Anécdotas de Santeña: El cine mudo y ‘Don Juan Tenorio’

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     Cuando el arte del cinematógrafo empezó a salir de las ciudades para dejarse ver y admirar en las zonas rurales, nuestra querida Santeña no fue una excepción y a ella llegó también una humilde muestra del séptimo arte.

     La primera vez que tan innovadora técnica hizo su aparición en nuestro pueblo fue de manos de un señor, forastero por supuesto, un tanto desgarbado y con inequívocas señales en su general aspecto de que padecía lo que ahora llaman ‘hambruna’ y entonces se decía sencillamente ‘hambre’. Entró el pobre diablo por la plaza en una bicicleta marca ‘Ciclos Cil’ con las cubiertas llenas de burujones, se acercó al corro de hombres que allí había y, muy respetuoso, saludó:

    ––“Buenas tardes tengan ustedes “.
    ––“Buenas tardes, maestro”, -le contestaron ellos.

     Y sin más preámbulo, el forastero se puso a platicar sobre el arte de la cinematografía asegurando que ahora podrían admirar todos los habitantes de la localidad las maravillas de técnica tan novedosa y sorprendente, aunque no aquella misma noche porque venía muy cansado y primero tenía que alojarse y descansar.

     A la mañana siguiente, se fue el hombre para el callejón del Cura y quedó satisfecho con el lugar ya que, por ser corto y sin salida, resultaba muy apropiado para fiscalizar la entrada. A media tarde se tapó la embocadura con unos ropones de los que se usan en la aceituna, dejando sólo el hueco para acceso del público. La función era a las diez de la noche y el precio de entrada dos reales, pero si no se disponía de dinero podía pagarse en especies: pan, garbanzos, aceite o tocino. El filme en cartelera era nada menos que la inmortal obra del laureado poeta don José Zorrilla, Don Juan Tenorio. Los residentes en el espacio acotado tenían entrada gratis por razones obvias, pero también fueron autorizados a entrar de balde José El Máquina y Manuela, su esposa, por la labor de propaganda voluntaria que habían realizado. Y es que Manuela, asesorada previamente por su marido -que había recabado del técnico cuanta información exigía su ilimitada curiosidad- hizo la campaña casi a domicilio diciendo que la ‘penícula’ todavía no la habían puesto en Granada porque querían hacer una prueba de ‘verificación’ por si tenía algún defecto y que, por eso, se trataba de una ocasión única en la vida.

     Un buen rato antes de la proyección, empezó a acudir la gente con la silla a cuestas para reservar sitio y poder así disfrutar a tope de tan extraordinario espectáculo. Y a la hora señalada fue tal la afluencia de público que en seguida estuvo lleno el aforo y hubo muchos que permanecieron de pie en los laterales porque no cabían más sillas.
     
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    La gente lanzó una exclamación unánime de asombro ante la maravilla
     
     Cuando la máquina empezó a proyectar imágenes sobre la pared blanqueada que hacía de pantalla, la gente lanzó una exclamación unánime de asombro ante la maravilla; pero inmediatamente se oyó la voz del técnico pidiendo silencio pues, al tratarse de cine mudo, tenía él que ir explicando los diferentes lances del drama. El público guardó un silencio relativo pues no faltaba quien, en las escenas de mayor impacto emocional, soltara exclamaciones y comentarios de todo tipo que provocaban la risa o el enfado de los demás. En una de tales escenas, concretamente en la que aparecen luchando don Juan Tenorio y don Luis Mejías, el comentarista se explicó así:

    ––“Ahora es cuando don Juan se bate el cobre con don Luis por el amor de doña Inés; pero doña Inés quiere más a don Juan porque ya han cohabitado”.
    Aquí, muchos espectadores se quedaron sin comprender del todo lo que quería decir el comentarista por ignorar el significado de la palabra ‘cohabitar’, y algunas mujeres que estaban al lado de Manuela le dijeron que le preguntara a su marido El Máquina, que seguramente lo sabía. Manuela, tan deseosa como las demás de conocer lo que quería decir el forastero con aquella palabra, se acercó a su marido y le dijo:
    ––“José, ¿qué quiere decir esa palabra tan bonica de que han ‘cohibitao’?”
    El Máquina, sin dejar de mirar hacia la pantalla, con el puño cerrado y moviendo el antebrazo varias veces en gesto claramente obsceno, contestó:
    ––“Eso es ‘porri’”.

     Manuela y todas las que estaban pendientes de la aclaración se quedaron un poco perplejas. Entonces El Máquina, por si alguna no lo había oído bien, miró un instante hacia ellas y, repitiendo el gesto, aclaró:
    ––“’Porri’: bacalao inglés”.

     Expresiones que el vulgo en Santeña siempre ha relacionado con el acto sexual.

     Y ya no hubo más dudas al respecto.



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    Artículo escrito por Antonio Robles Ordóñez.
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    Relación de 'Memorias' publicadas.

      Autor: Antonio Robles Ordóñez es natural de Santa Cruz del Comercio (Granada). Es licenciado en Filosofía por la Universidad Católica de Paris (Institut Catholique) y diplomado en Langue et Littérature Françaises por la Universidad Civil de Paris; es diplomado en Teología por la Facultad de Teología de Granada y licenciado en Filología Inglesa por la Universidad de Granada. Ha cursado estudios de piano, armonía y canto en los conservatorios superiores de Granada y Córdoba así como Ritmo y Modalidad Gregorianas en la Escuela Superior de Música Sagrada de Madrid. Ha dedicado su vida profesional a la Enseñanza Media como Catedrático de Instituto, y su tiempo libre a escribir, a la música y al teatro. Ha publicado Memorias de Santeña (2009) -que va por su segunda edición-, y Diez obras dramáticas (2012). Alguna de estas obras ha sido representada con notable éxito de público y crítica. Su afición por el teatro le viene de sus años de estudiante, afición que ha cultivado realizando diversos cursos de arte dramático, y que ha tratado de impulsar en los centros docentes por donde ha pasado. En la actualidad dirige la Compañía de teatro clásico Mira de Amescua en Granada, y la Agrupación Teatral Santeña, esta última vinculada a su localidad natal.  
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