Noel Clarasó

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    Supongo que casi toda la gente que escribe tiene unos referentes sobre los que ha edificado su arte, su más o menos arte a la hora de contar y contarse.

     Naturalmente el talento de los maestros no se trasmite al alumno, pero sí, hasta cierto punto, algunas hebras con las que ir cosiendo el discurso; en mi caso uno de los autores que más me influenció, que aún me influencia es Noel Clarasó, escritor, periodista, guionista de televisión y , sobre todo, humorista, que no cómico, aclaro. No me refiero tanto al estilo si no a los temas que afronto o dejo de afrontar y, muy especialmente, a la forma de entender el hecho de estar aquí, de pasar por la vida. Era Clarasó, si he de creer en sus escritos y no veo por qué no hacerlo, hombre sencillo en sus gustos, aficiones y en los temas que escogía para escribir; pero sobre todo era un humorista, ya lo he escrito antes, alguien para quien poner una sonrisa en el lector era tarea obligada. Sonrisa he dicho, que no risa ni carcajada. ”El hombre se dedica a desear en voz alta aquello que jamás se esfuerza en alcanzar.” He aquí en una frase breve y sencilla, una provechosa lección para nuestros tiempos. Deseamos, pero no nos esforzamos en conseguir lo que deseamos y, con tal de no aceptar esta inacción que nos conduce no al fracaso, todo fracaso lleva implícito un esfuerzo, si no a al hastió vital, culpamos a los demás. Tampoco es la primera vez que he escrito esto.

     Cuenta en uno de sus artículos periodísticos Clarasó que un escritor primerizo le comentó que qué debía hacer cuando notase que se atascaba ante el folio en blanco, o la libreta escolar de cuadraditos, que vaya usted a saber lo que usaba el autor. Cambie de pluma, le aconsejó. “yo tengo una buena colección de ellas y antes de escribir nada las pongo en orden en la mesa y las miro hasta que una de ellas me dice “Yo, yo, cógeme a mi”. Naturalmente creo que lo que hacía mientras miraba las plumas era darle vueltas al magín sobre el tema a escribir. Una pena, (me dice mi lector ideal, que es mi más feroz critico), que no hagas lo mismo, es decir, pensar en vez de ponerte a escribir a tontas y locas. Cada uno es como es.

     Es en estos tiempos en que en Andalucía se acercan cambios, de calado, según se nos avisa, es cuando más echo en falta la bonhomia de Noel Clarasó, alguien que hoy está casi totalmente olvidado, pero que a mí y gracias a la lectura de sus libros, algunos de ellos y de sus artículos de prensa me hizo llegar a concebir la idea de que tal vez hacer lo que él hacía, escribir sencillamente de temas sencillos y casi cotidianos, no era mal modo de pasar los ocios que una vida sin grandes pretensiones ni necesidades, más allá de cubrir las básicas y esenciales puede ofrecer.

     Y he aludido a la bonhomia del autor porque dudo mucho, muchísimo que el término se pueda aplicar a quien será el próximo presidente de Andalucía. En fin, no adelantaré acontecimientos ni juzgaré antes de tiempo.

     Les dejo con una frase de Noel Clarasó, que creo que viene muy bien al caso: ”Un hombre de Estado es el que se pasa la mitad de su vida haciendo leyes, y la otra mitad ayudando a sus amigos a no cumplirlas”.

    Un cierre redondo.


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