
Mas sin tu voz sería el hombre escaso: / polvo sin nombre, tránsito de un año, / instante ciego que no deja paso.

Memoria
I
Memoria, fiel verdugo del ayer,
luz que sostiene al tiempo en su caída,
oscuro recinto donde halla la vida
la forma en que lo muerto vuelve a ser.
Guarda del alma cuanto quiso arder
y vuelve en sombra dulce y repetida;
pues vive más lo ido en nuestra vida
cuanto más hondo se dejó perder.
Engañas con piedad: doras el daño,
vistes de bien la pena y el fracaso,
y llamas luz al rastro del engaño.
Mas sin tu voz sería el hombre escaso:
polvo sin nombre, tránsito de un año,
instante ciego que no deja paso.
II
Mi memoria es camino que regresa
sin preguntar al tiempo ni al destino;
anda conmigo en sombra y en promesa,
fiel al polvo del tiempo y su camino.
No guarda fechas: guarda lo vivido,
una tarde, un rumor, una mirada;
lo que fue siendo queda sostenido
como huella tenaz sobre la nada.
A veces pesa más que la fatiga,
a veces es un agua que consuela;
ni engaña ni redime: nos obliga
a ser quien fuimos mientras nos revela
que recordar no es volver sobre lo andado:
es seguir caminando acompañado.
Jesús Pérez Peregrina
Jayena
