
El petróleo ya aparcado / el coche de los domingos. / Las ropas están gastadas, / los ahorros consumidos, / la gente vive en alerta / contra las lenguas cuchillo.
¡Compadre…, cómo está el mundo!
¿De dónde vienes compadre,
que caminas encogido?
Hoy vengo de dos trabajos
para alimentar tres niños
y del sueldo no me sobra
ni para un triste botijo.
El dinero hoy solo luce
cuando nace clandestino.
Ansío un trabajo nuevo
más acorde con mi instinto.
La vida se está poniendo
para volverme al cortijo,
cultivar yo mis patatas
y atiborrarme a chorizos.
Yo busco un trabajo honrado,
no tengo ganas de líos
que se vende hasta la sangre
en estos tiempos sufridos.
Espero que mi sudor
pague bien mis incentivos
y mi alma quede apartada
del ansia de un jefe herido.
Yo siempre entrego mis manos
para cumplir con mi oficio,
mientras mi corazón late
sin compartir su destino.
Odio esta vida que impide
respirar mientras vivimos
cargando a nuestras espaldas
mil trabajos mal paridos.
Compadre… ¿Cómo está el mundo
tan lúgubre y tan sombrío?
Ya no se comparte mesa
con hermanos ni vecinos,
porque la mesa está limpia
entre impuestos e imprevistos.
Rezo que vuelva la vida
a deslumbrar con su brillo
sobre las sombras calladas
que acechan a mis chiquillos.
El petróleo ya aparcado
el coche de los domingos.
Las ropas están gastadas,
los ahorros consumidos,
la gente vive en alerta
contra las lenguas cuchillo.
Esta vida ya no alcanza
a vislumbrar sus dominios.
Y la luz de esta nueva era
nos va dejando perdidos
entre los miedos que arrastran
mis hermanos y vecinos.
Las eléctricas no cesan
de cobijar a ministros.
El pueblo desorientado
respirando sin permiso,
mientras aumenta la lista
de extraños y nuevos ricos
que caminan por las sombras
inventando sus oficios.
No hay calma para mi pueblo
que vive sobrecogido
y donde reinó la paz
hoy es caldo de enemigos.
¿Recuerdas cuántas familias
alimentaba el olivo?
La labor desaparece
por los tratados políticos
que entierran en su ignorancia
el valor de un campo erguido.
Donde había cereales
hoy crecen cardos y espinos.
Vacío se quedó el pueblo
desde la plaza hasta el río.
Ya no se oye entre sus calles
el jolgorio de los niños.
Las tapias se van cayendo
y nadie escucha su ruido.
Amigo, ¿qué hicimos mal?
¿Cuándo perdimos el hilo
que bordaba nuestras vidas
entre trabajo y amigos?
Compadre coge este vaso
que quiero brindar contigo:
¡por la vida y sus momentos!
¡por el tiempo y sus motivos!
¡porque el corazón del hombre
recupere su latido!
Que esta sombra tan callada
que entorpece mi camino
se lleve tanta ignorancia
que amenaza en su delirio
a este mundo con su trama
de poder y de bandidos.
Compadre arrima tú el hombro
para cambiar este timo,
que la vida es un momento
y después viene el olvido.
Vuelve a sembrar los valores
en el campo de tus hijos,
¡que el pulso vuelva a latir
en corazones heridos!
Este sistema no aguanta
el peso de sus chorizos.
Hay que reforzar la vida
con valores y principios
para volver a respirar
la paz que un día perdimos.
Joaquín Martín Quirosa
El poema recitado por su autor:
Vídeo didáctico-narrativo