La baraja tiene cuatro

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     Soy republicano por tradición familiar, pero, sobre todo, lo soy porque fruto del estudio y la reflexión he llegado a la conclusión de que la república es el modo de gobierno que cumple todas mis expectativas democráticas.

      Como hace tiempo que alcancé la mayoría de edad quiero poder votar para elegir al jefe del estado, que es quien representa al pueblo y la nación, y no que la representación de la nación se herede, como se hereda una finca. De paso dejo claro que yo opto por una república en la cual el presidente de la república y el del gobierno sean elegidos directamente por el pueblo por sufragio universal, teniendo cada uno, o una, si es el caso, funciones diferentes. No soy partidario de las repúblicas presidencialistas, en la cual el presidente de la misma sea a la par el del gobierno para evitar casos en los que el presidente designe a quien le suceda, que para ese viaje, no hacen falta alforjas.

     Entiendo que es fundamental que sea el voto libre, directo y universal el que decida quien representa a la nación, que somos todos. Y aquí me detengo un poco y digo que tenemos mucho que hablar los republicanos. Tenemos que ponernos de acuerdo sobre qué, tipo de república queremos, a quien proponemos para presidirla y, sobre todo, quien debe redactar la constitución republicana. Mucho de lo que hablar, discutir y reflexionar para exigir el referéndum sobre la república o monarquía para pasado mañana. Máxime en una en crisis económica, social y de todo tipo. Creo que un país así, en el cual hay gente que debe acudir a la caridad para poder comer dista de ser un país en el que se pueda votar con total libertad. Porque una de las primeras exigencias para el ejercicio responsable de la libertad y la ciudadanía es el de tener todas las necesidades básicas cubiertas. No debe interpretarse esto último como que la carencia de unas rentas determinadas impida el ejercicio de los derechos, sino que es siempre mejor votar en situación de libertad que en situación de necesidad. Uno puede mandar en su hambre, pero no en la de sus hijos.

     Dicho lo cual abogo por una república cuya constitución bien podría ser la de la II república española, modernizada en lo que sea conveniente, en la cual puedan caber cómodamente todos los españoles y no veo ninguna razón para que no se pueda ser de derechas y republicano. Ahí tenemos los casos de Francia o Alemania, por ejemplo. Del mismo modo que asumo que hay gente de izquierdas que se proclame monárquica, si bien se me hace raro viniendo de un partido de hondas raíces republicanas. Pero uno de mis lemas preferidos es que aquí cabemos todos y la república laica, progresista, social y de democrática con que sueño sabrá acoger también a estos.

     En lo que concierne a elegir ahora entre monarquía o república si se convoca mañana mismo, tengo claro mi voto, pero ya he dicho líneas más arriba que antes de hacer la fiesta hay que limpiar la casa, barrer los establos, acomodar a todos y luego celebrar. O dicho de un modo no tan metafórico primero tendrán que ganar las próximas elecciones los partidos y gentes claramente republicanos y, a partir de ahí continuar con el proceso. Lo demás, por más que me duela decirlo, son brindis al sol.

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