El corsario de Hierro y otros resistentes

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     Cuando hartos de las hazañas del Generalísimo, las interminables batallas con las que los reyes de la península dirimían sus cuestiones y los afluentes de los ríos de España acudíamos los niños de mi generación en busca de descanso para la mente, varias eran las opciones de ocio de que disponíamos.
     
     Una era, como hoy día, el mundo del fútbol, amplio margen para desfogar mentes y cuerpos infantiles emulando en descampados las hazañas de Pirri, Cruyff y otros héroes de los cuales mi memoria no guarda ya recuerdo. La otra opción era la lectura de tebeos, entonces no se usaba lo de cómics, novelas de a duro de Marcial Lafuente Estefanía o la visión de aquella televisión de dos canales en blanco y negro del tardo franquismo en la que descubrí, sin saber que lo había descubierto, a billy Wilder.
     
     En estos días ha muerto uno de los autores más leídos de la época a la que aludo, se trata de Víctor Mora, uno de los padres del Capitán Trueno, el otro era Miguel Ambrosio, guionista el primero y dibujante el segundo tanto del Capitán Trueno, como del Corsario de Hierro, No diré que los guiones de Víctor, militante del PSUC me influenciaran y despertaran en mí la conciencia política. Pero si puedo afirmar que los tebeos, las películas y las canciones de aquella época me ayudaron a vivir horas especialmente felices.
     
     Fue bastante después de pasada la niñez y adolescencia cuando empezaron a conocerse detalles de aquella España del NODO y de algunos de los autores a los que he aludido y que tienen en común algo con Rick Blaine, el dueño del Café Americano de Casablanca: haber apostado por el bando perdedor, pero por el bando perdedor de todas las causas y todas las batallas y no haberse arrepentido nunca. Si el Capitán Trueno tenía amigos incluso entre los moros y el Corsario de Hierro era tenazmente perseguido por Lord Bumberry ,antiguo pirata elevado a la nobleza por un rey( lo cual demuestra el hecho de que lo que importa es el dinero y no su origen, desde hace ya mucho tiempo), los protagonistas de las novelas de a duro de Marcial Lafuente Estefanía (alguna vez habrá que dedicarle una mirada) eran siempre solitarios pistoleros que llegaban a una ciudad gobernada despóticamente por un ladrón con suerte, pocos escrúpulos y muchas pistolas pagadas a su alrededor , y ponía fin a ese reinado (lo de reinado es una forma de hablar, ni el autor era republicano, no yo, por supuesto, lo soy como saben todos mis lectores) enfrentándose a los pistoleros a sueldo en buena ley, la ley de los colt 45 pacificador, que esa era el nombre que recibían. Nada que ver el argumento con lo que pasaba en la España en la que decidió quedarse tras salir de la cárcel, (ni en la de ahora) a la que llegó por defender a su país, que era la Segunda República Española. Debió pesar más en él lo de española cuando optó por no exiliarse y dedicarse a escribir novelas de entretenimiento dado que nunca pudo ejercer su profesión de ingeniero.
     
     Víctor Mora, que si conoció el exilio, el de sus padres, también decidió vivir en su país de origen, en esa, esta España que nunca ha conocido, casi nunca, gobiernos eficaces y honrados capaces de hacer lo que estos “hijos del pueblo español” que he nombrado y a los que no nombro ahora por haberlo hecho ya en otras miradas, la gente que sale cada día a hacer su quehacer cotidiano, a dar lo mejor de sí mismo en la labor que sea, personal sanitario, maestros y maestras de escuela, abuelas que cuidan de sus nietos, limpiadoras, barrenderos, camareros, gente de Protección Civil, en definitiva gente que hace que este país siga funcionado día a día a pesar de sus gobernantes y que nunca han mordido el oro, pero tampoco han mordido el polvo porque la gente que nunca acepta la derrota, nunca es derrotada por muchos palos que la vida le dé.
     
     Y no faltan palos sobre las espaldas de esta gente, precisamente. Capitán Trueno, Corsario de Hierro, o ese pistolero del cual no recuerdo el nombre, gracias por haberle enseñado al niño tantas cosas que entiende el adulto que hoy soy.
     
     Dedico esta mirada a toda esa gente que decidió quedarse, a la que no pudo o no quiso quedarse y a todos mis compañeros, donde quiera que estén, con los que en aquellos primeros años de la construcción de la democracia intentamos hacer del mundo un lugar un poco mejor. Salut y força al canut.
     
     

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