Se lo debemos a Paul

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    Parece ser que la primavera se ha decidido a entrar de lleno con todo su esplendor.


     El Partido Popular está en la oposición, más por sus propios errores que por acierto de la oposición, pero ha sido desalojado del gobierno, Rajoy ha dimitido, o eso parece. El nuevo presidente, al que todos daban por muerto políticamente apenas unos días antes, ha conseguido reunir un gobierno, que, pese a algún desliz inicial, no pinta mala del todo. Se dan, pues, las condiciones para que los españoles damnificados por el anterior ejecutivo podamos festejar el tiempo nuevo, el aire nuevo que traen la primavera y el cambio, que es mucho más que un cambio de gobierno.

     Pero como mandan las normas de la cortesía periodística conceder cien días al nuevo gobierno antes de comentar sus aciertos y desaciertos hoy toca hablar de fútbol, como el lector habrá deducido del titular o título de la mirada de hoy (la foto también ayuda bastante a deducirlo)

     Merecemos los españoles que henos sufrido recortes de todo tipo de derechos y bienes del estado de bienestar, que hemos padecido los discursos incomprensibles de Rajoy, que nos hemos tenido que avergonzar las más de las veces, no del hecho de ser español, sino de nuestro gobierno, merecemos, decía, disfrutar nuevamente de la alegría de una victoria de La Roja. Y, para los españoles que asisten mohínos, cabizbajos y apesadumbrados al derrumbe temporal de sus líderes, la victoria del equipo nacional serviría de lenitivo a tanta desazón.
    Es cierto que el cambio a dos días del inicio de todo, de Lopetegui por Hierro puede parecer un hándicap, pero si Joaquín dice que no pasa nada, que más unidos que nunca, yo, que confío en la gente que sabe lo que se trae entre pies, si son futbolistas, no tengo más remedio que aceptar como bueno lo que el bético ha dicho.

     Por otra parte, el malagueño ha demostrado sobrado valor al aceptar el reto de dirigir a la Selección Nacional con tal premura de tiempo. Valor y respeto por España, por los españoles y por el mundo del balompié. Estoy seguro de que el sueldo que implica el cargo, que es bastante goloso, por otra parte, no ha sido el principal motivo para acceder al puesto. Deben los aficionados madridistas muchas alegrías al buen hacer del veleño en sus tiempos de jugador del Real Madrid y las deben todos los aficionados en general en su desempeño como jugador del equipo que ahora dirige, casi treinta goles marcó con la Selección Nacional, lo que le sitúa en cuarto lugar como goleador histórico, según las páginas que he consultado para documentarme y hablar con alguna propiedad en un tema, como el fútbol, en el cual mi ignorancia supera, con mucho, a la habitual en mí en otros temas.

     Es cierto que no es fácil, pero más difícil lo tenía Pedro Sánchez hace apenas unos días y ahí está. A fin de cuentas, se trata de hacer que cada uno de los jugadores seleccionados para cada partido haga lo que tiene que hacer y, sobre todo, que la Roja funcione como un equipo cohesionado con ganas de comerse el mundial y, de paso, hacerse con la suculenta prima que otorga el triunfo. De momento y la hora que escribo caben todas las posibilidades y esperanzas y falta ver lo que hacemos ante Portugal, esta misma noche.
    Ahora es a ellos a los que me dirijo: Salid al campo a jugar, a disfrutar del juego y a hacernos disfrutar al resto de los españoles, recordar que tenemos puestas las esperanzas en vuestros pies y no nos decepcionéis.

     Que el cambio de estación y el cambio de gobierno vengan acompañados de esa copa que simbolizará el triunfo no sólo de una selección nacional, sino de todos los que durante años hemos querido ver a Hierro al frente de La Roja, como Seleccionador Nacional. Por su trayectoria deportiva y humana que lo aleja bastante de ese delincuente confeso que es Ronaldo.

     Se lo debemos a toda esa gente que vive el fútbol, se lo debemos a la gente que quiere seguir celebrando, se lo debemos a la gente que quiere un soplo de alegría en medio de sus tristezas.

     Pero sobre todo se lo debemos a Paul, el pulpo que confió en la Roja.



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