Estadísticas

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     Se atribuye a Stalin la frase de que “la muerte de una persona es una tragedia, la de un millón es simple estadística”, algo así deben pensar cuantos gobiernan con respecto al paro.

     Confortablemente instalados en despachos con todos los lujos concebibles, aislados del mundanal ruido y del olor de las multitudes, a las que sólo soportan en los mítines, y aún así dejando las distancias, tomando las decisiones sobre datos, estadísticas, intenciones de voto. Así imagino que gobiernan. No es raro entonces que puedan dormir tranquilos por las noches sin que los muertos por la hepatitis C, estadística, les interrumpan el sueño; no es raro que coman tranquilamente en los mejores, más caros y más exclusivos restaurantes sin que los sufrimientos de los dependientes sin ayuda les amarguen la digestión; a fin de cuentas es otro dato estadístico impreso en un papel oficial, que seguramente poca gente ha leído. No es raro, tampoco que el sin vivir de parados sin recursos de ningún tipo altere lo más mínimo el sosegado modo de vivir de quienes dicen que se desviven por nosotros, a fin de cuentas ese parado es únicamente un número más en una estadística y cuanto más alto sea el status del gobernante menos posibilidades hay de que un parado vaya a incordiarle. Se puede llegar a pedir trabajo a un alcalde, pero muy difícilmente se puede llegar con tan pretensión a la Moncloa. Como mucho si eres una niña con iniciativa puedes escribir a la Zarzuela pidiendo trabajo para tu padre, y te dirán “que no podemos hacer nada” y después a lo mejor se van al entierro de un rey saudí o algo así por el estilo.

     Y, sin embargo, detrás de cada número de una estadística existe una persona real, un hombre o una mujer que tiene los mismos deseos que quienes le gobiernan, vivir lo mejor posible, que sufre con el dolor de sus hijos, su los tiene, a los que debe llevar al colegio a comer, si tiene suerte de que en su colegio den de comer todo el año, que padece con los problemas de salud de sus padres agravados por los recortes en sanidad que quienes nos gobiernan piensan que son “pequeños sacrificios “ que hemos hecho para traer crecimiento y prosperidad. No diré nada del lento goteo de mujeres muertas por la violencia machista, otra estadística que tampoco parece que remueva las entrañas de los encargados de evitarlas.

     Confortablemente sentados en sus lujosos coches de alta gama, que pagamos entre todos, cada mañana quienes nos gobiernan acuden a sus despachos oficiales, que pagamos todos y allí, además de la sumisión total de consejeros nombrados a dedo y otros estómagos agradecidos, encontrarán en su mesa un dossier de prensa con las noticias más relevantes del día, la agenda de actos programados y la nueva encuesta de estimación de voto. Esto último es lo único que en serio les preocupa. El resto es simplemente fríos datos en un papel a los que no alcanzan a poner rostro, porque les falta algo tan esencial como la empatía, que es una carencia esencial para aplicar según que recetas económicas o legislar en contra de la inmensa mayoría para continuar privilegiando a la mínima minoría, a los de la familia Botín, por ejemplo, esos que algunos dicen que son ejemplo de economía social. Pa mear y no echar ni gota, dicho castizamente.

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