¿El pueblo más bonito de Andalucía?

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    El mismo paisaje no es igual un lunes a las ocho de la mañana, que un viernes a las seis de la tarde.

     Ni siquiera el más hermoso de los lugares resistiría a la dura prueba de un domingo por la tarde, tiempo de tristeza devenida por la pérdida del Edén inicial, la primera infancia, antes del colegio. Es sumamente complicado decir que tu pueblo es el más bonito de tu autonomía si para llegar a fin de mes con alguna dignidad y solvencia dependes de un sueldo devenido de una nómina. Máxime si ese pueblo es escaso en trabajos retribuidos, más allá de los pocos jornales agrarios o el alivio de la hostelería. Y la siempre heroica resistencia de los autónomos dotándonos de servicios esenciales, no me olvido de ellos. Mi pueblo, como otros tantos de esta tierra, de este país, no es país para jóvenes y sí lo es para viejos, pensionistas o rentistas. Para gente, en cualquier caso, que disponga de una entrada garantizada de capital con la cual afrontar los pagos ineludibles que el vivir, el simple seguir viviendo, traen consigo.

     No me sirve de nada vivir en el pueblo más bonito de Andalucía si los encargados de gestionar la cosa pública y procurar a sus vecinos el prometido bienestar, prometido en las elecciones, se limitan a esperar que la Diputación y la Junta les haga llegar las subvenciones para crear puestos de trabajo, siempre temporales y no parecen tener en mente más preocupación que la de hacer oposición a la Junta de Andalucía.

     No me sirve de nada vivir en el pueblo más bonito de Andalucía si la cultura parece ser la hermana pobre, abandonada por los gestores municipales, si bien muy bien atendida por sus protagonistas reales. Ahí tenemos muy reciente ese encuentro de bandas de música que quedó en concierto de la banda de la EMAG que supieron cumplir con su parte y suplir magníficamente a la banda ausente.

     No es tema baladí el de la cultura, dado que puede ser una baza importante para atraer a un turismo distinto del turismo de barra gratis, o casi gratis, con todos mis respetos para ese turismo; pero dado el caso de que en este pueblo faltan puestos de trabajo que retengan al mucho talento que en él había, y ha tenido que irse a buscar el sustento, no sería mala cosa ir pensando en crear eventos culturales, lúdicos, y festivos capaces de atraer a gente que se deje algunos euros en nuestro pueblo,

     Pero para eso hace falta la unión entre la empresa privada que cree infraestructuras capaces de atender y alojar a esos supuestos turistas y el impulso de las administraciones locales, provinciales y autonómicas. Poner pancartas y hacer gracietas con “la carretera” puede molestar a alguna gente, divertir a otra y dejar indiferente a la gran mayoría (ahí está esa concentración ante la delegación de la junta en la que casi cabían en un taxi), pero lo que no va a hacer es conseguir ningún proyecto serio para revitalizar una zona en la que únicamente los que, por una u otra razón, están exentos de la servidumbre del trabajo diario, pueden disfrutar de atardeceres tranquilos, amaneceres exultantes y un estilo de vida relajado. Dice el dicho latino que “primero vivir, después filosofar”; pero se da el caso de que para vivir antes es preciso un plan previo de cómo vivir, de qué manera atender las necesidades de la vida. O, a Dios rezando y con el mazo dando, que afirma el refranero español.

     Tenemos un castillo en manos privadas, tenemos un edificio emblemático, el del Cine Pérez en manos públicas y, con un poco de suerte el acelerador de partículas se queda por aquí cerca, en Escúzar; recursos hay para intentar salir de la apatía y el desánimo para intentar hacer de este pueblo el más bonito de Andalucía, incluso un lunes a las siete de la mañana. Cuando uno trabaja en lo que le gusta, todos los días son festivos. Y no me digáis que para que eso pueda ser, es imprescindible que se acabe la carretera. Seamos serios, al menos por un ratito. Nada cuesta pensar en qué podemos hacer con lo que tenemos si somos capaces de pensar en granadino y comarcaleño de Alhama y dejamos de pensar únicamente en popular, socialista o afines. Y, tampoco estaría de más que a quien competa le dé un achuchoncillo a la carretera, aunque sólo sea para que algunos se callen, digo yo, sin ánimo de incordiar a nadie.

     Y con esto cerramos el quiosco de las miradas durante el mes de agosto, para disfrutar de unas inmerecidas, pero siempre bien venidas vacaciones.


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