Conociendo China (II): Yinchuan (Ningxia-noroeste de China)

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     Sinceramente, si me lo llegan a decir, jamás me lo hubiera creído, mucho más cuando nunca me tropecé con este nombre ni en mis juegos de crío cuando con mis hermanos, en las frías y largas noches de invierno, el “brasero”, alimentado con leña de chaparro del cortijo, daba un calorcito extraordinario.

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     Entonces, entre otros entretenimientos, teníamos un atlas universal donde el juego era memorizar un nombre, ubicarlo en el mapa y decirlo para que el otro jugador lo buscara.

     Siempre nos entreteníamos en buscar el más difícil, el más exótico, y fuimos memorizando nombres sin darnos cuenta [cuánto me serviría ese trabajo de hormiga que habíamos venido haciendo cuando tuve que ir a la oposición para Correos que, en definitiva, sería la que me sacaría del pueblo con poco más de 18 años] pero nunca recuerdo haber encontrado Yinchuan. Así que visitar esta parte del gigante asiático ha sido una de las más grandes sorpresas del año, justo el ejercicio en el que llegaba a mi edad de jubilación; lo mejor que me podía pasar en estas seis décadas de vida que, además, trajo otro viaje largamente esperado, aunque no tan completo como tenía previsto ante el “estacazo” que me dieron los políticos del lema “España nos roba” [ellos que me dejaron sin el “premio” y, además, me sablearon otra paga extra; si añadimos la carestía de vida que soportamos en el triángulo del nordeste, entonces se nos pone una cara de tontos que para qué queréis que os cuente].

     Yinchuan se convirtió, sin imaginármelo, en mi hogar durante la semana que estuve invitado en la región de Ningxia [justo al lado de Mongolia Interior] gracias a la redacción hispana de la Radio Internacional de China que [en 2013] convocó a su audiencia de una decena de lenguas al concurso que realizó bajo el título de PERCIBIR CHINA. A la capital de la región llegamos tras un vuelo interior de casi dos horas desde Pekín. Ciertamente es una de esa sorpresas que no por agradable, no dejas de preguntarte que si no fuera por Internet qué cantidad de cosas están prácticamente sin reflejar, apenas diez líneas es lo máximo que descubrí tras consultar numerosas enciclopedias que tenía disponibles en la biblioteca. Así que llegué casi “virgen” a la capital de Ningxia, una ciudad que sobrepasa el millón de almas, coqueta, espaciosa y moderna.

     Está bañada por el Río Amarillo y tras aterrizar, eso fue lo primero que pude contemplar desde el Restaurante al que nos llevaron para la comida: el lecho fluvial lo tenía frente a mí desde la mesa en la que fue agasajado el grupo. El impresionante curso del gigantesco río estaba frente a mis retinas según la posición en la que quedé sentado, tras los cristales. Un idílico marco para mi primera ingesta en un lugar destinado a los tres ganadores (Senegal, India y España) junto al personal de la radio y los que en aquellos días nos acogieron con los brazos abiertos de la misma región. Estaba a casi 15.000 kilómetros de casa y 24 horas de avión. Era, es y será. ¡Otro mundo!

     La ciudad está bien armada y desde tempranas horas, a pesar de las gélidas temperaturas, sus amplias avenidas aparecen en plena actividad. Evidentemente encontraremos más animación a medida que levanta el día y, sobre todo, a media tarde cuando se convierte en un hervidero, poco antes del anochecer que acontece un par de horas antes que aquí en España. Tiene dos partes claramente diferencias, la ciudad vieja que se conoce como Lao Cheng y la parte moderna como Xin Cheng; en esta es donde estuve alojado. Fueron tres hoteles los que nos recibieron, supongo a efectos de presupuesto los organizadores repartieron los costes (un cuarto hotel usaríamos el día que nos desplazamos al complejo del desierto junto al Río Amarillo por el que también navegamos en unas curiosas barcas a la manera tradicional; fue en la urbe de Zhongwei) y el escaso tiempo libre me permitió deambular unas cuantas horas por la zona más comercial donde había, siempre, miles de personas; allí pude cambiar algo para poder hacer algunas compras durante el viaje, realmente fue un trato extraordinario que tuve en el Banco de China a pesar de haber ido solo. Seguramente era el primer español que tenían ante ellos, todo eran sonrisas y saludos, incluso el guardia de seguridad que me abrió la puerta de acceso a la entidad. La verdad es que un occidental “canta lo suyo” en aquellos pagos.

     La capital está impresionantemente limpia y el tráfico, aunque denso, no se presenta caótico y cuando comienza a oscurecer la gente prácticamente desparece de las calles. Sobre las seis de la tarde, plena oscuridad, pasan a recogernos cada día por el hotel correspondiente para llevarnos a cenar, generalmente a las nueve o diez de la noche ya estamos de regreso, listos para el siguiente día a ver cuál será nuestro destino, nuestra sorpresa, aunque el hecho de haber seguido los programas de radio en los que se planteaban las preguntas nos ponía en perspectiva, pero no siempre estaba preparado para la siguiente sorpresa. La mayoría de las edificaciones interesantes son de corte religiosa y el resto es tan moderno que parecía estábamos en cualquier ciudad occidental, sólo algo delataba el lugar: los indescifrables caracteres chinos. Cada día me entretenía en bucear en la folletería del hotel en busca de información, lamentablemente, poca en una lengua occidental, esencialmente planos, horarios, rutas, todo está en mandarín y, a veces, en árabe.

     Dejo aquí la miscelánea sobre la capital de Ningxia y seguirán los relatos pormenorizados de lo que en aquellos días pudimos saborear en el más amplio sentido de la palabra. Los que sientan curiosidad, durante el viaje todos los participantes fueron escribiendo sus impresiones para la radio y se colocó en la web de Radio Internacional de China, cuando uno accede a su página, en el lado superior derecho aparece un banner con la mención del concurso PERCIBIR CHINA, ahí nos da entrada y estas reflexiones también están plasmadas en ese escaparate de las modernas tecnologías.

     La provincia de Ningxia se fundó el 25 de agosto de 1958, tiene 66.400 km² y supera los seis millones de almas (un tercio de la etnia hui, musulmana) y es una de las cinco regiones autónomas de las minorías nacionales chinas.
     
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    Hasta la próxima aventura: Juan Franco Crespo.


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      Juan Franco Crespo, hijo de Diego Franco Portales y de María Crespo Crespo. Nació en mayo del 1953. Vivía en el número 5 del Callejón de la Parra. Fue auxiliar de telégrafos. Junto con sus padres y hermanos marchó a Cataluña, donde se hizo profesor.  


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