Carta abierta al teniente Daró

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    No fueron los trescientos de Leónidas, ni la batalla tuvo lugar en la Termophilas, fueron tres compañías de fusileros, 400 hombres en total.


     El frente estaba a unos cuatro kilómetros de Alhama de Granada, los hombres del Regimiento Naval de Cartagena número 1, habían llegado hacía las ocho de la mañana del 22 de enero de 1937, después de un viaje nocturno, procedentes de Málaga y se desplegaron en un frente de unos tres kilómetros de amplio, a toda prisa, sin conocer el territorio, haciendo frente al ataque de las fuerzas italianas y la caballería mora, así como a la aviación. En total unos 5.000 combatientes aportados por Italia y los moros para tomar Alhama de Granada para Franco. Pese a ello los soldados del Regimiento Naval de Cartagena número 1 lucharon desde las ocho de la mañana hasta las cinco de la tarde. Pero no llegaron los refuerzos ni el apoyo aéreo prometido y 6 oficiales, 3 suboficiales, 11 cabos y 130 soldados de del ejército de la República quedaron para siempre, al menos hasta hoy, en Alhama de Granada, la población que fueron a defender.

     Y uno de los oficiales era usted, el teniente de Infantería de Marina Don Jesús García Daró, militar profesional y que hizo, por tanto, lo que se esperaba de él: Permanecer leal a su patria, España, al gobierno legítimo y a la bandera tricolor. Ignoro su historia al margen de lo que acabo de escribir, pero le supongo un ciudadano normal, un militar sin ideología concreta, muy lejos del estereotipo que la propaganda franquista creó de “las hordas marxistas” y los rojos.

     Cumpliendo con ese deber murió en combate, con 38 años y desde esa fría mañana del invierno de mi pueblo, están sus restos mortales esperando que se haga justicia. Algo se ha avanzado. Gracias a un artículo publicado en este medio, su nieto tuvo noticia del lugar en el que está enterrado, del lugar en el que dio si vida defendiendo un pueblo, Alhama de Granada, sin otra especial relevancia para esta historia que la de ser paso obligado entre Granada y Málaga. Tomar mi pueblo era esencial para tomar Málaga.

     Pero yo, como alhameño que soy y como alhameño republicano, siento que de algún modo estoy en deuda con usted y con los infantes del marina del Regimiento Naval de Cartagena, con todos, con los que quedaron aquí y con los que sobrevivieron. Todos defendieron Alhama del ataque de los “nacionales”, que, ya ha quedado apuntado, eran soldados italianos y la caballería mora. Curioso. Y el único modo que tengo de reconocer, que no saldar, esa deuda es dar a conocer esta historia a mis paisanos, es dar a conocer su historia, con nombre, graduación y destino y su imagen, para poner cara a uno de los defensores de la legalidad republicana que dejó si vida, no muy lejos de donde escribo, apenas un paseo de media hora poco más o menos, si imagino, que cayó cerca del Puente de la Lancha, que fue uno de los lugares que señaló Juan Antonio Olivares al dar a conocer esta historia en un acto público reciente de Memoria Democrática. También en ese acto estuvo presente su nieto, mi teniente, que visitó nuestro pueblo para obtener información del lugar en el que están sus restos, para hacer lo posible para llevarlos a dónde tienen que estar, que es cerca de su familia, de sus descendientes. No tengo modo de saber qué es lo último que pensó antes de morir, pero puedo imaginar que fue en su familia, en Cartagena y en el mar.

     No es en modo alguno una historia vieja, es la historia de ahora mismo, puesto que para su nieto, como para todos los descendientes de esos desaparecidos durante la guerra y después de la guerra el dolor, la incertidumbre de no saber dónde están sus familiares es de ahora mismo, justo de este momento en el que escribo. Y lo será hasta que no quede ni una sola fosa común, ni una cuneta sin investigar, ni un solo cadáver sin sepultar dignamente.

     No se trata de revancha, no se trata de venganza, no se trata de abrir heridas si no, precisamente de cerrar las heridas de una vez para siempre, pero de cerrarlas bien, no en falso. Las víctimas de la guerra, o de antes de la guerra caídas por luchar por el fascismo tuvieron su reconocimiento a lo largo de toda la dictadura y hoy, también lo tienen.
     Las víctimas de los defensores de la República y sus herederos lo único que quieren es algo tan simple como que su nombre quede limpio, que sus restos descansen por fin en paz cerca de sus familiares.

     Espero, teniente Daró que este medio pueda dar la noticia de que sus restos han sido recuperados y llevados a donde le pertenece estar, junto a su familia.


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