Conociendo China (X). El lago de arena o lago Shahu (Ningxia)

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     En los pies de las Montañas Helan, sobre un gigantesco banco de arena que quedó aislado del río Amarillo, unos 50 kilómetros al noroeste de Yinchuan.

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     Cubren un área cercana a los 80 km² (45 de agua, 23 de arena y 10 de humedales) que conforman una zona de grandes contrastes para el viajero que, finalmente, acaba entendiendo el renombre de “Perla de la Frontera” que los habitantes de la región le asignan a tan bello lugar.

     Arena y agua o agua y arena, tanto da. En realidad no sabes qué es lo que más te atrae en esa perfecta simbiosis de la naturaleza y el posterior trabajo del hombre. Un cuadro que te impacta y te sorprende, sobre todo, por la riqueza en una zona tan poco dada a ella. La naturaleza se presenta aquí con todo su esplendor.

     Antes de partir hacia China, había visto un programa de la CCTV dedicado a la zona y me impactó. Lo que no me esperaba [entonces] era que aquello que se presentaba ante mis retinas estaría próximo a conocerlo en la realidad. Fue fantástico descubrir y deambular por aquella zona que, si estuviera cerca del mar, identificaría con un inmenso delta que me recordaba, por su vegetación y fauna, al Delta del Ebro en mi provincia de residencia.

     Lástima que en el otoño la vida animal sea tan pobre y uno no pudo disfrutar del espectáculo de las aves migratorias que, partiendo de la India, tienen aquí una escala en su largo viaje hacia las estepas siberianas nada más iniciarse el deshielo de las praderas, cuando los días comienzan a alargarse..

     La visita, a finales de otoño, deja poco encanto para las fotos, aunque el hielo y la nieve tienen su atractivo. Traspasada la verja de entrada nos muestran las grandes figuras de arena que, con el sol, brillan como el oro, resalta la belleza de las gigantescas obras salidas de la imaginación de los artistas chinos. Una de las más impactantes es la cabeza gigante que me hacían recordar a uno de los monarcas Xia.

     Seguimos paseando y llegamos al coqueto Museo dedicado a los Grandes Humedales y su fauna. Allí, tras recorrer sus instalaciones, nos permiten hacernos una idea de esta excepcional zona dedicada a la naturaleza en las cuatro estaciones del año. Inmediatamente somos agasajados por la dirección con el tradicional té y la proyección de un audiovisual que ofrece, en parte, el que yo había visto antes de partir y se nos presentaba como un viaje a las instalaciones durante las cuatro estaciones.

     Están levantando un amplio espacio para explotarlo turísticamente; parecido al recinto acuático de Ampuriabrava (Gerona) pensando en un turismo de alto poder adquisitivo que despierta en China y seguramente acabará desplazando a España de su tercer puesto en el ranking de los países más visitados del orbe.

     Instalaciones como esta tienen mucho que ver en ese ascenso, imparable, de los visitantes extranjeros que escogen como meta al gran país asiático. Contemplando semejantes complejos uno entiende que jueguen a convertirse en el destino predilecto para las temporadas primavera-verano cuando todas sus actividades están a pleno rendimiento, aunque cualquier época del año es propicia para disfrutar del excelente emplazamiento de este impresionante parque acuático que, además, nos ofrece actividades en pleno desierto gracias a su arena y su gran reata de camellos.

     Aunque ese día no lo degustamos, dicen que una “delicatassen” salido de sus aguas es su pescado “gran cabeza”, sumamente nutritivo y que llega a los cinco kilos de peso; en su lugar nos sirvieron una veintena de platos con sabrosos manjares, en algunos casos con las hortalizas cultivadas de manera tradicional en esta agua cercanas a Mongolia Interior.

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    Hasta la próxima aventura: Juna Franco Crespo.


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      Juan Franco Crespo, hijo de Diego Franco Portales y de María Crespo Crespo. Nació en mayo del 1953. Vivía en el número 5 del Callejón de la Parra. Fue auxiliar de telégrafos. Junto con sus padres y hermanos marchó a Cataluña, donde se hizo profesor.  


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