Ya no quedan detectives como los de antes

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     La unión entre novela y cine ha dado a la pantalla grandes obras que todos recordamos, ahí están “Rebeca”,”Lo que el viento se llevó”, “El halcón maltés” como tres ejemplos, pero la lista podría seguir ampliándose largamente.
     
     Especialmente aficionado al género negro, tanto en literatura como en cine, echo de menos esa raza, que no casta, especial de detectives que ante todo aspiran a la justicia, más que a la ley, que es algo bastante más complicado o a la verdad, que, ya lo dijo Pilatos, ¿Qué es la verdad? No quedan ya , en la literatura y el cine, me refiero, gente como Sam Spade, Phillip Marlowe, que de tanto ser interpretados por Bogart, parecen el mismo, Lew Archer, a quien Paul Newman vistió mejor que nadie aunque como Harper. También aquí la lista es amplia. Toda esa gente ha sido sustituida por muy hormonados y testeronados tiarracos que sustituyen la deducción y la investigación por un par de ostias bien dadas y, si la cosa va a más, por una ráfaga de subfusil y aquí paz y después gloria.

     En cuanto a literatura, en España tenemos un dignísimo representante de ese detective que usa más la cabeza que los puños en la figura del ahora teniente Rubén Bevilacqua, de la Guardia Civil, personaje creado por Lorenzo Silva muy en línea de los clásicos investigadores desencantados de la humanidad y casi harto de todo, pero que sigue empeñado en que los que la hacen, sean quienes sean, la paguen.

     En esta época nuestra en la cual el distraer fondos, de una manera u otra no es que parezca normal, es que casi lo es y dado el caso de que la impunidad parece ser habitual o casi habitual, al menos en la literatura reconforta que al final el “malo” sea apresado esposado, juzgado e ingresado en la cárcel a cumplir su condena, como si fuese un integrante de un piquete de huelga, por ejemplo, dicho así a vuela pluma y sin querer decir nada especial.

     Y hablando de defraudadores egregios me viene a la memoria el ex molt honorable Jordi Pujol, que afirma que si lo llama alguna entidad judicial o tributaria acudirá, lo cual lo honra, no cabe duda; pero sobre todo me viene a la cabeza Manuel Vázquez Montalbán y su alter ego Pepe Carvalho, que hubieran sido los mejores analistas de la situación del clan de los Pujol y sus cómplices necesarios en los gobiernos centrales, que miraron para otro lado en pro de la gobernabilidad. En los despachos con aire acondicionado y alejados del mundanal ruido no llega el olor desagradable, sin duda de la corrupción generalizada a lo largo de más de treinta años, supongo.

     Lo dicho, que en cine y literatura ya no quedan detectives como los de antes, pero, desgraciadamente los gánster, hampones, mafiosos y otros delincuentes organizados no es que sigan proliferando y procreando como los mejillones cebra, pongo por ejemplo, como los de antes, es que los de la realidad superan ampliamente a los de la ficción, muy ampliamente.

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