
Al iniciar este relato me siento abrumado y casi superado por el reto y la responsabilidad, de atinar a expresar y plasmar en el papel, la personalidad de aquella mujer humilde, pero orgullosa y digna; modesta, pero grandísima y entrañable persona y de todos los matices de la tremenda realidad y testimonio que supuso su vida.

Una mujer inolvidable
María Bueno Palma, "La María Mona", como la hemos conocido, respetado y admirado siempre, todos los vecinos de su pueblo. Cualquiera que supere hoy los 30 años, podrá recordar la figura entrañable, sonriente y afable, de una mujer regordeta y de mediana estatura pero de una talla moral enorme, que siempre estuvo para todos, aunque muchos, no estuvieron nunca para ella.

Infancia, familia y matrimonio
Nació María en El Almendral, allá por el mes de abril de 1914, del matrimonio formado por Antonio Bueno y Ángeles Palma. De la saga de "Los Riblancos" de Almendral y de "Los Martinos" de Zafarraya, respectivamente. Fue hija única de este matrimonio, aunque luego tuvo tres hermanas más, Dolores, Carmen y Trinidad, cuando a la muerte de su madre, Ángeles, su padre toma nueva mujer, en una vecina de Pilas de Algaida, llamada Anastasia.
De crianza humilde y de modesta familia, María, fue desde chica, "un firro" para el trabajo en lo que se "terciara": campo, tareas domésticas, lavandera, blanqueadora, mondonguera..., lo que le valdría para la supervivencia en tiempos futuros difíciles y muy cercanos.
Apenas cumplidos los 20 años, se enamora de un mozo de Zafarraya, José Bautista Santana, alias "Mona", dos años mayor que ella, vecino de calle Arenas. Hijo de Diego Bautista Reina, de la saga de los "Saraza", una rama de "Los Coles", y María Santana Díaz, la del “Moe” -¿"Monje"?-, hermano de Trini del "Moe" y otro hermano, Enrique, que murió. Y emparentado con "Los Correillas" y los "Marotos. El alias de "Mona", no obedece a ningún motivo peyorativo naturalista, sino que parece que se refiere, a que se le daba muy mal un determinado juego de baraja, donde casi siempre quedaba de "pollo" o " mona" y los amigos, jocosamente se lo endosaron como mote.
Se casan en octubre de 1934 e instalan su vivienda en una modesta casa en El Almendral, donde se disponen a vivir su esperanzadora aventura familiar, confiados en su vitalidad y capacidad para el trabajo, como garantía para cubrir sus necesidades, y las de sus hijos, que fueron en pocos meses dos y gemelos: José y María.

La guerra cambia sus vidas
José, el padre, aunque analfabeto como era normal en esa época en el campesinado, era un joven con personalidad y energía, además de una señalada conciencia de clase y compromiso sindical y político, como afiliado a la UGT y militante de las Juventudes Socialistas (de las que era vicepresidente), lo que era común entre el campesinado joven en aquella España republicana y progresista, y esto en definitiva, fue más de lo que una España aún con una excesiva carga de conservadurismo absolutista, de pronunciamientos militares y sacristía, podía digerir, por lo que todo desembocó en el golpe de estado del 18 de julio, cuyo fracaso, provocó la terrible, sangrienta y fratricida guerra civil.
Y fue esto lo que trajo tanta injusticia, sufrimiento y horror a España entera durante tres larguísimos años de guerra. Especialmente a los que luego la perdieron y posteriormente tuvieron que soportar la represión, la cárcel y la muerte, durante casi cuarenta años.
Y es ahí donde se inicia el terrible drama de esta familia, de esta sufridora e incombustible mujer y el origen de tantas consecuencias fatalmente desastrosas que la guerra trajo sobre la población más humilde. Sobre todo, los que tuvieron que cargar durante tanto tiempo con el estigma de "rojos" o desafectos al régimen surgido tras la victoria de Franco y los fascismos europeos y que impartían los vencedores.
Siempre he sostenido que aquella contienda no fue una guerra entre "españoles buenos y españoles malos", ni una guerra donde unos se portaran como "alimañas y malvados" y los otros como "inocentes angelitos", no. Como todas las guerras, ésta fue una guerra cruel, injusta, horrenda y además fratricida, donde en un bando y otro se cometieron acciones viles y asesinatos monstruosos. Pero también defenderé siempre, que no podemos olvidar que los primeros y principales culpables, fueron los que se alzaron en rebelión contra el Régimen Constitucional de la República y contra el gobierno legalmente constituido en España, aquel fatídico mes de julio de 1936. Fue Franco y los militares golpistas apoyados por las fuerzas económicas más reaccionarias y conservadoras, con el respaldo de casi toda la jerarquía eclesiástica. Pero es que, aún siendo muy grave e irresponsable lo sucedido, fue mucho peor lo que vino después: terminada aquella dolorosa y cruenta guerra, donde los muertos de un lado y de otro eran todos españoles, ocurrió que, en lugar de usar la magnanimidad y benevolencia del vencedor, buscaron y provocaron la venganza revanchista y estéril de los espíritus mezquinos y mediocres, prolongándose en el tiempo durante casi cuarenta años.
Durante el período republicano en España, Jose Bautista, había desempeñado el cargo de alguacil de El Almendral y ocupado la alcaldía de esa pedanía.

El comienzo del calvario
Cuando se produce el levantamiento militar fascista del "18 de julio", "Mona", afiliado como antes he dicho, a la UGT y militante de las Juventudes Socialistas, como ciudadano ejemplar, participa y colabora en las estructuras organizativas y comités republicanos, que la autoridad municipal y la Comandancia Militar, crean para hacer frente al estado de guerra. Ahí desarrolló su actividad como Ranchero Mayor del Comité Revolucionario, formando parte del Comité de Distribución o montando guardias de vigilancia para que las requisas de granos, alimentos y bienes de equipo para la población y la milicia, se llevaran a cabo correctamente, pero bajos las órdenes de las respectivas, legales y competentes autoridades civiles o militares. Hay que saber entender y juzgar esto, para ilustrar sucesos y actuaciones posteriores.
En febrero de 1937, a punto de la entrada de las tropas nacionales en el pueblo, se precipita el drama común que se inicia para tantas familias de nuestro pueblo. José, su marido, se alista como voluntario en las Milicias Populares Republicanas, ingresando en el Cuerpo de Caballería. Participa en la campaña de Córdoba, pasando después a la de Extremadura, siendo capturado por las tropas franquistas, en Campanario, Badajoz, en julio de 1938, iniciándose allí mismo, su drama de castigos, represalias y falsas denuncias.
Mientras tanto, María su mujer, con dos niños gemelos de apenas dos años, María y José, emprende junto a muchas familias del pueblo y la mitad de la provincia de Málaga, la terrible huída -trampa de la "Carretera de la Muerte" hacia Almería, con doscientos kilómetros de penalidades, hambre y sed; y bombardeados por tierra, mar y aire, que nos dan idea de la tremenda capacidad de supervivencia de esta mujer resiliente e indomable que no hacía más que plasmar su determinación y absoluta voluntad de subsistir, como tendrá ocasión de demostrar en los cincuenta años siguientes.

Persecución, destierro y condena
Permanecen por espacio de más de un año en la zona de Almería y a su vuelta al pueblo a mediados de 1938, justo al regreso de su marido del frente, sin darles tiempo ni a resarcirse de tanta ausencia, conocen la noticia de su inmediata detención y enjuiciamiento como represaliado rojo y su traslado a la Prisión Provincial de Granada. Se siente impotente ante la nueva situación y además, carece de contactos que la puedan ayudar en su particular drama, que además verá agravada su vulnerabilidad por un nuevo embarazo, que deberá añadir al del cuidado de los gemelos, que ya tienen tres años. Nadie la ayuda ni nadie la informa ni nadie puede echarle una mano, para saber qué está pasando con su marido. Como tiene que trabajar y cuidar a sus hijos, no puede vivir sola en su casa de El Almendral, por lo que su suegra María "La Moa", le facilita cobijo en su casa y quedarse al cuidado de los niños, mientras ella trabaja. Así llegan a convivir, malvivir y dormir en la reducidísima casa de la calle Arenas, hasta 13 personas.
De forma intempestiva, alucinante y esperpéntica, a su marido, José Bautista "Mona", lo traen hasta el pueblo, para que en un aquelarre diabólico y surrealista, sea expuesto públicamente en el altar mayor de la iglesia, y pueda ser objeto de burla, mofa y vituperio, por los supuestos agraviados por el malvado "rojo", llegando hasta la agresión física. Hoy parece increíble, pero fue cierto.
Para agravar la situación, incompatibilidades familiares, fuerzan a María y a sus hijos a abandonar la casa de la abuela. Provisionalmente los acoge La Prudencia, otra buena vecina, en la misma situación de pobreza y precariedad, pero llena de misericordia, altruismo y empatía. Las "solícitas" autoridades del momento, tercian en el problema y deciden "colaborar" en su solución: decretan destierro para María y sus hijos fuera del pueblo, ante la certeza de condena a la pena capital de su marido, un peligroso y malvado "rojo", que puede contaminarla. ¡También increíble, pero cierto!. Y María es desterrada a Jaén, con sus dos hijos y su nuevo embarazo casi cumplido, en esos momentos. Y allí se mantienen aislados todo un año, teniendo que soportar un nuevo duelo, con la muerte de su último hijo, Enrique, fallecido en Jaén, al cumplir los ocho meses de edad.
Mientras tanto, se han ido acumulando los cargos, acusaciones, calumnias y denuncias falsas en el juicio contra su marido, aunque ninguno se atrevió a involucrarlo en delito de sangre, ni siquiera el cura del pueblo. Es decir, como expliqué antes, sólo lo acusan de lo que eran acciones legales, mandatadas por la autoridad competente y legítima en su momento: propagandista político, miliciano, colaborador en requisas y embargos de alimentos, animales o bienes de equipo, para el aprovechamiento por la milicia y la población civil o en patrullas de vigilancia para garantizar el orden público. O sea, todo lo que era estrictamente cumplir con su deber, como servidor de la autoridad legal de la República.

La muerte de José "Mona"
En enero de 1939 se decreta pena de muerte contra José Bautista Santana, alias "Mona", por el tribunal militar que lo juzga, aunque para más morbo, lo mantienen en el corredor de la muerte sin orden de ejecución de sentencia, hasta octubre de dicho año.
María, vuelta al pueblo con sus hijos, tras casi un año de exilio, sigue aislada de información veraz y real sobre su marido, recibiendo informaciones falseadas y contradictorias.
En esos momentos y como una brizna favorable de aire, recibe una pequeña parcela rústica como herencia de su madre, que vende y le permite adquirir una pequeña casa en Zafarraya, en la que hoy se conoce como calle "La Paz", que comparte con su prima Clotilde, "La Martina". Y nuevamente a dormir hacinados en dos habitáculos donde apenas cabe una cama.
Ejecutada la sentencia de pena de muerte sobre su marido, en octubre de 1939, a ella se le comunica una versión falseada. Pero María no puede alterar su marcha ni le es posible ya acumular más desconsuelo. Yo, después de repasar todo el expediente de su juicio y analizar tantos detalles conocidos de su vida, creo que debo expresar mi firme convicción de que Jose Bautista Santana, alias "Mona", el reo que fue condenado a muerte, tras juicio sumarísimo y sin ninguna garantía de defensa, cuya sentencia se ejecutó el día 27 de octubre, fusilándolo a la 1 de la madrugada en el Cementerio de Granada y enterrado en la fosa 196 de la 2* parcela del Patio de Santiago, fue un hombre íntegro, de firmes convicciones, cuyo único delito fue ser leal al gobierno legal de la República y cumplir con su compromiso ciudadano, de defender las libertades y la democracia.

Sola, pero jamás vencida
Y María continúa impertérrita y sola, su travesía del desierto. En silencio, pero indomeñable, con su dignidad y su orgullo intactos, lava, blanquea, friega o hace matanzas en todas las casas donde requieren sus servicios y de donde sabe que quizás salieran las denuncias que llevaron a José a la muerte. A sus hijos, y esta actitud es común a todas viudas de represaliados, jamás comentó el infierno interior y exterior que le hicieron vivir, para evitarles odios y marginación como las padecidas por ella. El único comentario que desde siempre salió de su boca, cuando era inquirida por sus hijos sobre ese tema tabú, era: "!nada, hijos, que entonces pasó todo lo que pasó y ahí se queda!". Y así fue criando a sus hijos, dos criaturas entrañables y nobles, como su madre, que cuentan con el afecto y estima generalizado del pueblo: María, que en la voz del pueblo hereda el nombre de la madre, María, y el alias de su padre, "Mona", pues para siempre se conocerá entre la vecindad, como "La María Mona", hija, de lo que se puede sentir muy orgullosa. Y el niño será conocido como "José Chico" por un casual tan simple, como era el de distinguirlo de su primo Joseillo de la Trini del "Moe", que convivían en la misma casa de calle Arenas, más alto que él y al que apelaban como Jose "Grande".
De su ánimo y carácter indomeñable, nos da idea una anécdota de veracidad contrastada, que escuché hace años: haciendo la limpieza en una de tantas casas en las que trabajaba, encontró la cama que con su marido, aportaron al matrimonio. Lo comunica al dueño de la casa, y su voluntad de recuperarla y llevársela a su hogar. Ante la negativa del susodicho, le responde con un rotundo -"¡Eso es mío y me lo llevo a mi casa por mochilas!". Y ahí se cerró el conflicto, pero con la cama en su casa.

La reconciliación a través de los hijos
Y paradojas de la vida y de la condición humana; sucedió que, como si de unos "Amantes de Verona" redivivos se tratara, su hija María, con sus espléndidos 18 años, y su vecino José, de 21, se enamoran perdidamente y sin remedio. Lo dramático de éste, que debería ser feliz acontecimiento, es que las vivencias, convicciones, y trayectorias familiares eran total y diametralmente opuestas y antagónicas: el joven era hijo de uno de los más agraviados por la represión "roja" en el pueblo en su tiempo de actuación, con el asesinato de tres hermanos y la novia, hija de "rojo" represaliado, torturado, condenado a la pena capital, en un asesinato revestido de juicio sumarísimo, unos años antes y de madre exiliada por considerarla como "una peligrosa y contaminada "roja". Como vecino de las dos familias, de estos "nuevos" Capuletos y Montescos, en aquellos meses de tensión, llegué a escuchar frases tan excluyentes como, -"¡es que es un disparate total que se cruce aquí, sangre azul con sangre roja!". Pero el amor se impuso y venció todas las dificultades y una mañana tibia de otoño de 1960, María, hija de "Mona" y Joseillo "El Perlas", hijo de José Leandrico, se desposan en la Iglesia de "La Inmaculada" del pueblo, ofreciendo la primera y mejor versión de lo que luego vendría en conocerse como "La Reconciliación Nacional".
Y la ruleta de la vida sigue rodando, sólo que ahora a María, le sale algún número premiado de vez en cuando. Y ella sigue con su lucha constante, animosa, incansable y con una sonrisa permanente en su cara, para el que la necesite. No pierde un sólo día de trabajo en el tajo de tantas y tantas casas del pueblo y ahora con más motivos, que la familia aumenta...
Cuando cumple sesenta años todavía en actividad plena, cinco robustos y encantadores nietos y nietas, alegran su casa: Jóse, Maribel, Carmelina, Miguel Angel y Javi. Ahora hay pocos días nublados en su vida y si alguna leve nubecilla se atreve a surcar su cielo, su luz propia la disuade y convierte en un adorno más de las navidades. Al más mínimo conato de conflicto familiar, María tomaba las riendas y sus nietos y nietas aceptaban encantados el arbitraje y soluciones que ella proponía, porque siempre la idolatraron.

La dignidad por encima de todo
En un pasaje de este relato, definiendo su carácter y modos, aparece como una paradoja cuando digo que, "era una mujer humilde pero llena de un orgullo digno" que, como veremos con esta anécdota, era literalmente cierto: en 1973, reparando que tal vez fuera ya hora de reclamar su pensión de viudedad, 34 años después, decide mover los papeles y solicitar el certificado de defunción de José Bautista Santana; un mes después llega al Juzgado de Paz de Zafarraya, dicho certificado, advirtiéndole el secretario del mismo, que por prudencia, en dicho documento no pone que su marido fue fusilado, sino que el deceso se produjo por causas naturales, y le aconsejó que firmara el conforme y que al mes siguiente podría estar disfrutando de su paga de viudedad. A María le resoplan todas las coyunturas y se le encienden todas las alarmas, aflorándole de golpe toda su natural dignidad y orgullo y le contesta airada: -"¡¿cómo, vosotros me lo matasteis y ahora queréis que yo firme esa falsedad?!. ¿Pues sabéis lo que os digo?. ¡Que os metáis la paga por donde os quepa, porque la memoria de mi "hombre" y mi dignidad, valen más que todas vuestras pagas!". Y salió dando un portazo.
Tres meses después, una vergonzosa y avergonzada administración de Justicia, le mandaba un nuevo certificado rectificado, en el que al menos reconocía que, "José Bautista Santana murió el día 27 de octubre de 1939, por heridas graves causadas por bala".
Y María pudo cobrar su pensión de viudedad y salvar su dignidad.

El reconocimiento de toda una vida
Vivió la transición política y la llegada de la democracia, como se dice en los pueblos, "con dos velas encendidas, una a Dios y otra al diablo". Por un lado le producía inquietud, desazón y cierto miedo, recordando parecidas escenas de tanto tiempo atrás y por otra, le brotaba una íntima satisfacción, porque eran las palabras, valores y dichos que su hombre repetía en vida.
Recibir del Presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves, el diploma de reconocimiento y honor a "su hombre", José Bautista Santana, como luchador por las libertades y la democracia, la llenó de orgullo y de íntima satisfacción.
Después de los nietos, llegaron los primeros biznietos y llenaron su alma de serena felicidad. Y sigue remando y sigue marcando el camino a la saga de "Los Perlillas", y sigue ofreciendo valores y dando unidad, coherencia y estabilidad a toda la familia. Cuando las circunstancia se vuelven adversas y negros nubarrones se ciernen sobre la saga y unas navidades se presentan plomizas, oscuras y tristes, María los convoca a todos a su casa y los conmina: -"¡Hoy es Navidad y la vamos a festejar todos juntos!. !Y mañana seguiremos enfrentándonos a la vida y buscando solución a los problemas!".

El último adiós
Los últimos años los vivió en casa de su nieta Carmelina, donde diariamente recibía la visita de sus nietos y poco a poco, la de sus biznietos, hasta ocho, que colmaban todas sus aspiraciones de vida. También en lo profesional iban las cosas realmente bien y ninguno de sus nietos o nietas había tenido que soportar ni un sólo día de apremiantes y extremos problemas económicos como los que ella aguantara permanentemente. Todos tenían un más que aceptable medio de ganarse la vida e incluso el prestigio profesional; y la empresa de transporte que iniciara tan modestamente su yerno con un pequeño camión de mover mercancías, "El Perlas", iba camino de convertirse en la mayor empresa de logística de la provincia, si no, de toda Andalucía.
Después de convalecer de una operación de cadera, María descansa tranquila y feliz, en su sillón favorito de la salita de estar de su nieta Carmelina. Cuando entra su hija María, la encuentra relajada y sonriente, mientras sostiene en sus manos sendas hojas de cartulina. Le habla y no le responde. Alarmada, llama a su hija Carmelina, que confirma su temor: La "Mariamona", acababa de espirar, a sus 89 años. En sus manos sujetaba aún una foto familiar con todos sus nietos y biznietos y en la otra, el diploma en el que La Junta de Andalucía homenajeaba a su "hombre", José Bautista Santana, "Mona".
Corría un ventoso día de finales de septiembre del año 2003.
Juanmiguel.
Nota de la redacción: Las imágenes han sido generadas para ilustrar esta historia.
Vídeo didáctico-narrativo
