Teoría del funcionamiento automático de España

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    Empiezo a sospechar que en España las cosas funcionan más o menos como en el barco de Gep Ganapia.

     El protagonista de “La extraordinaria expedición de Gep Ganapia” de Josep María Folch i Torres en una de sus delirante ideas asume el mando de un barco, puesto por el gobierno inglés, para ir a la India (creo recordar), sin idea de ningún tipo de navegación o marinería comienza a decir lo primero que le viene a la cabeza en catalán y los marineros, que saben perfectamente lo que tienen que hacer, pensando que les ordena lo oportuno, hacen lo necesario para la navegación.

     Y eso es lo que creo que ocurre afortunadamente en la vieja piel de toro. Todos, más o menos sabemos lo que tenemos que hacer para que funcione medianamente bien; porque estoy convencido de que es así, que los servicios esenciales, tanto públicos como privados, funcionan, puede que haya fallos, puede que puntualmente se produzcan averías de agua, cortes de luz o de internet, pero básicamente esto va para adelante. Y no es precisamente por la labor de nuestros políticos en el gobierno o la oposición, cualquier gobierno o cualquier oposición, si no, precisamente porque quienes tienen que hacer que las cosas funcionen lo hacen sin esperar otra cosa que su sueldo, que siempre será muy inferior al merecido entre la clase trabajadora y muy superior en las clases dominadoras del cotarro.

     O eso es así y mi teoría es cierta o es que en los últimos tiempos he tenido la enorme suerte de topar, no con la Iglesia, si no con los más entusiastas y acreditados profesionales. Y esto es así en las dependencias públicas, consultorios, hospitales, oficinas de trabajadores sociales, ayuntamientos...como en los establecimientos privados que frecuento y que son, todos los necesarios para mantenernos, mi familia y yo, vivos y con un estado de salud aceptable. Dependientas y cajeras de negocios de comestibles, farmacéuticas, propietarios y empleados de establecimientos de hostelería, jefes y empleados de oficinas de correos; la gente que hace posible que ahora yo disponga de la energía eléctrica necesaria para escribir esto en el ordenador y de la conexión a internet para que llegue a donde debe llegar, que es al rincón de la mirada donde cada viernes opino de lo divino y lo humano sin otra cortapisa que el respeto a las leyes y a mis lectores ( y el de la ética que el medio exige a sus colaboradores, como debe hacer todo medio que se precie de veraz y serio).

     En el fondo toda esa gente sabe hacer su trabajo y lo hace sin que las ocurrencias de quienes nos gobiernan o aspiran a hacerlo algún día les motiven o les desmotiven mucho más que a usted y a mi. Ciertamente hay días en los cuales me dejo llevar por el desánimo al ver a la tropa que hay: pero basta una mínima reflexión e indagación en la Historia de nuestro país y de la de otros países, para llegar a la conclusión de que no ha habido época o lugar geográfico en la que los que realmente tenían el poder no lo manejaran para mantenerse en él y disfrutar de todos los privilegios que el poder trae consigo. Y esto vale para la Roma republicana en la cual los miembros de Senado gobernaban para la minoría de la aristocracia del dinero y en contra del resto de los ciudadanos romanos, de los esclavos, mejor no hablar. O para el Imperio Español en el que no se ponía el sol nunca, para los actuales Estados Unidos o para la Cuba burdel de Batista o la Cuba Cuartel de Fidel.

     Pero afortunadamente, nosotros, la gente, el pueblo, sabemos lo que tenemos que hacer cada día para que nuestros pueblos, ciudades, autonomías y países funcionen lo mejor posible y hacemos oídos sordos a las majaderías con las cuales nos obsequian nuestros políticos y sus políticas. Afortunadamente no es mucho lo que pueden romper mientras seamos los de abajo los que podamos elegir al que ha de gestionar la cosa pública.




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