
Proverbios, rimas de amor y desamor y leyendas para una noche de verano.

De las voces del recuerdo, de los amores perdidos y de los silencios que el tiempo guarda nacen estas páginas, tejidas con poemas, rimas y leyendas. Entre la memoria y el desvelo, sus versos invitan al lector a recorrer los caminos del amor y del desamor, descubriendo que toda vida encierra una historia digna de ser contada.
Versos escondidos en el tiempo
A veces el poeta sueña poemas,
en una tarde tibia mientras pasea
por un parque donde las historias
de la gente se entrecruzan sin saberlo.
Bajo la alameda escucha risas antiguas,
promesas que el viento arrastra
y nombres escritos en la memoria
de quienes aprendieron a amar y a perder.
A veces encuentra inspiración
en una habitación vacía,
entre la luz que se derrama sobre el suelo
y el silencio que habita los rincones.
Entonces hace suyas aquellas historias:
la mirada cansada del anciano,
la esperanza de los amantes,
el desvelo de quien espera una carta
que tal vez nunca llegue.
Con paciencia de artesano
las dibuja en palabras,
las viste de proverbios y de rimas,
de amor y de desamor,
de leyendas para una noche de verano.
Y cuando la luna asciende lentamente
sobre los árboles y los tejados,
el poeta comprende que cada vida
es un verso escondido en el tiempo,
y que su oficio consiste solamente
en escuchar el murmullo del mundo,
guardar sus secretos entre las manos
y convertirlos en eternidad.

Rimas:
I
Si el río olvida su cauce,
el mar lo vuelve a llamar;
todo aquello que es sincero
siempre encuentra su lugar.
II
Sonrío.
Eso basta
para que crean
que estoy bien.
Nadie sabe
todo lo que calla
una boca
cuando decide
no romperse.
La sonrisa
es el borde.
Debajo
permanece
lo innombrable.
La luz
no niega
la profundidad
de la sombra.
III
No juzgues la risa, hermano,
que puede venir herida.
Hay corazones que cantan
para que no venza la espina.
Y aunque la pena los muerda
como la escarcha al trigal,
levantan la frente al viento
porque rendirse es callar.
IV
Hay miradas que no vuelven
y, sin embargo,
siguen encendiendo
las habitaciones del alma.
V
No fue el adiós quien nos perdió,
sino el instante
en que dejamos de encontrarnos
en la misma esperanza.
VI
Pregunté al viento
qué hace con las palabras rotas.
Sonrió sin responder:
las convierte en nostalgia.
VII
No toda ausencia
es vacío.
Algunas
pesan tanto
que llenan una vida.
VIII
Creí que eras un sueño.
Te besé.
Y comprendí
que los sueños
no dejan memoria en los labios.

El beso
No fue gran cosa, dirán los demás,
un roce cualquiera, una tontería.
pero a nosotros nos cambió la geometría del día.
Tu venías con tus dudas a cuestas,
yo con las mías haciendo ruido,
y de pronto, sin protocolo ni aviso,
los labios hicieron lo que el miedo no pudo.
Fue simple, sí, pero no tanto:
porque en ese instante dejé de fingir que era fuerte
y tu dejaste de esconderte del mundo.
Después vino lo de siempre:
la gente, los horarios, la vida en su rutina…
pero algo quedó desordenado para siempre:
una forma nueva de mirarte
sin decir nada.

El trayecto de un beso
Primero llega el silencio.
No un silencio vacío,
sino uno que se llena de miradas,
de respiraciones que se acercan
como dos orillas cansadas de estar lejos.
Hay un instante suspendido,
tan breve que apenas existe,
cuando el mundo contiene el aliento
y todo parece esperar.
Entonces comienza.
Los labios rozan apenas la frontera del otro,
como quien toca el agua por primera vez,
con una duda dulce,
con la delicadeza de una pregunta.
Después ya no preguntan.
Se encuentran.
Y en ese encuentro
las distancias se derrumban sin ruido.
La piel aprende un idioma antiguo,
hecho de calor,
de temblores pequeños,
de promesas que nadie pronuncia.
El tiempo pierde su forma.
Los segundos dejan de avanzar
y se quedan flotando
entre dos respiraciones mezcladas,
entre párpados cerrados
y corazones que parecen acercarse también.
El beso crece.
Se vuelve refugio,
corriente,
hogar momentáneo.
Lleva el sabor de la cercanía,
el rumor de la sangre,
la certeza de que durante un instante
nada existe más allá de esos labios unidos.
Y luego, lentamente,
como la marea que regresa al mar,
empieza a despedirse.
No de golpe,
no con tristeza,
sino con la suavidad de algo hermoso
que sabe cuándo terminar.
Los labios se separan apenas,
aún aferrados al último roce,
a la última tibieza,
al eco de lo compartido.
Vuelve el aire.
Vuelve el mundo.
Pero algo ha cambiado.
Queda una sonrisa leve,
una respiración entrecortada,
un calor persistente sobre la boca.
Y donde el beso terminó,
permanece todavía
su recuerdo,
como una luz pequeña
que tarda un poco más
en apagarse.

Proverbios
I
No aprende quien besa mucho;
aprende quien, al besar,
descubre que el otro guarda
un país por caminar.
II
El primer beso no llega:
lo prepara la mirada.
Los labios solo recogen
la cosecha ya sembrada.
III
Hay besos que duran poco
y acompañan toda una vida;
hay otros que duran siglos
y nacen ya sin memoria.
IV
No busques besos perfectos;
busca labios verdaderos.
Lo eterno no está en la forma,
sino en el temblor primero.
V
La memoria no conserva el pasado:
lo vuelve a inventar
cada vez que el corazón
la necesita.
VI
No hay mayor distancia
que la que separa
lo que somos
de lo que fingimos.
VII
Hay caminos largos
que caben en una decisión,
y atajos breves
que duran toda la vida.
VIII
Hay encuentros que parecen casuales y despedidas que duran toda la vida.
IX
El amor no vence al tiempo; lo llena de significado.
X
Quien corre detrás del tiempo,
pierde el instante que buscaba.
Vídeo didáctico-narrativo
Tributo a Gustavo Adolfo Bécquer, maestro de la poesía romántica, cuya obra sigue emocionando generaciones con su sensibilidad y belleza. Que nunca se pierda el romanticismo ni la pasión por los versos que hablan al corazón. Mientras existan la poesía y los sueños, su legado permanecerá vivo.