de la primera corporación democrática, en abril de 2004, igualmente por unanimidad, presentó un escrito en el que en relación a Pedro, tras una adecuada exposición de motivos, se decía:

     “Por ello, solicitábamos para el mismo la concesión del titulo de Hijo Adoptivo de Málaga con su correspondiente Medalla de Oro de la Ciudad dado que en el mismo se dan en demasía los méritos que al respeto establece el Reglamento para la concesión de distinciones honoríficas del nuestro Excmo. Ayuntamiento”.

     Expusimos los méritos en síntesis, destacábamos la labor desarrollada, indicamos como había sido el alcalde que más tiempo ha ostentado el cargo a lo largo de toda la historia municipal de más de cinco siglos de Málaga, dándose el hecho de que no nació aquí y que, bien demostrando su amor, entrega y dedicación de tantos años, se trataba de hacer oficial, adecuada y justamente, algo que era real, la especial condición de malagueño de quien con sus obras y hechos bien había demostrado serlo.

     Petición que, ahora más que nunca, mantenemos permanente, cumpliendo el deseo hasta de un compañero ya muerto. Y que esperamos que, al fin, sea atendida, lo que sería de gran satisfacción para muchos miles de malagueños. Es cierto que la justicia, antes o después, llega, pero en tantas ocasiones se convierte en injusta al no cumplirse cuando nítidamente corresponde.

     Pido a Pedro perdón por esta cierta encerrona, pues también sé de su timidez y rechazo a estas situaciones en relación a su persona.

     Concluyo con el convencimiento de que el compromiso adquirido con su conferencia “Influencia del Camino de Santiago en la construcción de Europa” es para él un grato encuentro con ideas, sentimientos y amigos, especialmente con uno de sus grandes amores: Europa, en el sentido más elevado que ella significa, comenzando por su unidad.

     Sus diez años en el Parlamento Europeo, como ha escrito, han sido los más felices de su vida, la vicepresidente del Consejo Andaluz del Movimiento Europeo que ostenta, sus escritos y disertaciones sobre la misma, una y otra vez, me traen el recuerdo de aquellas palabras suyas de principios de la década de los ochenta en las que nos transmitía con entusiasmo como la vieja Europa iba arrinconando las antiguas discusiones e impulsaba a los europeos hacia su renacer.

     Señoras, señores, queridos amigos, con ustedes, un malagueño que ha luchado y sigue haciéndolo, con brío y denuedo, por la Europa que entre todos hemos de fortalecer, la que quizás también comenzó a construirse con el Camino de Santiago, como ahora nos aclarará en su conferencia. 
     
         

    Visita al rey de Pedro Aparicio y Andrés García Maldonado, cuando ambos tenían responsabilidad en el ayuntamiento malagueño

    En la muerte de Pedro Aparicio

    Editorial de La Opinión de Málaga el 26.09.2014

    Fue un dignísimo y excelente representante de Málaga y de los malagueños. Fue uno de esos raros políticos al que la población admira y al que concede la condición de ser uno de los mejores de la sociedad

     Ayer murió a los 71 años Pedro Aparicio Sánchez, que fuera alcalde de Málaga durante dieciséis años, entre 1979 y 1995. La noticia ha causado una honda conmoción en la sociedad malagueña. El pleno que celebraba el Consistorio de la ciudad que rigió y que tanto admiró, quedó suspendido. No sólo en el ámbito de la política deja honda huella. También en el universitario, dado que era profesor brillante. Y en el de la medicina, especialidad de cirugía, primera de sus dos carreras. La otra fue el periodismo, en el que veló armas en su juventud y que luego en la madurez cultivara como columnista. Deja huella, en fin, en tanta y tanta gente que lo conoció como servidor público. Aparicio fue el primer alcalde de la restauración democrática post franquista. Un gran alcalde. Tal vez el mejor que tuvimos en el siglo XX. Impulsor de una obra ingente que transformó y modernizó Málaga: su equipo fue el encargado de asfaltar no pocas calles, de renovar o tender canalizaciones, de adecentar solares, de sacar de la marginación a barrios enteros. Gracias a él llegó el teatro Cervantes, se implantó una moderna Empresa Municipal de Transportes. Con él –gran melómano– se creó la Orquesta Filarmónica de Málaga, se erigió la estación de autobuses y Málaga se dotó del Jardín Botánico de la Concepción. Sentó las bases de la modernidad en esta, hoy en parte gracias a él, gran urbe. Aparicio era un hombre culto y seguro de sí mismo, un intelectual, un viajero, un hombre de carácter también. Una figura muy admirada y cuya faceta de alcalde iba engrandeciéndose, irá engrandeciéndose, conforme pase más tiempo de su salida de la alcaldía. Hoy es unánime la opinión de que, aún habiendo cometido fallos (o siendo presa de la inercia) en su último mandato, que pudo sobrarle, sus años de regidor fueron fructíferos, imaginativos, potentes, interesantes. Málaga ascendió en la liga de las ciudades. Sin duda. Aparicio supo entenderse con las izquierdas y las derechas en mandatos y plenos y decretos o negociaciones que no siempre pudo ejercer en solitario. Hombre de profundas convicciones socialistas y de izquierdas, no pudo evitar sin embargo sentirse muy decepcionado con su partido de toda la vida, el PSOE (que llegó a presidir en Andalucía), cuando no fue incluido en las listas al Parlamento europeo en 2004, luego de ocho años en Bruselas donde vivió de manera intensa su pasión europeísta. También quedó decepcionado por la postura de su formación en cuestiones de organización territorial española. Todo ello le llevó a una amarga ruptura que incluyó la entrega del carné hace unos años. Pero incluso en su época más idílica en el PSOE, como alcalde, Aparicio fue muy crítico. No dudó en enfrentarse a la Junta o al Gobierno central si de defender los intereses de Málaga se trataba. Históricos fueron algunos de sus desencuentros con ministros a cuenta de infraestructuras para la ciudad que a menudo les eran negadas desde Madrid. También desde Sevilla.

     Aparicio pertenece a un estilo y estirpe de políticos que ya poco se da: doblemente universitario, brillante, no estuvo nunca en política para medrar o lucrarse o ascender en la jerarquía partidista. En sus últimos años se había insertado de nuevo de manera notable en el día a día de la ciudad, asistiendo a almuerzos y tertulias y actos culturales en los que participaba con entusiasmo. Ayer, representantes de todas las ideologías hablaban bien y con respeto de él y su obra y su figura. Pedro Aparicio fue un dignísimo y excelente representante de Málaga y de los malagueños. Fue uno de esos raros políticos al que la población admira y al que concede la condición de ser uno de los mejores de la sociedad, el territorio, en la que se inserta. Con Pedro Aparicio se va el regidor de una época en Málaga singularmente interesante e intrincada: la de la segunda transición. Al comienzo de su mandato, España no pertenecía a la Comunidad Europea, aún no había llegado la izquierda al Gobierno; en Málaga como en otras muchas ciudades, gobernaron los socialistas en coalición con el PCE e incluso con una tercera fuerza, como los andalucistas. Todo era distinto. Seguramente peor y transformado en positivo. Gracias a hombres y mujeres como él.

     Hoy a la una se celebrará una misa en su memoria. El Ayuntamiento ha decretado dos días de luto. No habrá capilla ardiente en la vieja Casona que tantas veces pisó y en la que tantas horas trabajó. Por expreso deseo suyo. Se acumulan las condolencias y los testimonios que no sólo llegan desde todos los puntos de la provincia y de Andalucía, sino desde muchos puntos de España y del extranjero. Aparicio supo entender esta ciudad, conectar con ella, gobernarla sin necesidad de artificios o folclorismos dicharacheros. Teniendo a raya a especuladores. Fue pionero en entender que la cultura debía ser para Málaga una línea de actuación estratégica. Que complemente el turismo o haga este más atractivo. Pero que también fabrique ciudadanos más tolerantes, formados y, por tanto, libres. Cultura entendida también como la oferta y actividad que hace de una ciudad grande una gran ciudad.



    Pedro


    Andrés García Maldonado, en La Opinión de Málaga el 26.09.2014

     Va veloz el tren, como la vida misma. ¿Cuánto nos puede acontecer en unos instantes? Cómo de buenas a primeras te quedas emocionalmente «petrificado», nunca mejor dicho en mi caso. Se acaba de morir unos de los mejores amigos que he tenido a lo largo de toda mi vida y, probablemente, uno de los tres que más afecto y sensibilidad me ha demostrado desde que supimos, como el escribió, que éramos amigos para siempre, algo así como «que nos conocimos como adversarios políticos en el Ayuntamiento de Málaga y, como era natural, pronto supimos ambos que tal circunstancia –la de la rivalidad oficial– era secundaria y, poco después, totalmente irrelevante ante multitud de sueños y de complicidades morales que uno en otro fuimos descubriendo», lo que ha sucedió hasta estos mismos días.

     Me acaban de dar la desgarradora noticia y, paralizado, en un instante se agolpan sentimientos y recuerdos. Vuelvo urgente a nuestra Málaga. No cesan las llamadas, las atiendo como puedo y me piden unas palabras.

     La verdad, no me salen como yo desearía pensando en él. No puedo concentrarme para sintetizar tanto cariño, tantos valores, tan excepcional personalidad.

     Es, no quiero decir «será», mucho el profundo afecto, que nos une, el que permanecerá para siempre, hasta mi último instante consciente en esta vida.

     Con el dolor en aumento, la realidad no se asimila. Siguen en imparable cascada los recuerdos, los momentos vividos, los instantes inolvidables. Puedo dar fe y la doy que junto a su nombre, con su nombre y por su nombre, toman una dimensión justa y cabal, no ya tan sólo palabras, sino conceptos como libertad, dignidad, democracia, altura de miras, tolerancia, diálogo, sensibilidad, inteligencia, cultura, preparación, talante y talento, cortesía, caballerosidad y tantas y tantas más que, como una sola de las citadas, es suficiente para definir la grandeza y singularidad de una persona.

     No se me aparta el recuerdo de María y de sus hijos, de todos los suyos, de tantos amigos a los que distinguió con su amistad y sí le dieron la suya clara y limpia. El dolor sigue creciendo. ¡Dios mío! Gracias por haberme dado un amigo tan excepcional.

     Permite que este creyente, asimilada la tremenda despedida que hoy se acaba de producir, escriba, oportuna y adecuadamente, lo que moralmente está obligado a dejar bien claro ante ciertas mezquindades e injusticias cometidas.

    * García Maldonado fue concejal de UCD en el Ayuntamiento de Málaga en 1979 y es actual presidente de la Asociación de la Prensa de Andalucía.

     

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