Familia, municipio, sindicato

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    Sólidas bases en las que se fundamentaba el estado nacional-católico, la familia, el municipio y el sindicato, llenaron los bancos de las Cortes de gente mayor, curiosamente vestidos de lo que a mí me parecía de primera comunión.


    Imagen: Samaranch, con el uniforme de Falange, saluda a Franco.

      Que luego supe que eran los procuradores a cortes franquistas, y que procuraban mantener una España en la cual la familia, el municipio y el sindicato acataran fielmente los dictados del dictador. La familia, tradicional, católica; ella la pata quebrada y en casa, él, muy viril, genuino representante de la raza española. El municipio, mandado por el alcalde, designado por el gobernador civil, ¡a tus ordenes, camarada! , ¡Arriba España! El sindicato vertical en el cual trabajadores y empresarios convivían pacíficamente, sobre todo gracias a la labor de los Tribunales de Orden Público y los “grises”. Una España idílica, sin políticos, elecciones, nadie tenía que verse obligado a votar y que a lo que leo y oigo por aquí y por allá mucha gente echa de menos.

     Empezando por quienes nos gobiernan y, pluma de firmar decretos en mano, imponen ese modelo de familia tradicional a la que dicen defender y que sin embargo tanto agreden con sus políticas de recortes en todos los ámbitos que afectan a la familia. Todos. También parecen añorar esos Tribunales de Orden Público quienes persiguen a la gente por manifestarse o, incluso por vomitar en redes sociales, de forma desafortunada, no lo niego. Pero es que cuando el asco ante la realidad cotidiana se hace insoportable, hay gente que vomita. ¿Qué otra reacción cabe ante el hecho de desviar fondos destinados a la solidaridad para comprarse pisos de lujo?

     El municipio. También parecen sentir nostalgia de esos municipios con alcaldes designados y muy poco poder y presupuesto para actuar como la ciudadanía quiere: Ofreciendo servicios y resolviendo problemas. Hoy tenemos esa ley de Reforma Local que sitúa la rentabilidad por encima de la necesidad ante la prestación de servicios: El servicio es rentable económicamente, continúa, no lo es, se cierra lo que hay que cerrar, caiga quien caiga, todo sea por la deuda, y la recuperación. Esa recuperación que sólo ven ellos y que para acelerarla el FMI ya anda pidiendo impuestos más altos y salarios más bajos.

     El sindicato. Cierto es que tal vez sea manifiestamente mejorable la actuación de todos los sindicatos de clase; pero un país sin partidos y sindicatos se parecería demasiado a ese otro país que a todos los que lo sufrieron tan poco les gusta y que todos los que lo disfrutaron, que también los hubo, echan de menos.

     A pesar de que el 20 de noviembre de 1975 yo tenía trece años ya había vivido lo suficiente como para darme cuenta de que las lecciones aprendidas en las clases de Formación del Espíritu Patriótico Nacional distaban mucho de reflejar la España real en la cual, por cierto, el 20 de noviembre de 1975 mi padre tuvo que ir a sellar la cartilla del paro. Las cosas que uno recuerda, oiga.



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