Digresiones bustrofónicas sobre el Carnaval de Alhama y sus influencias dadaistas-rococó. Por Kalio Wilson

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     Abandono momentáneamente mis múltiples y urgentísimas ocupaciones para satisfacer el deseo de mi amigo que dé unas breves pinceladas sobre mis reflexiones acerca de ese especialísimo espectáculo vivo, vital y vitalista en que se constituye el pueblo de Alhama de Granada durante los días del Carnaval.

     No conozco ningún otro en el cual se unan de forma más espectacular y notoria gente y pueblo, calles y artefactos y toda suerte de seres surgidos de la imaginación, el ensueño y la fantasía más delirantes, para ofrecer a propios y extraños, si es que es posible que algo o alguien sea extraño en el Carnaval de Alhama, una visión enteramente bustrofónica de lo que puede y debe ser una manera de afrontar el hecho del ocio de forma cabal y enteramente dadaista-rococó.

     Dijo Chesterton, que por ser católico en tierras predominantemente protestantes, sabía lo que es ser “raro” que “A algunos hombres los disfraces no los disfrazan sino que los revelan. Cada uno se disfraza de aquello que es por dentro”. Soy también de la opinión de que la máscara no enmascara sino que descubre, que el disfraz no disfraza sino que destapa la genuina personalidad que el resto del año no ocultamos del todo, pero si que la dejamos arrinconada en el desván al que llevamos los sueños rotos, las ilusiones perdidas, los deseos insatisfechos y otra serie de efectos y afectos con los que solemos trabajar poetas y filósofos bustrofónicos. En este sentido es en el que cobra pleno sentido el calificar al Carnaval de Alhama de fiesta dadaista-rococó. Dadaista por su clara y evidente adhesión al absurdo, a lo irracional a lo que refleja profundamente el sentir colectivo de todo un pueblo en las formas de adoptar, no otra persona o personaje, sino de revelar la propia a través de sus máscaras, sus mascarones y sus murgas y comparsas. Murgas y comparsas que cantan y cuentan claramente y sin cortapisas lo que durante el resto del año se calla, silencia y esconde. Murgas y comparsas que sacan a la luz lo que se quiere tener oculto. Dadaismo en estado puro. Y rococó. Basta ver el abigarrado colorido, la mezcla casi imposible de colores, tonos, telas, trapos, trapillos y demás parafernalia que viste y desviste al personal en el Carnaval de Alhama para caer en la cuenta de que estamos asistiendo a un espectáculo rococó y dadaista. Luis XV vestido de trapillo, el lujo de Versalles convertido en la digna pobreza de los atavíos sacados de armarios, desvanes y roperos desusados para conseguir vestirse, “Este año, ¿te vistes en el Carnaval?, pregunta el alhameño, para conseguir vestirse, decía, de la manera más llamativa posible. Por qué se trata de vestirse para llamar la atención. La máscara , o el mascarón de Alhama quiere sobresalir, dar la nota, el cante, hacerse notar; si no lo consigue visualmente acudirá a ese “¡aaayyyy que tooooorrrpe, que no me conocesssss!. Y puedo jurar por el sagrado nombre de Bustrofedon, que ni lo conozco, ni lo conoces tú, paciente lector que has llegado al fin de este desesperante párrafo.

     Y este querer hacerse notar contrasta vivamente con ese no querer destaca, sobresalir, hacerse notar con el cual cada uno de nosotros afronta sus día a día el resto del año, no tanto en el caso del pueblo de mi amigo, pueblo en el cual el gusto por la fiesta, lo dionisiaco y orgiástico (ma non troppo) es visible de principios a fin de año, dada la variedad de fiestas, jolgorios, eventos, actos lúdico-festivos y culturales que se organizan cada año.

     Pero me invitó mi amigo a ceñirme al Carnaval de Alhama y a hacer mención especial del Pitorreo. Guasa, burla, crítica y muchas ganas de disfrutar de todo lo disfrutable, y de paso, de hacer disfrutar al respetable o al no respetable, que no reparan en calidades, señoríos, ni otras dignidades del público quienes componen el Pitorreo, sino que cantan y tocan para quien a bien tenga escuchar sus actuaciones y así lo vienen haciendo hace ya diez años que es cifra redonda y digna de ser celebrada y yo celebro con una exclamación que sé que a mi amigo, poco dado al lenguaje atrevido que se usa en su tierra a la hora de escribir, no ha de gustarle, pero que a mí me surge expontameamente de aquellos rincones donde solemos ubicar los hombres la hombría y que la testifica”Pitorreo, ¡oleee vuestra polla”. Dicho queda a modo de modesto homenaje a gente a la que sé amiga de mi amigo y, por ello, goza también de mis simpatías.

     Creo haber dado ya algunos indicios de por qué llamo al Carnaval de Alhama fiesta viva y vivificante dadaista-rococó, desde el punto de vista bustrofónico, único en el cual puedo pronunciarme por ser la bustrofónica la rama del saber humano que di en estudiar en mis años, ya lejanísimos de la mocedad casi imberbe. Pero, lógicamente no pretendo que el lector me crea, antes bien , mi propósito es que dude no solo de mis aseveraciones sino de casi toda aseveración contundente y compruebe por sí propio y de forma fehaciente el desarrollo del Carnaval de Alhama zambulléndose de lleno en la experiencia de vivirlo plenamente. Sólo el conocimiento que se adquiere en propia cabeza es perdurable, sólo el vino degustado se puede recordar y a fin de cuentas, nada se pierde con disfrutar del único carnaval que se conserva en estado puro, trabajo está costando, como carnaval rural. El Carnaval de Alhama de Granada.

     No me resisto a dejar constancia de unos versos o coplillas de carnaval aderezados por un conocido “afotista” del carnaval de Alhama, en los cuales invita, convida e incita a todos cuantos leyeren a disfrutar del Carnaval:

    Jameños y visitantes
    me complace recordar
    que este domingo comienza
    nuestro bello carnaval.

    A aquellos que nos visiten
    podemos garantizar
    diversión, juerga y jolgorio,
    alegría y fraternidad.

    Las tapas de nuestros bares
    seguro disfrutarán
    y del vino del terreno
    ya no les digo ná.

    Con las murgas y comparsas
    disfrutaremos una hartá
    con sus letras y lequillos
    ¿a ver de quién hablaran?

    Prudencio Gordo Villarraaso.

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