Hoy te he dormido en mis brazos

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    Sí, te he dormido en mis brazos y no sabes cuánto he disfrutado. Aunque me costó; porque estabas un poquito nervioso. Pero te tranquilicé, te acaricié, te canté… Y al fin caíste rendido.

     Y mientras te cantaba, y mientras te acariciaba, y mientras tú te dormías, me vinieron a la mente imágenes de otros tiempos, y de otros niños. Hace ya muchos años (¡si me hubieses visto, tan joven!) era tu padre quien ocupaba entre mis brazos el lugar que tú has ocupado hoy. Y yo le cantaba, y le susurraba…. Pero hace muchos más años, muchos más, también yo disfruté de esas caricias y de una suave voz que cantaba antiguas melodías hoy ya casi olvidadas.

     Pero tú no puedes acordarte de eso, abuelo –dirás, tal vez, cuando algún día leas estas líneas- ¿Y si yo te dijera que sí, que sí lo recuerdo? Claro, es que yo debía de ser ya bastante mayor de lo que tú eres ahora. Y recuerdo a mi madre envolverme en una toquilla azul, sentarse en una silla baja junto a la chimenea y cantarme dulcemente mientras balanceaba la silla para que yo me durmiera.

     Y eso lo hacía mi madre con mucha frecuencia. Aun teniendo yo ya dos o tres años, o quizá hasta cuatro y cinco. Porque yo no fui a la guarde ¿sabes?; ni siquiera al cole de Infantil (‘parvulillos’ lo llamaban entonces). Esos progresos de la Educación aún no habían llegado a nuestros pueblos. Por otra parte, tampoco mi madre trabajaba; solo se encargaba de la casa, de limpiar, de hacer la comida, de lavar la ropa en el río, de plancharla y coserla…. Y, en el tiempo libre que estas pequeñas ocupaciones le dejaban, confeccionaba ropa por encargo, además de coser la de la familia. Y es que tu bisabuela Asunción tenía unas manos especiales para la costura.

     ¿Sabes que también estuvo a punto de estudiar una carrera? (¡en aquellos tiempos!) Su maestra estaba muy empeñada en que lo hiciera, pensaba que no debía desaprovecharse una inteligencia como la suya. Pero sus hermanos mayores (su padre ya había muerto) no opinaban igual: “estudiar una carrera solo servirá para darle de comer a un atizaollas”.

     Por suerte tú vivirás otros tiempos. Pronto irás a la guardería. Y después pasarás a las clases de Infantil, Primaria, Secundaria… Y tu mamá trabaja, igual que tu papá. Los tiempos han cambiado, el progreso ha llegado para todos. Eso sí, tú tendrás que pagar por ello; también tus papás… y todos. Tendrás que estar en una guardería porque ellos deberán ir a trabajar; y se les partirá el alma al dejarte llorando. Y, cuando todos estéis en casa, ellos tendrán muchas cosas que hacer y tal vez no puedan acunarte junto a la chimenea mientras te cantan una nana. Pero tus padres trabajan y van a trabajar mucho. Y lo van a hacer por ti, para que no te falte nada.

     Quiero, para terminar, hacerte una confidencia. No la comentes con nadie, quedará entre tú y yo: no sabes cuánto me alegro de que en mi niñez no hubiese guarderías y de que mi madre no trabajase.

    Santa Cruz del Comercio, mayo 2017
    Luis Hinojosa D.

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