“Derecho supremo, suprema injusticia”

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    La frase la dejó escrita Cicerón y creo que resume bastante bien lo que pienso en este momento.


     Que la libertad condicional para los miembros de la manada es legal y ajustada a derecho, no puede ser de otra manera, pero que también es profundamente injusta para la víctima de esos abusos sexuales, según consta en sentencia. ¿Debe prevalecer el derecho de los delincuentes ya no presuntos sobre el de la víctima? Este es el debate que me suscito conmigo mismo y llego a la conclusión de que debe prevalecer siempre el de la víctima. No es venganza que esperen en la cárcel la sentencia en firme, creo honesta y humildemente. Del mismo modo creo que a la víctima la han violado ya con esta, tres veces. Y creo que la violación moral de saber que sus verdugos están libres, a más de quinientos kilómetros de ella, pero libres, no debe ser menos dolorosa que las dos anteriores.

     Y de este hecho que me duele, aunque ni siquiera conozca a la víctima, me duele, como todas las injusticias que se amparan en la ley y el derecho. Que son las peores. Y aquí sí que todos o casi todos tenemos parte de la responsabilidad en tanto en cuanto que votantes de los diputados que redactaron las leyes que han hecho posible una decisión judicial que sólo ha alegrado el día a los delincuentes y, supongo que a sus madres. Esto es lo que pasa cuando se vota por fulanito o menganito o fulana de tal o zutana de cual por su simpática sonrisa, sus sienes plateadas o cualquier otro planteamiento que no sea el del programa electoral con el que se presenta, con el que quiere gobernar y con el que quiere legislar, esto es, hacer las leyes que van a dirigir nuestra vidas ciudadanas en ámbitos tan distintos como la atención sanitaria que vamos a tener, si todos los españoles vamos a ser iguales ante la ley, dónde podemos o no fumar o que podemos escribir o no libremente en redes sociales, artículos de opinión o grupos de wasaps. No hay, prácticamente, ningún resquicio o ámbito por el cual la acción punitiva, coercitiva e intrusiva del Estado no pueda colarse. Y lo doy por bueno siempre que esas acciones sean para controlar y evitar que los más fuertes lo puedan todo en detrimento de los más débiles. Y en este mismo momento en el cual escribo y los miembros de La Manada están a punto de salir de la trena, tras depositar los 6.000 euros de la fianza, me pregunto si el actual Estado está o no por la labor de hacer precisamente eso, que los más fuertes, en todos los sentidos, no puedan hacerlo todo.

     Insisto en que no basta con votar cada cuatro años, o asistir al espectáculo de una moción de censura, para cumplir nuestros deberes como ciudadanos El control de los poderes públicos, siempre en el marco de la ley nos es esencial, del mismo modo que tenemos el deber de saber a quién votamos, por qué le votamos y qué esperamos de él (en ese “él” personifico al partido más que al candidato).

     De otro modo nos podemos ver en la desagradable situación de ser cómplices involuntarios, cómplices sin conciencia de serlo, pero no menos cómplices, de quienes redactaron las leyes que han hecho posible que hoy estemos contemplando, o a punto de contemplar, la puesta en libertad de un grupo de gente que, no sólo por el hecho de ser delincuentes son profundamente desagradables.

     Dejarse llevar por las encuestas, por las simpatías o antipatía personales es totalmente lícito a la hora de animar a un equipo de fútbol o grupo musical, pero en el terreno de la política y a la hora de elegir a quien gobierna y legisla hay que andarse con bastante precaución. Y siempre exigir a quienes están ahí, por su voluntad y la nuestra para resolver nuestros problemas que no los aumenten, en la medida de lo posible.

     Sirva este desahogo mío para manifestar a todas las victimas de todas las decisiones judiciales, legales pero injustas, mi simpatía y solidaridad.” Nulla justitia est vera sine bondate” No hay verdadera justicia sin bondad (Raimundo Lulio)

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