Zafiedades y obscenidades

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    Jesús Gil con bañador, la camisa abierta y zapatillas de andar por casa.

     En su despacho y entregando un premio o medalla. Esa es la exacta imagen de la zafiedad que tengo yo como paradigmática. Aunque la conversación, vía twiter, de dos escritoras, muy escritoras y muy españolas, en la que una de ellas (Zoe Valdés) manda a la otra (Lucia Etxebarríaa) a lavarse el chocho porque le huele a fana (semen) creo que supera en zafiedad a todo lo que pueda pensarse. Aún más si caemos en la cuenta de que las dos son más o menos conocidas por ser escritoras, lo cual les supone un cierto conocimiento del español. Sorprende sobre todo el uso de ese, supongo que cubanismo, para referirse al semen.

     Pero a fin de cuentas la zafiedad o no hiere en absoluto, como en el caso de las dos escritoras, o hiere muy levemente: El hedor de unas axilas sin lavar en plena canícula, por ejemplo.

     Luego está la obscenidad que ahí si que entramos ya en cuestiones que ofenden profundamente mi sensibilidad. Aclaro de inmediato que no uso el término obsceno con el mismo sentido que lo usa la RAE, si no que le doy un significado más profundo. Para lo que atenta al pudor uso el termino mucho más gráfico, pornográfico.

     Que una niña con necesidades especiales tras tener que irse de un campamento de verano diga a su madre: “¿Ha sido por mi culpa?”, me parece una obscenidad, porque hiere mi sensibilidad, me causa dolor, el profundo dolor de esa pregunta, y me causa dolor el pensar en qué seres humanos se van a convertir esas niñas de once años que causaron que tuviera que irse. Con el tiempo, dentro de siete años, tendrán edad de votar. Y eso me da miedo, me ofende y me duele. También me parece una obscenidad que un fulano, con el cargo de consejero de sanidad de Galicia, diga que” Las camas son importantes en los hoteles y no tanto en los hospitales”. Sus correligionarios de Andalucía deben pensar igual porque ya hay denuncias, de cierre de camas en El Virgen de las Nieves y otros hospitales de Andalucía. Jugar con la salud de los ciudadanos es una obscenidad, mucho más aún si se hace pensando en derivaciones a la sanidad privada.

     Que el gobierno español mire, es un decir, los que miraron fueron patrulleras de la Guardia Civil, mientras un petrolero iraní era interceptado y retenido por Inglaterra en aguas supuestamente españolas, no es una obscenidad, pero casi llega a serlo. Cumplían los ingleses con las resoluciones de la Comunidad Europea al proceder de tal forma, pero si fue en aguas españolas y no hacemos nada o casi nada, que no es lo mismo, pero es igual, estamos ante una obscenidad manifiesta.

     Del medio millón de euros que Hacienda, que somos todos, se ha gastado en comprar sin publicidad y por vía de urgencia un coche para uso y disfrute de la Casa Real, mejor no hablo. Pero creo que tanto el gobierno como la titular de Hacienda nos deben al menos una explicación a los españoles que hemos sido los pagadores del coche.

     No ha sido esta una semana tranquila y relajada desde el punto de vista informativo. Y si a eso añadimos que aún estamos con los pactos, prepactos, pospactos y pactos fallidos de las nuevas comunidades y alcaldías, que el presidente en funciones parece estar convencido de que se le debe todo y debe ser investido gratis total y que sigue haciendo calor, mucho calor, no es raro que esté a punto de pedirme la baja por estrés durante al menos lo que queda del verano.

     Lo malo es que como no trabajo, no tengo a quien presentarle la baja. Y sí, pedirse la baja por que te han dado la del pulpo por la zafiedad y obscenidad de tus declaraciones, también es una obscenidad.


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