No sé qué es Andalucía

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    Soy andaluz y hasta donde puedo rastrear mis orígenes, mis bisabuelos, desciendo de gente nacida en Andalucía.


     Y a pesar de eso, aún no tengo claro que es “ser andaluz” ni puedo tener otra visión de esta tierra que la que he experimentado por mí mismo; lo que la convierte en una visión mínima de una realidad muy superior. Conozco mi pueblo, conozco de pasada algunos otros pueblos andaluces, pero los conozco desde el conocimiento de un alhameño de clase trabajadora e ingresos suficientes para mi modo de vida, pero magrísimos para mantener el modo de vida de los propietarios del Palacio de Dueñas.

     Por eso, si yo que soy de aquí no sé casi nada de mi comunidad autonómica, aconsejo a los de fuera de aquí mucha calma y mucho sosiego antes de largar por la boquita los denuestos y descalificaciones que suelen usar para referirse a nosotros como gente inculta, subsidiada, con acento divertido (o directamente que no sabemos hablar) con dos años de retraso en conocimientos académicos o, la penúltima, más dados a las cervecitas, las tapitas, la playita y las gambitas que a estudiar y trabajar.

     Pero también aconsejo la misma mesura y tiempo de reflexión antes de hablar, a bastantes de los que pretendiendo defender a Andalucía caen casi en lo mismo que los que pretenden atacarla, es decir, en el tópico, el lugar común y la exageración. “Todos los andaluces son analfabetos” dirá el político escocido por los resultados adversos de su formación. A lo que el defensor de turno sacará la misma lista de escritores andaluces, nacidos si en Andalucía, pero que no escribieron nunca en otra lengua que el castellano, ese mismo castellano que uso yo ahora mismo y en el que no se nota el acento de Alhama. Y que a poco que pudieron se fueron a Madrid. Es una simple anécdota. Pero sí es cierto que tengo la sensación de que es casi imposible hablar de Andalucía con moderación y conocimiento, tal vez por ser tierra a la que o se odia o se ama, pero que no deja indiferente a nadie, (note el lector que acabo de caer, ex profeso en lo mismo que critico “tierra que se odia o que se ama, pero que no deja indiferente a nadie”).

     Es cierto que es una de las regiones del sur de Europa más pobres, pero no creo que sea por el efecto disuasorio para buscar trabajo de los subsidios. Eso de la red clientelar que hace que aquí votemos al PSOE para lucrarnos con el PER. Los beneficiarios de este sistema de empleo, al que sigo llamando PER para que se me entienda, pero que ya no se llama así son poco más de 200 000, de una población total de 8 400 000, de los cuales en septiembre de 2018 había 3 031 000l afiliados a la Seguridad Social, según datos oficiales, de los cuales 531 419 son autónomos. No parece que esos poco más de 200 000 andaluces subsidiados sean capaces de quitar y poner gobiernos. Por otra parte, quienes hayan conocido la Andalucía anterior al PER sabrán que era mucho más pobre que ahora mismo, pobre a todos los niveles hasta tal punto que recién llegado a Alhama a principios de los años ochenta del pasado siglo no estaban asfaltadas todas las calles ni había un consultorio médico mínimamente digno. Habrá que buscar pues en otro lado el fracaso de las alternativas al PSOE, tanto por la derecha como por la izquierda.

     No conozco más que una parte de Andalucía, pero a esa la he visto mejorar, prosperar y modernizarse con el trabajo propio, con su esfuerzo y, sí, con las ayudas recibidas de los fondos FEDER, que también han ayudado a las demás comunidades autónomas, que han hecho que la brecha que nos separa de las regiones más prosperas de Europa, que se beneficiaron del Plan Marshall, no lo olvidemos, haya disminuido. No sé si es gracias a los gobiernos socialistas o pese a los gobiernos socialistas, o si lo sé no quiero entrar ahora en ese debate.

     Por cierto, lo que los trabajadores de Navantia quieren no son subsidios si no carga de trabajo para poder seguir viviendo de su trabajo. Los componentes de Mama Llama además de músicos desempeñan sus trabajos habituales, mi amigo y compañero de Alhama Comunicación, Pablo Ruiz, es músico, estudiante, cohetero, cocinero y fotógrafo y casi toda la gente que conozco vive de su honesto trabajo, desde la delegada del gobierno de Andalucía hasta el último emigrante colombiano, pasando por mi óptica, mi florista, mi librera y los propietarios y empleados de mis bares preferidos. El que no trabaja, obviamente soy yo, pero los encargados de controlar en lo que anda cada uno, los cuerpos de seguridad del estado de mi pueblo saben que mis medios de vida son absolutamente lícitos y obtenidos con el esfuerzo de mis cotizaciones.

     Naturalmente, también como en la canción de los hermanos Amador en “Sevilla hay dos clases de ciegos, unos que venden cupones y otros se arrascan los huevos”. En Sevilla, en Andalucía y en toda España siempre ha habido, hay y habrá quien vive del sudor de su frente y quien lo hace del sudor del de enfrente. Pero esto pasa hasta en las mejores familias. Y ahí lo dejo.

     He intentado acercar al lector a una visión de la mínima parte de Andalucía que conozco sin caer en tópicos ni lugares comunes. Otra cosa es que lo haya conseguido. En todo caso, Andalucía es una realidad mucho más compleja que lo que cabe en el espacio de una mirada y desde luego para caber en el intelecto de muchos de sus detractores y defensores.

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