Manhattan

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     Los tiros no van ni por la isla de Nueva York ni por la película del mismo nombre de Woody Allen. Mucho más modestamente me refiero al combinado a base de güisqui y vermut.

     De todas las bebidas a base de mezclar varios licores es, desde mi punto de vista, de las más fáciles de hacer; por supuesto la receta oficial debe buscarse en otros lugares, que la que doy es la que solía mezclar cuando la salud no me impedía el disfrute de bebidas alcohólicas.

     Un buen chorro de güisqui o ron, en cuyo caso es “Manhattan Latino”, otro chorrito de vermut y unas gotas de angostura o cualquier bebida muy seca (orujo gallego, tequila, vozka), se adorna con una cereza al marrasquino y se suaviza, creo recordar, con unos cubitos de hielo. Como ya he dicho es una formula poco ortodoxa y estoy dispuesto a recibir todas las críticas que sean menester.

     Pero creo que lo que realmente resulta interesante de esta mixtura es las condiciones en las que hay que beberla. Con tiempo, sosegadamente y en compañía de buenos amigos; mientras, por ejemplo se comenta la última novela que se ha leído o se rememora aquel tiempo en el cual se solían hacer buenas películas (para los aficionados al cine y al flamenco es un tópico que cualquier tiempo pasado fue mejor). Nunca aconsejaría hablar de política mientras se saborea un Manhattan, como tampoco aconsejaría hablar de trabajo o de fútbol, temas que fácilmente pueden conducir a polémicas poco compatibles con la tranquilidad que presupone el sentarse a una mesa a practicar el arte de la tertulia, amenizada con un cóctel y con una suave música de fondo (blues de Chicago o Jazz elegiría yo.)

     Ahora que tanto se habla de empleo de calidad abogo por un ocio de calidad, como contrapunto necesario e imprescindible para un disfrute integral de la vida. Entiendo que un trabajo bien pagado y que cumpla nuestras expectativas de autorrealización es la mitad de una vida plena. La otra mitad es la del ocio que, entiendo que debe ser algo más que estar tirado en el sofá viendo como veintidós hombres disputan por una pelota. No niego que alguna vez, también pueda resultar agradable estar ensofarado, con la lata de cerveza a mano y la bolsa de papas fritas en el pecho; pero sin olvidar que existen otras alternativas de ocio.

     Pero, claro, para ello es menester que las políticas educativas estén orientadas al desarrollo integral de la personalidad de los alumnos, de todos los alumnos, no solo los de las clases más adineradas. Que no se prepare a unos solo para mano de obra barata y a otros para los puestos de relevancia en la sociedad.

     Del mismo modo que hay una enorme diferencia entre beberse a morro un cartón de vinazo peleón y disfrutar apaciblemente de un Manhattan, también la hay entre una vida entregada a producir-consumir dócilmente o dedicada a trabajar, disfrutar del ocio y todos los placeres que este planeta nuestro, de todos, nos puede ofrecer.

     Bien está el trabajo de calidad como modo de obtener medios de vida, pero pretender que a lo único que debe aspirar un trabajador es a un trabajo bien pagado, en mi opinión es no darse cuenta de que un trabajador lo que quiere es vivir plenamente, lo mismo que un empresario, un político o un deportista de élite. Salud.

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