A Luis Nuño Rodríguez; "Cuando no dejas atrás a tu pueblo"

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     Zafarraya y Alhama han vivido hoy un verdadero Día Histórico. No porque se haya hablado de hitos y documentos históricos. Sí porque se ha hecho de personas y su historia en estos últimos dos siglos. Por eso hoy escribo del buen paisanaje de los pueblos de esta nuestra comarca, valiéndome de una persona que tuvo que emigrar con apenas dieciséis años, muy a su pesar, pero que jamás ha dejado de querer y volver por su tierra natal.


    “Cartas alhameñas”
    Andrés García Maldonado
    A Luis Nuño Rodríguez
    "Cuando no dejas atrás a tu pueblo"

    Querido Luis:
     
     Han transcurrido más de veinte años de aquel día que, Juan Salvador y Ana, nos presentaron, querías conocer “a tu paisano de Alhama” del que tanto te hablaban. Desde el primer momento congeniamos totalmente. Venias de donde resides, Victoria, casi desde tu juventud, y no dejaste de hablar de donde naciste y siempre la has tenido muy presente, Zafarraya. Por supuesto que, en justa reciprocidad, yo tampoco dejé de hablar de Alhama. Creo que fue una de las primeras veces que más me he sentido cerca de tu pueblo, y mira que, precisamente en este último cuarto de siglo, han sido muchas y por motivos muy importantes, como el que hemos vivido ambos esta misma tarde-noche, los que cada vez más me han ido estrechando lazos con Zafarraya. Zafarraya y Alhama, Alhama y Zafarraya, fue nuestro tema aquellas cinco o seis horas de nuestro primer encuentro, y resulta que lo ha seguido siendo en estos últimos largos cuatro lustros en que no dejamos de vernos y compartir excelentes amistad y momentos.

     Hoy, precisamente, hemos vivido el “Días Histórico de Zafarraya”, la entrega de su premios que, partiendo de su escudo heráldico, llevan la singular denominación de “Los cayaos de Zafarraya 2015”, cinco como los cinco que lleva en sotuer el blasón. Tras tantas y gravísimas desavenencias durante estos siglos de su historia, hoy se han hermanado en concordia y convivencia para siempre -esto sí que es un hecho histórico y supone una inigualable aportación para ambos pueblos- y, gracias a la voluntad de personas como Pepe Martín Chica y tantos zafarrayeros, a los que tanto estimo y me demuestran su aprecio, he tenido el honor de presentar oficialmente lo que es el blasón de tu querida e histórica Villa. Una de las divisas, de las muchas realizadas, que más me ha satisfecho, y han sido muchas a lo largo y ancho de toda nuestra comarca y otras poblaciones andaluzas.

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    Luis Nuño y Manoli Camacho, firmando el día de su boda

     Nos hemos emocionado, como tantísimas personas más, cuando se ha izado por vez primera la bandera que propuse y justifiqué plenamente para Zafarraya, al hermoso son del himno de Zafarraya, realizado este con verdadero acierto y gusto, con letra de Juan A. Ortigosa Palma y música de Julio Martín Rodríguez.

     En esto de estudiar cómo deben o pueden ser los escudos y banderas de poblaciones que no las tienen, me llevo siempre muy gratas sorpresas. La semana pasada hablaba sobre la encomendada fijación de las armas del escudo de Alhama que se me hizo en su día, he de decirte, porque sé que te alegrarás, que han sido miles de personas las que se han interesado esta semana por la fijación de las armas que llevé a cabo, agradándoles y compartiéndola plenamente. El escudo de Alhama, lógicamente, es el que más me ha atraído desde mi misma niñez, ¿cuántas veces te he contado que mi padre, Inocente García Carrillo, en las sobremesas de las comidas, nos narraba, una y decenas de veces, aspectos de la historia de nuestros pueblos y comarca, como de tantos otros lugares?

     Por mi parte, lo que hago desde hace más de treinta años -con dieciséis años ya “diseñé” lo que podía ser una bandera de Alhama-, cuando me los piden, estudio e ideo cual debe ser el escudo o la bandera, o ambas cosas, y las propongo a los correspondientes ayuntamientos y población y, por fortuna, todos han sido excelente bien recibidos y son un orgullo para cada una de esas poblaciones, como pronto propondré la bandera y escudo de nuestra Játar, la que acaba de estrenar independencia y tú tanto elogias por todas partes por como preparan allí gastronómicamente el choto al ajillo.

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    Baile en la celebración de su boda

     Bien sabes que me encantan estas cosas y que las realizo con total desinterés, prestándole mi total entrega, la misma que pongo cuando acudo a los Tribunales a que resplandezca la verdad, sabiendo que la justicia es lenta, pero llega, para conocimiento del colega que no deja de extender “el fuego” y luego da la alarma para que se ataje.

     Pero vayamos a lo que toca que, en este caso es, ante el hermoso día vivido en Zafarraya, volver a dedicarte una líneas como hace tantos años, como un zafarrayero que, sin dejar de serlo, siempre apreciaste a Alhama, como ya, desde hace muchos años, los alhameños a Zafarraya. Unos y otros, desde hoy estamos aún más unidos, más hermanados, como consta en la placa descubierta conjuntamente por los alcaldes de tu pueblo y el mío, José Félix Zamora Quesada y José Fernando Molina López, respectivamente, y que dice para siempre, superando tiempo, espacio y toda clase de circunstancias, lo siguiente:

      A
    la Villa
    de Zafarraya,
    en el II Centenario
    de su independencia.
    Su Ciudad hermana
    de Alhama,
    compartiendo concordia
    y convivencia.
    2 de Mayo de 2015 
     

     Mira cual es nuestra buena amistad que no he dejado de pensar, claro está, también gracias a Manoli y a Mari Carmen -¡que inmensa suerte hemos tenido con que nos quisieran!, han sido y son toda nuestra vida-, que las palabras que te dediqué aquel febrero de hace más de veinte años, las que tan de sorpresa te cogieron, se pueden y deben transcurrir sin eliminar ni un sólo de los elogios y reconocimientos que te hacía y sí añadir muchos más, en esta colección de mis “Cartas Alhameñas”, donde voy recogiendo vivencias con amigos entrañables que lo serán para toda la vida. Observa, las coincidencias o mensajes de la vida, que de las misivas escritas, dos de sus destinatarios han tomando el Camino de la Eternidad en estas últimas semanas, uno, nacido en Zafarraya, el entrañable y siempre querido Julio Arrebola, con el que tanto charlabas en mi casa sobre vuestro pueblo natal y cada vez quedabas más impresionado por su inteligencia y humanidad, y el otro de Alhama, el noble de Miguel Castillo Castro, uno de los tres mejores amigos de mi hermano Felipe a lo largo de las vidas de ambos. Vaya nuestro imperecedero afecto para todos ellos.

     Lo dicho, querido Luis, te nacieron, por circunstancias que la desgraciadísima Guerra civil impuso a tu madre, en Guadix, en los últimos días de octubre de 1936. Tú abuelo, Manuel Rodríguez Toledo, al que siempre te sentiste entrañablemente vinculado, conocido por su elegancia y estilo personal por “El Pollo”, como siempre me refieres con sano orgullo, era de izquierdas, de principios y coherencia, quien siempre supo mantener y defender sus ideas, a pesar de la adversidad y de lo comprometido que ello era en la Zafarraya de posguerra, cuando los fachas del momento te avasallaban y llegaban a extremos sangrantes. Ahora, tan sólo unos cuantos por nuestros pueblos, actúan también cobardemente, enviando anónimos a personas que defienden valientemente sus ideas, llegando uno en concreto a utilizar el nombre de uno de los más nobles, generosos e ilustres hombres de la historia de España, vinculado con Alhama, como fue don Rodrigo Ponce de León, para sus sucias cartas anónimas, donde pone en evidencia su gran cultura, pero mezclando alguna verdad con un montón de mentiras y, sobre todo, dejando rienda suelta a su mezquindad y supina estupidez, todo ello lleno de odio y desprecio al ser humano que se le cruza en su camino.

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    Luis Nuño, en los primeros años en el Pís Vasco, y más reciente

     Toda tu infancia, desde que tan sólo contabas unos meses, niñez y primera juventud la pasaste en Zafarraya. Allí, superando y despreciando las injusticias que te ocasionaba ser de una familia de izquierdas, a la que, además, no le sobraban los medios económicos, ni siquiera los mínimos para una mediana subsistencia, pasaste, como tú afirmas: "Unos años inolvidables, felices desde la perspectiva de un niño que muy pronto observó y palpó que el mejor y más sano juego que puede tenerse es el aliarse con la Madre Naturaleza, el vivirla en profundidad, sintiéndola y compartiéndola como algo intrínsecamente propio de nuestro ser". Lo que no quita que, de tiempo en tiempo, jugases a todos los gratuitos juegos de niños de la época. Como, por ejemplo, al bolo, eso sí, no como a ese que le otorgaron el nombramiento de "el niño del bolo", porque, como decía alguien que maneja libros y legajos, no dejaba de hacerlo en cuanto tenía la más mínima oportunidad para ello, aunque algunas veces con más acierto que otras, ya que, como bien me contabas tú, hay que saber cómo darle con precisión al bolo para que no se convierta en un verdadero bumerán que retorna golpeando duramente al mismo que lo lanza, como tantas cosas en la vida.

     De tus años infantiles, lo recuerdas todo y cuando hablas de ellos lo haces con una emoción incontenible. Si las circunstancias te privaron en ocasiones de amores y afectos paternos y maternos, tu abuelo te llenó de cariño y ternura, y así tú, con corazón grande y agradecido, lo mantienes permanentemente vivo en lo mejor de tu alma, cómo me repites cada vez que vamos a Zafarraya en estos últimos años, al menos, cada trimestre: "Sentí siempre el orgullo de ser su nieto y quererlo como al padre y la madre que perdí".

     Hablar contigo de aquel tiempo es asomarnos, llegando hasta revivirla emocionalmente, a aquella época en la que actitudes de unos pocos que ensombrecían la existencia de muchos de nuestros mayores, no pudieron con la vitalidad de los niños que, en medio de todo aquello, quizás desconociéndolo o, simplemente, esquivándolo, llenaban sus horas y días, todo su existir, con las ilusiones y esperanzas que proporcionaban la imaginación y la alegría de nuestros años niños.

     "Se ha quedado grabado en mi memoria -me contaste en cierta ocasión- y, con ello, en lo mejor de mis sentimientos, todo lo de aquellos años, mis juegos y correrías con mis amigos de la niñez y primera juventud por las calles y campos de Zafarraya. ¿Cómo olvidar la destreza que teníamos para subirnos en el mismo árbol, hincharnos de cerezas y que no nos delatasen los cencerros que el propietario del cerezo colocaba estratégicamente para ser advertido que andábamos en la tarea?, ¿Cómo olvidar aquellas primeras experiencias observando la Naturaleza, sacando nuestras conclusiones y exponiendo estas en tantas ocasiones con unos fundamentos sorprendentes para nuestra edad?".

     No habías cumplido aún los diez años cuando ya se te había encomendado en más de una ocasión la labor de "vigilante-escucha", la que consistía en situarse cerca del cuartel de la Guardia Civil y observar para donde efectuaba "la pareja" su diaria salida para, de este modo, vuestros familiares mayores poder ir en dirección contraria a hacerse con alguna pieza de caza para alimentaros. También "montaste guardia" a la puerta de la casa para, por si por un extremo de la calle aparecía la pareja de la Guardia Civil, avisar a quienes en el interior de la vivienda escuchaban la prohibida y perseguida "Radio Pirenaica".

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    Con sus seis nietas, su mujer y su hijo Luis

     Pasaron algunos años y seguiste la tradición familiar convirtiéndote en otro "Pollo", por tu buena presencia y elegancia, a pesar de que pocos eran los medios que tenias para destinar a vestimenta. Vinieron los años de la juventud en los que nos acercamos a las chiquillas de nuestra edad, y sufriste en lo más hondo de tu sensibilidad el que pegase a una chica su padre porque había bailado contigo, "el nieto de un rojo que no tenía donde caerse muerto".

     Eran años duros, de intransigencia y ciertos abusos. A ti te daba una profunda pena cuando, prácticamente aún niño, ibas a escardar y el propietario de la finca, como estaba establecido, os proporcionaba tan sólo aceite, vinagre y sal para vuestro pan y posible ensalada y él mientras se ponía a comer junto a vosotros buen tocino, jamón y chorizo. Siempre me has narrado estos hechos sin el más mínimo rencor o amargura personal, ni mucho menos. Sí con cierta tristeza por los que sufrían esto, diciéndome a continuación que afortunadamente estas cosas se fueron superando para todos y ya, desde hace muchos años, no son nada más que parte de ciertos recuerdos, hasta ya muy lejanos, y no más.

     Tu querida y entrañable Zafarraya, tanto por tus inquietudes de abrirte mejor camino como por los tiempos que se vivían, se te quedó chica; y así, al alba de un día, a la par que volvías a ver la preparación de las yuntas para partir para los campos, en silencio y a solas, con poco más de dieciséis años, tomaste la "Alsina" y a un conocido que te preguntó a dónde ibas, le contestaste, simple y llanamente: "A buscarme la vida".

     Encontrar la vida que has conseguido no ha sido nada fácil, pero tu coraje y entrega para superar las dificultades y obstáculos es algo que siempre te ha acompañado, lo que ha hecho posible que, a lo largo de tu existencia, hayas vencido tremendas adversidades, hasta la de estar en el mismísimo umbral de la muerte, hace veinticuatro años, al sufrir una enorme descarga eléctrica de alta tensión.

     Primero trabajaste en la misma Granada, siempre te gustó estar cerca de los tuyos y de Zafarraya, después pasaste siete meses en Barcelona y, a continuación, unos años en la asturiana Avilés, como tú me dices con esa claridad que te caracteriza: "Los trabajos que desempeñé, por la preparación que tenía, no eran los más cómodos, pero a todos les metías mano y, sin el menor desanimo, salí adelante. Como peón, picando piedra, tras haber estado a punto de marchar a Australia, llegué a Vitoria" y allí conociste a quien sería y es la mujer de tu vida, una mozuela, como se decía por estas tierras, jienense, de la histórica Úbeda, guapa, diligente e inteligente, con carácter, Manoli, de la te enamoraste nada más que verla -estoy seguro que intervino Cupido-, aquel día que fuiste a poner una conferencia telefónica, como cada semana, a tu familia de Zafarraya.

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    Luis y Manoli en la Costa del Sol

     Y ha resultado que, de una y otra forma, ha sido y es la gran persona que ha estado siempre junto a ti, a lo largo de tu fecunda vida, en los momentos buenos y, en los duramente difíciles, como cuando estuviste a punto de morir. Siempre poniendo su cariño, su sentido común, para que todo os fuese, como os ha ido, bien, magníficamente bien.

     A ti, querido Luis, tu espíritu de hombre de bien, cabal y dispuesto, que sabe que la grandeza de las personas está en su espíritu y no en los bienes materiales que puedan poseer, te hace hablar sin dar el más mínimo rodeo para decir las cosas, mientras siempre callas -casi como un verdadero muerto- cuanto haces el bien, con tanta generosidad y elegancia, una y otra vez, sin que se entere absolutamente nadie. En ti, si que se dan las palabras evangélicas de "que no sepa una mano lo que hace la otra".

     Sí, llegaste a Victoria, donde ya llevas tantísimos años, picando piedra por los caminos y carreteras de las Vascongadas, pero pronto, tu entrega y bien realizar tu trabajo, te llevó a ser capataz, primero, y, después, el encargado de toda la empresa, hasta que un día, lógicamente, reflexionaste: “Pero si aquí lo dirijo yo todo y cobro como uno más, ¿por qué no creo yo mi misma empresa?” Y Manoli fue decisiva animándote a ello. Pusiste en marcha la tuya propia, respetando lealmente el campo de actuación y personal de la que venías siendo el encargado. En pocos años, tu constructora era una de las respetadas y apreciadas en todo el País Vasco y Navarra, como sigue siendo en la actualidad bajo la dirección de tu hijo Luis, Luis Nuño Camacho, realizando importantes obras públicas de infraestructuras en general, por todo el Norte español.

     Empresa en la que, en el transcurso de treinta y cinco años, han encontrado trabajo y permanecen en el mismo, muchos, muchísimos paisanos de toda la comarca alhameña: "Soy y seré siempre andaluz, de Zafarraya, de la comarca de Alhama, lo que no quita que quiera a la tierra en la que conocí a mi mujer, donde nacieron mis tres hijos y mis seis nietas, donde se está desarrollando la mayor parte de mi vida, el País Vasco". Bueno, en estos últimos años, estas más por estos lares andaluces, nuestro querido Rincón de la Victoria, junto al hermoso mar Mediterráneo, en la acogedora provincia malagueña, casi que por los de tu apreciada Vitoria.

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    Un amor para siempre

     Desde que te marchaste de Zafarraya, hace ya casi cincuenta años, no has dejado de venir por esta tu tierra, como he comentado. Aquí, en Zafarraya, te compraste un terreno, lo hiciste con el propósito de que este te obligase a venir cada vez más por aquí. Lo que no sabíamos es la lata que nos iba a dar, y eso que donaste parte del mismo, con toda generosidad, para utilidad pública de toda la zona donde se encuentra, como te reconoció con gratitud el Ayuntamiento que presidía nuestro buen y siempre querido amigo José Luis Martín Chica, cabal donde los haya y uno de los mejores alcaldes que ha tenido Zafarraya en estos doscientos años de historia que ahora conmemoramos, con ese especial programa que ha puesto en marcha esa diligente teniente-alcalde que es Elvira Moreno, todo eficacia y entrega, que cuenta con el total apoyo del actual alcalde, José Félix Zamora.

     Luis, en ti, amigo entrañable y querido, como en Manoli, y tus hijos, Marián, Luis e Iñaki, Mari Carmen y yo, así como Juan Salva y Ana, como tantas personas que os han ido conociendo, hemos encontrado el ejemplo de las personas de bien que, partiendo de pertenecer a la parte derrotada de una triste guerra, supo poner valentía, entrega y coraje para superar todos los obstáculos sin el más mínimo revanchismo. Lo que sólo se da en las personas de corazón noble y alma grande, no en los que siempre andan acusando a los revolucionarios anarco-marxistas de un lado y menguan la sublevación y actuaciones del otro, aunque llevaran a una cruel guerra civil y a unos largos años de injusticias y abusos.

     Siempre has contribuido, y sigues haciéndolo decididamente, desde tus posibilidades, a una mejor convivencia entre todos, sin ninguna clase de vendettas y odios, sin sentimientos inconfesables por la obsesión que martiriza constantemente a uno que otro. En ello ya, de entrada, llevan el castigo que se les convierte en insuperable.

     Querido Luis, con abrazos y besos para tu queridísima Manoli, para tus tres apreciados hijos, Marian, Luis e Iñaki, y para tus alegres y simpáticas nietas, Leire, Maitane, Estrella, Olaia, Cristina y María, recibe un fuerte abrazo de este amigo y paisano, como nos llamamos y nos sentimos.

    Andrés.

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