Septembreando, un año más

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     No existe el verbo septembrear, que es lo que se hace en septiembre, y a mí me parece evidente injusticia.
     
     Injusticia evidente, en tanto en cuanto que lo que se suele hacer cada año en este mes, que, pese a ser el noveno viene nombrado como séptimo, es iniciar en serio el año, como ya escribí algunas miradas atrás. Coinciden en este mes a caballo entre el verano que se va y el otoño que llega el inicio de la actividad docente en colegios, institutos y universidades e incluso el año judicial comenzó también septiembre. Dejamos el verano con sus placeres y cierta molicie, que es “abandono invencible al placer de los sentidos o a una grata pereza” y entramos de lleno en eso que damos en llamar la vida cotidiana con sus pequeños inconvenientes, pero también con sus grandes satisfacciones derivadas del reencuentro con las cosas habituales, el trabajo, los estudios, la tienda de al lado de casa, el olor de las libretas y libros nuevos, los coleccionables de quiosco, la avalancha de novedades editoriales, olvidar a los mosquitos, el sosiego de las tardes otoñales, prodigios de iluminación en cualquier rincón de nuestra Comarca de Alhama, las maravillas gastronómicas que trae esta estación...muchos son los sencillos y humildes placeres que septembrear trae consigo y cuando esto llegue a su fin podemos continuar otoñando, esta vez sí existe el verbo otoñar, con la placidez que sólo se verá alterada por esas pruebas de reválida que ya amenazan a los recién incorporados a la vida académica y por la sombra de las nuevas elecciones que como una venganza Olímpica, de los dioses del Olimpo y de Olimpia la madre de Alejandro Magno, se cierne sobre nosotros. Y es aquí en esa amenaza de nuevas elecciones donde la placidez de este otoñar septembrino se transforma en un cierto agobio, un cansancio, un malestar genital, si se me permite la expresión, entre una ciudadanía que no entiende que quienes deben formar gobierno, esto es nuestros representantes en la Cámara de Diputados, no hagan eso para lo que han sido elegidos con la presteza y diligencia que deberían.
     
     No hace tanto tiempo que el coro de la tragedia griega en que quieren convertir lo que es una ópera bufa, lo que cantaba eran los muchos males que aquejaba a nuestro país, ese partidismo, ese “PP-PSOE la misma mierda es” que clamaba por la entrada en la escena de nuevos partidos que rompiesen ese bipartidismo, esa primacía de los dos partidos acumuladores de escaños. Oyeron los dioses, sigo con el símil olímpico, los ruegos del coro, que tan diestramente, recuerde el lector que diestro viene de “derecha” habían sido dirigidos por los verdaderos dueños del cotarro y surgieron, no se sabe muy bien cómo ni de donde, los dos partidos que iban a ser la salvación, partidos a los que, como bien sabe el avisado lector no les ha salido las cuentas y pese a haber debilitado a los dos partidos principales, no han conseguido hacerse con el número de escaños suficientes para ser determinantes en el devenir de la política patria.
     
     Quienes me conocen algo lo saben y a los que no se lo digo yo ahora mismo, que soy firme partidario de los pactos, las negociaciones, de eso que se llama consenso, que siempre es mejor que la imposición y nada me gustaría más que se llegase a un acuerdo para hacer presidente a quien sea que disfrute de la mayoría suficiente para gobernar buscando el bien común, pero no con la absoluta que le permita hacer lo que le salga de la mayoría absoluta sin dar cuentas a nadie, lo cual sólo puede ser perjudicial para la mayoría de la gente. Pero con lo que hay hoy viernes 16 de septiembre de 2016 en la Cámara Baja, las cuentas no le salen a nadie y las propuestas del tipo “quítate tú, que me ponga yo” sólo prosperan si el aspirante cuenta con 176 diputados dispuestos a decir “si”
     
     Y dicho esto, también entiendo perfectamente a Rajoy y quienes le votaron en las pasadas elecciones para ser presidente, o para que no lo fuera Sánchez que no es exactamente lo mismo. Pero también entiendo a quienes votaron a Sánchez para que fuese el presidente o para que no lo fuese Rajoy. Hace bien Rajoy en seguir insistiendo en postularse, por que ganó las elecciones y hace bien Sánchez en decir que no porque quienes le votaron votaron implícitamente “no a Rajoy”
     
     Mientras proseguimos con el plácido septembrear y hasta que el otoño no deje paso al invierno, tenemos tiempo suficiente para considerar estas y otras cuestiones y decidir hacer con nuestro voto un ajuste fino, si consideramos que nos hemos equivocado. Por mi parte haré todo lo posible para que sigamos disfrutando de las elecciones, aunque haya que repetirlas porque las otras opciones, algunas ya las he conocido y otras no quiero conocerlas.


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