No voy a contar milongas

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    Entre otras razones porque la milonga ya la tengo escrita (Milonga del pobre agallas).

     Y no es que la situación del país, de la comunidad y si me apuran de la localidad en la que nací y resido sean, para un español de izquierdas, la ideal. Pasa simplemente que como el toro de Miguel Hernández me “crezco en el castigo” y no quiero abandonarme al desánimo. Las cosas están como están, pero podría ser muchísimo peor. Todavía no cogemos pateras ni lanchas de juguete para irnos a África a mejorar de vida. Como mucho vemos como la gente joven y suficientemente preparada para ejercer sus profesiones se tienen que ir a países en los que se suele pagar el trabajo con más alegría de la que se suele emplear por aquí. Pero eso pasaba de antes, y pasará después.

     Todavía uno puede dormir tranquilo sabiendo que ningún avión ruso, francés o de Estados Unidos le va a reventar la casa; nuestros niños pueden ir al colegio, algo que observo cada día desde mi ventana, sin temor a ser detenidos por un soldado israelí, o sin morirse de hambre, como los yemenís, como los niños yemenís, digo.

     Aún tenemos una sanidad pública que, a pesar de los recortes, a pesar de todos los pesares, funciona, gracias al trabajo y la entrega vocacional de sus profesionales, desde el primero, al último. Supongo que otro tanto pasa con la enseñanza pública que se sostiene gracias a los maestros y maestras de la comunidad y de toda España. Naturalmente hay razones para el desánimo si pensamos que todos los derechos que hemos ido arrebatando a lo largo de la lucha de la clase obrera pueden sernos arrebatados. Pero hoy, a punto de terminar este año y de comenzar el nuevo no pido otro deseo que el de que seamos capaces de luchar pacíficamente por ellos. De echarnos a la calle cuando haga falta para que la democracia pueda dejar funcionar los anticuerpos que frenen las agresiones, que no vendrán en forma de fascismo, si no, como venía siendo y viene siendo habitual, en forma de recortes y más recortes en todo aquello que sea público y suponga una mejora en la vida de la clase trabajadora.

     Naturalmente hay que dar a los recién llegados al poder en Andalucía la enhorabuena por su llegada, que es perfectamente legítima y legal, como la de la presencia en La Moncloa de quien en ella reside. También hay que concederles el beneficio de la duda. Y esperar a que sus actuaciones mejoren realmente la calidad de vida de la clase trabajadora y media, que es su oferta, según lo leído, desear que sean capaces de que esta tierra deje de ser la más azotada por el paro, que es su propuesta y, en definitiva, que todos vivamos mejor. Ellos, desde luego, con la subida de sueldos van a mejorar su nivel de vida.

     No otro es mi deseo para todos los españoles de buena fe y de mala, también, que aquí cabemos todos: Que esta tierra mejore, si es que es posible o si no que al menos nos quedemos como ya estamos.

     Feliz año nuevo a todos mis lectores, a quienes no me leen, a mis amigos y conocidos, a los que no conozco y, sobre todo que sea posible, si no la paz universal, que en la guerra mueran sólo los profesionales de ella. Y que ninguna mujer viva con miedo por el simple hecho de serlo.

     Por una vida que sea digna de ser vivida para todos, no únicamente para una minoría privilegiada.

     Que así sea. Y cuidadín ahí fuera con las inocentadas.



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