Acepto pulpo como animal de compañía

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    La frase, que tiene como origen un anuncio de la tele de los años noventa, significa que, en busca de un bien, sea el que sea, se transige con lo imposible. Más o menos.

     Acepto pulpo como animal de compañía e incluso estaría dispuesto a aceptarlo como integrante de algún tipo de gobierno de amplio espectro, toda vez que parece ser que los pulpos poseen inteligencia en mayor grado que algunos de nuestros políticos de más fuste, aclaro que uso fuste (nervio, sustancia, entidad) con matiz irónico. Seamos serios: Los pulpos tienen la capacidad de reconocer su entorno, adaptarse a él y resolver problemas. ¿Solucionan los gobernantes nuestros problemas? Pues ya está.

     Y puesto que ya he aceptado pulpo como animal de compañía, tampoco hay nada que me impida sumarme a todos los que creen que todos los andaluces somos graciosos, vagos, muy vagos y aficionados a los toros, las sevillanas, el Rocío y todo el resto de los tópicos, que, para defender sus teorías de supremacía catalana o vasca o marciana, usan algunos. O simplemente por fastidiar.

     Vale. Soy andaluz, es decir que soy absolutamente alérgico al trabajo, a cualquier trabajo y únicamente lo hago, trabajar, cuando no me queda otro remedio, hasta tal punto de que sólo me pongo ante el teclado después de decir varias veces al mismo que escriba el artículo con la idea “acepto pulpo como animal de compañía”. Del mismo modo únicamente friego los platos hago y el resto de las tareas que me corresponden, tras darles tiempo suficiente para que se hagan solas.

     Naturalmente mi vida es un no parar de fiestas, saraos, juergas, corridas de toros, ferias, bailes desenfrenados y consumo de hectolitros de manzanilla de Sanlúcar de Barrameda, rebujitos y, de vez en cuando unos litros de vino de Aranzada, por aquello de hacer patria.

     Y ya que vamos a eso, soy granadino, lo cual significa que tengo una malafollá muy, muy grande, en todo lo que hago, pienso y digo (y escribo); eso si, me precio de no ser malafollá. La diferencia está en que tener malafollá es contar un mal chiste mal contado y ser un malafollá es ser de trato difícil. Creo que de eso ya he escrito antes.

     También creo que he escrito varias veces acerca del trabajo, del que creo que no es un derecho ni un deber, aunque así esté recogido en nuestra constitución, sino una necesidad que nos viene impuesta, la de adecuar el entorno a nuestras necesidades. Y, por otra parte, casi lo mejor de nuestra cultura, de eso que llamamos cultura, fue creado por gente fuera de sus horas de trabajo: Cervantes no escribió sus obras en horas de trabajo, si no de ocio, Sócrates no filosofó mientras le daba al martillo y al cincel junto a su padre, Federico García Lorca era rico por su casa, Antonio Machado daba clases de francés, por poner algunos ejemplos de gente cuya contribución a eso que llamamos cultura la hizo cuando no trabajaba. Con lo cual cabe preguntarse otra vez que a qué llamamos trabajo o de qué hablamos cuando hablamos de trabajo.

     Pero prosiguiendo con los tópicos del andaluz vago, también tengo escrito que “Me detengo en el tópico del andaluz vago porque es el más utilizado y viene de muy antiguo; ya el filósofo José Ortega y Gasset en un libro publicado en 1942, El ideal Andaluz y otros ensayos afirma que la base de la cultura andaluza es el mínimo esfuerzo, debido a que " vive el andaluz en una tierra grasa, ubérrima, que con mínimo esfuerzo da esplendidos frutos (...) el clima es tan suave que el hombre necesita muy poco de esos frutos para sostenerse". Lo del mínimo esfuerzo que se lo cuenten a nuestros mayores que han ‘segao’ de sol a sol... La idea central de este ensayo es que los andaluces vivimos poco menos que del aire y del sol y que no apetecemos nada más que eso, que nos repele el trabajo y que toda la cultura andaluza se fundamenta en evitar a toda costa el trabajo:" en vez de esforzarse para vivir, vive para no esforzarse, hace de la evitación del esfuerzo principio de su existencia". Con esos mimbres se tejió el cesto del vago andaluz.”

     Y si lo dijo Ortega y Gasset, que era conocido como el filósofo de las marquesas, nosotros a no poner contras, que lo de poner contras es mucho esfuerzo y cansa, somos vagos, aceptamos pulpo como animal de compañía y lo que digan por ahí fuera se nos debe dar una higa.


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